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El lado oscuro de la ficción es la realidad: Bernardo Govea

Mi atención está en la frontera entre ambas, porque la sola ficción no puede sostener una novela, agrega el autor guanajuatense. Para el lector joven, lo estático apesta a cadáver, añade.

El lado oscuro de la ficción es la realidad: Bernardo Govea | La Crónica de Hoy

El escritor guanajuatense habla de su reciente novela Tengo un pato en el bolsillo.

Él es Bernardo Govea, escritor nacido en el estado de Guanajuato, a quien le gusta nombrar a la literatura infantil y juvenil simplemente por su nombre: literatura. Bernardo es también narrador oral escénico, ha participado en diversas ferias del libro y festivales de lectura. Recientemente la editorial Pearson publicó su novela Tengo un pato en el bolsillo. Conversamos con este autor, quien es un inventor de máquinas que generan sueños.

— Bernardo en tu libro Tengo un pato en el bolsillo noto que manejas temas que vienen del recuerdo de la infancia, ¿Por qué?

— En realidad, te diría que sí, pero no son recuerdos de mi infancia. Mi niñez y adolescencia fueron muy diferentes. Todo el discurso de los dibujos animados está construido a partir de los ojos de Don Anselmo. Los personajes que aparecen configuran la infancia de él, sus gustos, intereses y miedos. En la novela hay nostalgia, sin duda, pero como autor siempre busqué que esta fuera vista a través del lente de Don Anselmo y no del mío.

— Tu protagonista es Don ­Anselmo, ¿cuándo nace este personaje?, ¿quién es?

Don Anselmo es el papá de Mateo, esposo de Ifigenia. Él renuncia a su trabajo como contador para dedicarse de tiempo completo a crear una máquina que pueda darle vida al Pato Lucas. Por su puesto, esto trae problemas familiares, su esposa se separa de él, y su hijo se avergüenza de su comportamiento. La novela gira alrededor de este hecho: la idea de máquina que dé vida al Pato Lucas. Está escrita de manera polifónica, es decir, todos los personajes le hablan directamente al lector, contando su versión de los hechos. Don Anselmo es un hombre obsesionado, pero no es un loco, pues su enajenación se origina tras no poder superar la pérdida de un ser querido. Su obsesión lo lleva a creer que interactúa constantemente con dibujos animados. Al final, sin adelantar nada, puedo decir que la ficción y la realidad cruzan sus cables.

— ¿Cómo te inmiscuyes en el mundo de la ficción y de la fantasía?

Me parece que la ficción siempre debe esconder algo muy oscuro y cruel, esa parte que subyace entre líneas es la realidad. Para mí no hay otro tema que merezca más mi atención que la frontera entre ambas. Me gusta encontrar la realidad en la ficción y viceversa. La mera ficción no puede sostener una novela.

— Dentro de tus relatos fantásticos hay una cascada de hechos y personajes que se reconfiguran y cambian constantemente, ¿lo habías planeado así?

Un personaje que no cambia no puede ser interesante, no para un lector adolescente. Ellos, que constantemente están cambiando por dentro y por fuera, sólo pueden identificarse, incluso llegar a apreciar a un personaje mutable. Para un joven lo estático apesta a cadáver. Para mí también.

— Hay elementos con frases o estructuras poéticas dentro de tu escritura, ¿habías pensado en ello?

Quizá hay un dejo de voz poética en Úrsula, y quizá lo hay también, por momentos, en otros personajes. Creo que sobre todo en Úrsula. Pero considero que en realidad lo que sucede es que ella tiene una voz, un tono y un ritmo diferente a los demás personajes. Refresca mucho la novela, no sólo por ser mujer sino por ser el único personaje consciente de sí mismo y de los demás, el único que no es egoísta, que se esfuerza por unir su mundo al de los otros. Las demás son voces enajenadas, todo el tiempo recubiertas de sí mismas. Son figuras masculinas endebles por no saber mirar más allá de sus narices.

— ¿Quiénes son los personajes de tu novela, en quién te inspiraste?

— Me inspiró la gente que conozco. Pero déjame decirte que no sé de nadie que quiera inventar una máquina que pueda darle vida al Pato Lucas, pero sí sé, y lo conozco bien, de alguien que se obsesionó con sus sueños, y al hacerlo, arruinó la relación con su pareja, también afectó seriamente a sus seres queridos. Por su puesto, también a sí mismo. No va lo uno sin lo otro. Como te he comentado, la ficción siempre esconde un lado muy oscuro que lleva por nombre realidad.

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