Opinión


El peligroso error de Guaidó

El peligroso error de Guaidó | La Crónica de Hoy

 

Juan Guaidó cometió el martes el mayor error de su fulgurante carrera política y las consecuencias podrían ser fatales para la estabilidad de la martirizada Venezuela.

De la forma más ingenua posible, se creyó el cuento que le vendió la Inteligencia estadunidense de que la cúpula del Ejército venezolano se había comprometido a traicionar al régimen chavista y mandar a Cuba a Nicolás Maduro. A Guaidó se le olvidó comentarle un detalle a John Bolton, el asesor de seguridad nacional de Donald Trump: Que el secretario de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, el mismo que supuestamente se comprometió a derrocar al régimen, no iba a traicionar al presidente que le colma de privilegios y que reparte la riqueza del petróleo (y del narcotráfico) entre sus generales.

¿Cómo pudo creerse el joven y ambicioso jefe del Parlamento venezolano que los mandos militares iban a cambiar de un régimen que los consiente a otro que los puede meter en la cárcel, o peor aún, extraditar a Estados Unidos? ¿Cómo no sospechó Guaidó que Diosdado Cabello, el jefe en la sombra del Ejército venezolano, cuyo antiguo escolta fue capturado hace una semana por la DEA y parece dispuesto a señalarlo como jefe de un cártel, iba a permitir que Padrino se pasase al otro bando?.

Ayer, el enviado de Trump para Venezuela se preguntaba frustrado por qué Padrino, al que consideraba hace unos días comprometido con el golpe de Estado, había “apagado su celular”. La respuesta parece evidente: porque habría recibido una llamada de Cabello recordándole lo implicadas que están las Fuerzas Armadas bolivarianas con el narcotráfico y con el saqueo de PDVSA, por no hablar del peligro que corrían él y sus familiares, como los de todos los generales, si el pueblo se hace con el control y exige venganza.

Si los altos mandos del Ejército fueron capaces de ponerse contra el pueblo, al cumplir la orden de Maduro de bloquear las fronteras para que no entrase la ayuda humanitaria, qué le hizo pensar a Guaidó y a la Inteligencia estadunidense que la cosa iba a ser diferente ahora.

La lección que se le olvidó al presidente reconocido por 54 naciones es que no basta el clamor de un pueblo por la democracia, si los militares no lo secundan. En Venezuela ha quedado claro, una vez más, que el Ejército no quiere democracia, más que por lealtad a la revolución del fallecido Hugo Chávez, por el temor a ser perseguidos.

Otra de las lecciones que nos deja este fallido golpe, que iniciará con toda seguridad una ola represora contra “la oposición golpista”, es la asombrosa capacidad de resistencia de un régimen que no cae, pese al embargo petrolero de EU, la hiperinflación, la desastrosa gestión económica y el aislamiento internacional. Asimismo, deja al descubierto algo que ya se temía: la escandalosa improvisación de Trump en su agenda internacional, que está dañando peligrosamente a la Inteligencia estadunidense, como ha quedado demostrado con este fallido golpe de Estado bendecido por Washington.

Pero quizás la lección de historia que se le olvidó repasar a Guaidó fue lo que le ocurrió al propio Hugo Chávez. Arropado por el descontento popular contra el gobierno corrupto de Carlos Andrés García, el joven comandante encabezó un golpe de Estado el 2 de febrero de 1992. Fracasó porque sus superiores no estaban dispuestos a secundarlo, entre otras cosas por el alto grado de implicación de los militares en la represión, con centenares de muertos durante el Caracazo, o (una vez más) por el saqueo de PDVSA.

Paradójicamente, la moraleja que Guaidó puede sacar del fallido golpe de Chávez es que tuvo paciencia para que se calmaran las aguas, portarse bien para ser indultado y, siete años después, en 1999, asaltar el poder, pero esta vez no por la fuerza, sino por las urnas.

Que Guaidó tenga la misma paciencia que tuvo Chávez. La imparable crisis económica acabará por hartar incluso a los civiles chavistas armados y a cada vez más mandos militares intermedios. Y por qué no, que siga negociando con los generales, que les ofrezca algo más que una vaga amnistía. Si persiste en invocar una invasión estadunidense, podría arrojar a Venezuela al infierno de una guerra civil abierta, con dramáticas consecuencias para todo el continente americano.

 

fransink@outlook.com

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