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“El modelo educativo del CCH ya estaba preparado para la docencia semipresencial”

50 Aniversario. Desde sus inicios, este sistema de bachillerato de la UNAM fue pensado para que hubiera un mínimo de clases presenciales y el resto del tiempo las y los alumnos debían investigar y documentarse, señala en entrevista Benjamín Barajas, director de la institución que cumple medio siglo

“El modelo educativo del CCH ya estaba  preparado para la docencia semipresencial” | La Crónica de Hoy

La celebración del 50 aniversario es una oportunidad para hacer un balance histórico de los logros alcanzados y de lo que nos falta por hacer, dice Benjamín Barajas.

 

El proyecto del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) fue aprobado por el Consejo Universitario de la UNAM el 26 de enero de 1971, durante el rectorado de Pablo González Casanova. Este sistema de bachillerato de la UNAM cumple medio siglo en condiciones extraordinarias, no obstante, su estructura de origen ha permitido sortear algunos de  los retos que ha impuesto la pandemia. 

En sus inicios, el CCH fue creado para atender una creciente demanda de ingreso a nivel medio superior en la zona metropolitana y resolver la desvinculación existente entre las diversas escuelas, facultades, institutos y centros de investigación de la UNAM. Los planteles en abrir sus puertas para recibir a las primeras generaciones de estudiantes fueron Azcapotzalco, Naucalpan y Vallejo, el 12 de abril de 1971, al siguiente año hicieron lo propio los planteles Oriente y Sur.

El CCH llega a su 50 aniversario a unas semanas de concluir el primer semestre en una modalidad a distancia debido a la pandemia, al igual que todas las instituciones de educación media superior y superior del país. El reto se mantendrá a lo largo de este 2021 y dada la heterogeneidad en sus alumnos, la UNAM y sus sistemas son un parámetro a seguir dentro de la educación pública.

Benjamín Barajas, el quinto y actual director del CCH, relata en entrevista su experiencia al frente de la institución, así como los retos que enfrenta y la importancia que ha tenido a lo largo de este medio siglo dentro de la educación pública de los mexicanos y mexicanas. 

--¿Cuál ha sido el papel e importancia del CCH dentro del sistema de bachillerato de la UNAM y como opción de los jóvenes en el área metropolitana?

--El Colegio fue creado en 1971 con el propósito de ser un motor de innovación dentro y fuera de la Universidad. En un principio, se concibió para ofrecer estudios de nivel medio superior, superior y de posgrado; dicha estructura se conservó hasta principios de los años noventa cuando el CCH se convirtió en Escuela Nacional y las otras dos modalidades fueron absorbidas por diversas instancias universitarias.

Desde su fundación, añade, el Colegio fue un sistema educativo de vanguardia, ya que su plan de estudios se regía por cuatros ejes que eran dos lenguajes: español y matemáticas; y dos métodos: histórico social y el científico experimental. “Asimismo, fueron tres sus principios pedagógicos: aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a ser, los cuales, con el paso del tiempo, han sido adoptados por otras modalidades de bachillerato y, en tiempos recientes, por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en todo el país”. 

Barajas Sánchez explica que los programas de estudio del CCH fueron pensados para que los jóvenes estudiaran y aprendieran lo esencial de las asignaturas más importantes. Se buscó desterrar el conocimiento “enciclopédico y memorístico”, para transmitir aplicable en los ámbitos laborales e incidir en la transformación social.

“Otra novedad importante fue la creación de opciones técnicas para que los jóvenes, a la par que estudiaban su bachillerato, pudieran formarse para el trabajo. Esta idea fue también adoptada por el Colegio de Bachilleres y el Conalep, entre otras escuelas del Bachillerato Nacional”.

Adicionalmente, dice, el CCH fue pionero en la investigación educativa, en los estudios de trayectoria escolar, en la formación de profesores, incluso a nivel federal, y ha colaborado activamente para la creación de otras dependencias, como fue el caso del Bachillerato en línea B@UNAM, la maestría en Docencia (MADEMS) y el Sistema de preparatorias del Gobierno de la Ciudad de México.

--¿Cuáles son las principales fortalezas del CCH en el panorama educativo del siglo XXI y cuáles son las características que deben ser reforzadas?

--La fortaleza del Colegio reside en su comunidad, integrada por alumnas y alumnos, docentes, trabajadores y cuerpos directivos. Asimismo, es fundamental para el Colegio su pertenencia a la UNAM, pues de ella hereda los principios y valores que le dan identidad y le permiten formar a los jóvenes con un sentido ético, responsable, solidario y comprometido con el rigor científico y la sensibilidad suficiente para apreciar las humanidades y las artes.

“En general, los bachilleratos universitarios tienen el privilegio de mantenerse actualizados frente a los nuevos descubrimientos en las ciencias y las humanidades, por su vinculación con las escuelas, facultares e institutos de nivel superior; esto fortalece la formación académica de los jóvenes, refuerza su identidad y centra su interés vocacional, desde los primeros semestres del ingreso al CCH”.

--¿Cómo ha sido su experiencia al frente del CCH?

He tenido el privilegio de haber sido alumno del Colegio, fui integrante de la generación 1984, me integré a la planta docente en 1992; después, he tenido responsabilidades académico-administrativas, culminando en la Dirección General. El Colegio y la UNAM son espacios de aprendizaje continuo, siempre se aprende algo nuevo y se confirman los valores y principios que nos rigen y nos dan identidad. 

“El Colegio es un sistema muy generoso que fomenta las mejores habilidades, capacidades y destrezas de los jóvenes para que sean mejores estudiantes, profesionistas y ciudadanos. De hecho, nos enseña a convivir con respeto a las diferencias y nos induce a resolver los conflictos mediante el diálogo y el mutuo entendimiento. Quienes conocemos al Colegio, sentimos que éste ha sido lo mejor que nos ocurrido, especialmente en el desarrollo profesional. Los profesores fundadores y los que nos integramos después, en su inmensa mayoría, estamos convencidos de su modelo educativo y trabajamos diariamente por preservarlo. Un hecho similar ocurre con los alumnos, quienes después de tres años de haber sido cecehacheros asimilan con naturalidad el estilo del Colegio. 

“Para los jóvenes el Colegio ha sido siempre una experiencia nueva y muchas veces inolvidable. Se trata de un espacio que combina libertad y responsabilidad, con el propósito de que los jóvenes autorregulen su aprendizaje, que se vuelvan responsables, que fundamenten sus opiniones y que adquieran una perspectiva social; lo cual se logra con el manejo de la información y el conocimiento desde una perspectiva crítica”.

Para Barajas, ser funcionario del Colegio reclama conocimiento, sensibilidad, vocación de servicio, una actitud de respeto a las diferencias y al proyecto educativo y, sobre todo, “mucho amor a nuestra institución”.

-- ¿Cuál ha sido la efectividad en la vinculación del CCH con el sistema de educación superior de la UNAM?

--El Colegio es parte indeclinable de la Universidad. En su creación participaron algunos de los humanistas y científicos universitarios más eminentes. Desde luego, debemos recordar a don Pablo González Casanova, a su hermano Henrique, Víctor Flores Olea, Rubén Bonifaz Nuño, Ricardo Guerra, Alejandro Rossi, Roger Díaz de Cossío, entre otros.

“Asimismo, a lo largo de estos cincuenta años ha sido muy importante el apoyo de las autoridades de la rectoría para hacer viable nuestro proyecto, como fue el caso del exrector Guillermo Soberón Acevedo, quien defendió nuestro proyecto en un momento muy complicado, cuando estuvo incluso en riesgo su permanencia en el seno universitario.

“El Colegio, a su vez, ha respondido de la mejor manera posible a los diferentes retos que la dinámica social le ha impuesto. La eficiencia terminal (de tres años) osciló en un 40% entre los años setenta y ochenta; sin embargo, a partir de los años noventa, cuando se llevó a cabo una transformación del plan de estudios, comenzó a crecer y en el ciclo anterior se logró un egreso del 73%. Asimismo, el egreso reglamentario (a los 4 años) llegó al 80%, muy por encima de la media nacional. Todo ello, nos permite ser optimistas y reconocer el gran trabajo que han realizado las profesoras y profesores para conseguir estos resultados.

--¿Cuáles son los retos que enfrenta la institución en materia de educación a distancia y las complejidades que representa el confinamiento?

--La pandemia nos sorprendió a todos. Las escuelas de modelos presenciales, que son la gran mayoría, se vieron de pronto lanzadas a la docencia virtual. Esto ha representado un proceso muy complicado para los docentes y los alumnos, ya que la docencia en línea reclama una planeación diferente, con materiales didácticos nuevos y la interacción tradicional entre el docente y el alumno aparece mediada por las tecnologías, con lo cual a veces se distorsiona.

“A pesar de ello, ha habido una actitud de solidaridad y colaboración entre alumnos y alumnas, docentes y funcionarios para no detener las clases y seguir con nuestras tareas hasta que regresemos a la nueva normalidad. Los retos que tenemos es fortalecer la conectividad, el equipamiento y los servicios de cómputo, sobre todo para aquellos estudiantes y profesores que han tenidos carencias en estos ámbitos.

“Para ello, la Universidad ha publicado dos convocatorias para los muchachos de los diversos niveles de estudio. Una, para ofrecer servicios de conectividad a 12 mil alumnos y otra para dotar de tabletas a 25 mil. También se han abierto centros de acceso PC Puma en los planteles Azcapotzalco, Naucalpan y Vallejo, y próximamente se hará lo propio en Oriente y Sur. 

Barajas Sánchez añade que los padres de familia han hecho un esfuerzo extraordinario para que sus hijos sigan estudiando a distancia. “Lo sabemos porque la gran mayoría adquirió servicios de internet, así lo muestran los cuestionarios aplicados al primer ingreso, y esto no es fácil entre los sectores de bajos recursos. Los alumnos también han puesto su mejor empeño por mantenerse en las clases, como lo prueban los resultados de acreditación del ciclo 2019-2020. Sin embargo, en virtud de que la naturaleza de nuestro modelo es presencial, la comunidad espera regresar, cuando las condiciones lo permitan, a los planteles. Este es un deseo compartido por todos”.

No obstante, el confinamiento y educación a distancia a la que se ha visto obligada a desempeñar la comunidad del CCH ha permitido engranar con su modelo educativo, el cual, agrega el universitario, fue pensado para que hubiera un mínimo de clases presenciales y el resto del tiempo las y los alumnos debían investigar y documentarse. Las aulas y laboratorios, explica, se concibieron como talleres o espacios donde se construye el conocimiento y los profesores asumieron el papel de guías o asesores, con lo cual disminuyó la visión de maestro como catedrático. “Se eliminó la verticalidad en pro de la horizontalidad; situación que ha sido muy favorable para el desarrollo de los muchachos”.

Otro elemento innovador del modelo del CCH fue la concepción de un plan de estudios interdisciplinario, apunta, para ello, se distribuyeron las asignaturas por áreas. “Nuestro fundador, el exrector Pablo González Casanova, pensó incluso que en un futuro la cibernética podría ser una de las materias que diera unidad a todas las demás. Esta visión, frente al auge de las tecnologías digitales de nuestros días fue profética y se ha cumplido; lo cual nos muestra que el modelo educativo del Colegio, incluso frente a la pandemia, se puede adaptar a la docencia híbrida o semipresencial, desde luego, sin perder su naturaleza plenamente presencial.

Benjamín Barajas recuerda que en la década de los años setenta, las principales fuentes de información para los jóvenes eran las documentales y de campo, las cuales analizaban en el aula mediante la orientación de los profesores. “El Colegio nunca concibió al docente como el ‘depositario’ del conocimiento, sino como un asesor que ayuda al alumno a valorar y discriminar las fuentes informativas. Este procedimiento didáctico, cincuenta años después, tiene mucha vigencia, ya que los estudiantes tienen acceso prácticamente a todo tipo de información en la red, pero es necesario fomentar sus capacidades críticas, para reconocer las fuentes confiables”.

En ese sentido, apunta, las tareas de docencia y aprendizaje del presente y del futuro estarán, necesariamente, influidas por el uso de las tecnologías y éstas, si son manejadas correctamente, serán esenciales para reforzar el aprendizaje de los alumnos. “En este contexto, el CCH podrá adaptarse a esta nueva era sin mayor problema, desde luego para lograrlo requiere del 100% de conectividad en sus aulas y laboratorios. Por suerte, nuestro rector, Enrique Graue, nos ha apoyado de manera decidida para lograrlo”. 

--¿Cómo celebrará la UNAM el 50 aniversario de la institución?

La celebración del 50 aniversario es una oportunidad para hacer un balance histórico de los logros alcanzados y de lo que nos falta por hacer para mejorar la formación de los jóvenes que la sociedad nos encomienda. También es un momento para agradecer, en principio, a las y los alumnos, docentes, trabajadores, cuerpos colegiados y directivos, quienes a lo largo de los años han fortalecido el proyecto del Colegio. Asimismo, debemos reconocer el enorme apoyo de las autoridades centrales, empezando por el señor rector, Enrique Graue Wiechers; el secretario general, Leonardo Lomelí Vanegas; el doctor Alberto Ken Oyama Nakagawa y el licenciado Luis Raúl Arcenio Aguilar Tamayo, quienes han estado muy al pendiente del desarrollo del CCH. Desde luego, estamos en deuda con muchas otras dependencias y personas, pero el tiempo y el espacio nos impiden, por ahora, mencionarlos.

La celebración es también una oportunidad para reconocer a los estudiantes de la institución a lo largo de este medio siglo y, de forma especial, a aquellos que con gran esfuerzo persisten en sus estudios frente a las circusntancias impuestas por la pandemia. 

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