Opinión


El factor Buenrostro y el regreso a la normalidad

El factor Buenrostro y el regreso a la normalidad | La Crónica de Hoy

Ante la corrupción desbordante en el gobierno y la administración pública federal, el presidente López Obrador se vio obligado a tomar medidas extremas como, por ejemplo, concentrar un gran poder de decisión respecto a las obras públicas y contrataciones en el escritorio de una funcionaria como Raquel Buenrostro: implacable y sin miedo a cumplir órdenes. López Obrador necesitaba el control y le pidió a Buenrostro que se hiciera cargo.

Así leyó Ricardo Monreal la concentración de facultades en la Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda. El legislador, sin embargo, también vaticinó que cada dependencia, cada instituto, cada organismo con presupuesto público tendría que regresar gradualmente a la normalidad. Así sucederá porque resulta prácticamente imposible que una funcionaria tenga tal responsabilidad. No es operativo ni conveniente para ella porque, ante el gran cúmulo de trabajo y responsabilidades, podría enfrentar riesgos normativos innecesarios y riesgosos. Por cierto, a David Colmenares, de la Auditoría Superior de la Federación le tocará junto con su equipo revisar la primer Cuenta Pública de la Cuarta Transformación. Será, sin duda, un trabajo relevante.
Para empezar, la Secretaría de la Función Pública y la Oficialía Mayor de la Secretaría de Hacienda firmaron ya un convenio de colaboración dirigido a prevenir la corrupción en compras públicas. Función Pública blindará, en otras palabras, a la Oficialía Mayor. Raquel Buenrostro e Irma Sandoval intercambiarán información y trabajarán juntas, un anuncio que sorprendió a quienes han seguido el trabajo de ambas funcionarias, porque se habló de un distanciamiento ante el gran cúmulo de trabajo, competencias y responsabilidades. Para empezar, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador transfirió muchas facultades de la Secretaría de la Función Pública a la Oficial Mayor, lo que generó que algunos observadores presumieran rivalidad entre ambas. Aquella versión se fortaleció cuando la Función Pública se convirtió en la única dependencia que concentró un contrato marco: el de los proveedores de servicios de limpieza y mantenimiento. Pero ayer quedó claro que trabajarán juntas dos de las funcionarias en las que más confía el Presidente. La secretaria de la Función Pública se refirió a Buenrostro como su amiga y acto seguido habló del convenio de colaboración.

Una experta en presupuesto. Buenrostro tendrá ayuda después de que durante más de un año acusó recibo de grandes presiones, críticas y juicios de valor sobre la eficacia de su trabajo. No es para menos. La gran confianza que le ha depositado el presidente López Obrador la llevó a encabezar importantes proyectos como la reducción del aparato burocrático, la cancelación del seguro de gastos médicos para los funcionarios de alto nivel y, por supuesto, el redimensionamiento del esquema de las compras consolidadas de medicamentos, sin mencionar la liquidación de ProMéxico y del CPTM así como la adquisición “urgente” de pipas.
Buenrostro, matemática egresada de la UNAM y maestra en Economía por el Colmex, debería preparar junto con la Secretaría de la Función Pública propuestas de cambios regulatorios y legales para darle toda la formalidad al enfoque en materia de contrataciones, adquisiciones y administración del gasto corriente que ordenó el presidente López Obrador y que puso en marcha vía decretos. Ahora se necesitan leyes, normas, reglamentos. Las buenas intenciones no pueden ni deben ser suficientes porque se debe ser transparente y apegado al derecho.
Conocíamos ya gran parte de la trayectoria de Buenrostro en la administración pública y estábamos convencidos de que no era ninguna novata en procesos del sector gubernamental. Lo que no sabíamos, sin embargo, es que ésta funcionaria ha sido una pieza clave en dependencias como la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la Secretaría de Turismo y, por supuesto, en Pemex. En los equipos hacendarios de al menos tres administraciones, Raquel Buenrostro se transformó en un motor poderoso en la integración de proyectos presupuestarios o en el redireccionamiento de presupuestos para resolver crisis en Pemex ante accidentes en plantas y complejos.

Proyectos complejos y que exigieron gran capacidad de reacción y trabajo. Así que, por lo tanto, conoce las entrañas de la conformación de partidas presupuestales, fideicomisos, ramos y fondos. En otras palabras: Todo en Hacienda.  Ahora entendemos porque el Presidente López Obrador habla con ella al menos tres veces al día; por qué le pide que prepare proyectos numéricos  sobre el presupuesto para confirmar o descartar sus hipótesis sobre el re direccionamiento del gasto porque el Presidente estudió Ciencias Políticas no Economía. Se trata, por lo tanto, de una figura que no debería competir con la Secretaría de Hacienda ni con los Subsecretarios del ramo. Sabemos que también se prepara la modificación a la Ley de Adquisiciones y Obras Públicas para la Cuarta Transformación. Por ahora, están cancelados convenios al estilo la Estafa Maestra entre entidades del gobierno o universidades.  Así, el artículo de la Ley de Adquisiciones que permitía este tipo de acuerdos entre dependencias y universidades prácticamente desapareció y Buenrostro no las autorizará. Por cierto, también nos cuentan que fue en la época de Mony de Swaan en la Cofetel cuando se “innovó” en esos contratos con universidades poco auditados y muy controvertidos.

 

 

claudiavillegas@revistafortuna.com.mx
 @LaVilleghas1

 

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