Opinión


El presidente James Buchanan contra México (1859)

El presidente James Buchanan contra México (1859) | La Crónica de Hoy

El 19 de julio de 1859, cuando México se enfrascaba en la Guerra de los Tres años que confrontó a conservadores y liberales, el presidente de los Estados Unidos James Buchanan propuso invadir a México, en un mensaje dirigido al Congreso de su país:

“Recomiendo al Congreso aprobar una ley que autorice al presidente en las condiciones que los miembros del Congreso consideren convenientes para emplear una fuerza militar suficiente con el fin de entrar a México, a efecto de obtener una indemnización por los daños cometidos en el pasado y tener seguridades en el futuro. De propósito me abstengo de formular cualquier sugerencia respecto a sí esa fuerza debe integrarse por tropas regulares o por tropas voluntarias, o bien por ambas. Tal cuestión puede ser decidida de manera más apropiada por el Congreso. Sólo me concretaría a observar que, si se prefirieren las tropas voluntarias, esas fuerzas podrían con facilidad reunirse en Estados Unidos entre quienes simpaticen con los sufrimientos de nuestros de­safortunados conciudadanos que se encuentran en México y con la infeliz condición que prevalece en esa República. Ello permitiría a las fuerzas del gobierno constitucional de Estados Unidos tomar posesión en breve lapso de la ciudad de México y extender su poder sobre toda la República”.

“Si así obramos, no existe razón para dudar de que serían satisfechas las justas reclamaciones de nuestros ciudadanos y de que se obtendría una recompensa adecuada por los daños que se les inflingieron. El gobierno constitucional de Estados Unidos siempre ha manifestado su vigoroso deseo de hacernos justicia, y ésta podría asegurarse por adelantado mediante un tratado preliminar”.

Se trataba de una medida espectacular con el fin de ganar fuerza y popularidad ante la cercanía de las elecciones presidenciales en las que Buchanan buscaría reelegirse. La historia, como espejo de nuestro presente, refleja en este ejemplo un notable parecido con las nuevas amenazas contra México del presidente Donald Trump en plena campaña de reelección.

Un año después, el demócrata James Buchanan perdería las elecciones a manos de un político republicano que pasaría a la historia con mejor fortuna: el antiesclavista Abraham Lincoln.

De manera que nuestro país ha sido a lo largo de la historia botín de los discursos políticos estadunidenses en vísperas de elecciones presidenciales. James Buchanan sabía que su país se encontraba al borde la guerra de secesión, en la que Norte y Sur confrontaron sus proyectos civilizatorios, y por lo tanto, sabía que una guerra contra México distraería la atención y lo convertiría en un héroe defensor de la causa americana. Sabía además que aquél era un momento propicio para invadir a México, debilitado y sumido en la ­guerra civil a consecuencias de la Constitución liberal de 1857.

El discurso del presidente Buchanan en el Congreso encontró por fortuna voces opositoras, destacadamente la del senador republicano por Connecticut, Lafayette Sabine Foster:

“Debo decir por razones poderosas que me veo obligado a diferir de la acción que el presidente recomienda seguir. En primer lugar, porque, según me parece, el momento actual es el más desafortunado de todos los momentos posibles para que nosotros demos los pasos recomendados por el presidente para recompensar los daños por los cuales nos quejamos. Según he leído, los perjuicios consisten en una negativa a satisfacer las reclamaciones de nuestro pueblo y el maltrato de que han sido víctimas los ciudadanos de Estados Unidos dentro del territorio mexicano. No tengo la menor duda de que estos daños son enormes, (..), pero si examinamos nuestro propio país (…) encontraremos que ciudadanos de Estados Unidos sufrieron perjuicios de características similares, perjuicios igualmente atroces, igualmente acreedores de recompensa”.

“¿Hoy en día la vida o la libertad o la propiedad de un ciudadano norteamericano que vive dentro de los estados esclavistas y a que alienta opiniones a las de dichas sociedades en el asunto de la esclavitud, son más seguras que la vida, la libertad o la propiedad de nuestros conciudadanos que se encuentran dentro de México?”

“Un hombre llamado Allerton, residente con su familia en el estado de Connecticut, me informó que se encontraba en uno de los estados del sur dedicado a asuntos legítimos, (cuando) fue arrestado por sospechas de estar implicado en algún movimiento abolicionista y enviado a prisión”. Menciona un caso similar de un albañil en Carolina del sur que fue despojado de sus propiedades, acusado de abolicionista, y que fue  “encarcelado, desnudando y azotado 39 veces en forma muy severa”.

“Éstos son sólo dos casos entre muchos, donde las ofensas personales se comparan con toda certeza a cualesquiera de las que haya hecho mención el presidente Buchanan en relación con México, (…) dos muestras de la forma en que son tratados los ciudadanos de Estados Unidos aquí. (…) ¿El presente tiempo es el adecuado para que el gobierno tome en sus manos el asunto de reformar los males y abusos que existen en otras partes?”

“No es sólo a causa de los procedimientos ilegales existentes dentro los estados esclavistas por lo que yo pienso que la recomendación del presidente Buchanan con respecto a México es inoportuna. Veamos nuestro territorio en Utah, que por cierto era mexicano y colonizado más tarde por fanáticos mormones. ¿Cuál es la condición de nuestros ciudadanos que se encuentran en este territorio, (…) cuyas opiniones y sentimientos no son compatibles con los de esa extraña población que lo habita, los mormones? (…) ¿Ignoramos que los asesinatos más viles, no provocados e injustificables se han cometido dentro del territorio de Utah?”

“(…) Cuando nuestros ciudadanos, los que viven dentro de nuestro propio territorio, están sujetos a múltiples desmanes y cuando el gobierno descuida el cumplimiento de sus altas responsabilidades, me parece imposible que estemos de acuerdo con la solicitud del presidente Buchanan. (…) Pienso que sería mucho más correcto que Estados Unidos, en primer lugar, pusiera el ejemplo de buen gobierno en casa; asumiera primero una actitud correcta tanto frente a sí mismo como frente a la República de México y el mundo, antes de que saliéramos a reformar gobiernos que cumplen con sus obligaciones al menos tan bien como nosotros cumplimos las nuestras. Me parece prematuro y excesivamente fuera de tiempo intentar corregir males en el extranjero. Corrijamos primero los males en casa”.

“Además, dicha solicitud, viola por entero un bien reconocido principio del derecho internacional: no tenemos derecho a interferir en los asuntos de la República de México ni de ninguna otra nación. (…) Dejemos que cada nación se cuide por sí misma y que no haya intromisiones en contra de los vecinos”.

Hoy, como entonces, el Congreso de los Estados Unidos habrá de jugar un papel fundamental en la controversia comercial que se avecina.

Posdata para Paco Ignacio Taibo II. Debemos al historiador mexicano José Iturriaga en su libro México en el Congreso de los Estados Unidos (Fondo de Cultura Económica, 1988), este rescate documental. Habrá que reimprimirlo.

 


@edbermejo
edbermejo@yahoo.com.mx

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