Opinión


El racismo, historia y presente de este país

El racismo, historia y presente de este país | La Crónica de Hoy

Ha salido a relucir una foto de hace 34 años donde se ve a ­Ralph Northam, gobernador de Virginia, cuando era estudiante de medicina, junto a un amigo, ambos en sus 20. Uno con la cara pintada para parecer negro, el otro enfundado en un uniforme del Ku Klux Klan. El político admitió que era él, pero no especificó cuál de los dos. Luego lo pensó mejor y dijo que en realidad no era ninguno. En una entidad ligada tan históricamente a un pasado racista, quieren que el ejecutivo renuncie, pero él ya dijo que no.

La cúpula demócrata, su partido, insiste en exigir que se vaya. Parte del electorado quiere que se le dé una segunda oportunidad. Dicen que la imagen es vieja y no refleja quien es ahora. Northam, argumentan, como adulto, ha tenido una vida decente. De hecho no ha sido mal gobernate: extendió el servicio médico a los pobres y otorgó el derecho a votar a quienes han cumplido sus condenas en prisión. Pero todos coinciden en que el racismo no tiene cabida alguna en la sociedad de hoy.

Desgraciadamente, de todas maneras, el racismo está siempre presente en este país y tiene un pasado tenebroso, precisamente en la historia de Virginia, donde hace 400 años llegó el primer barco con esclavos. En el siglo XIX el estado se convirtió en el más importante centro donde se comerciaba con ellos y fue ahí donde Thomas Jefferson, uno de los ciudadanos considerados más celebres e ilustres, en 1781 escribió un libro donde establece que “los negros son inferiores a los blancos en cuerpo y alma”. En Washing­ton el monumento más bello que existe es en honor a él.

En pleno siglo XXI el color de la piel está siempre presente aquí, es parte de la vida diaria y es uno de los más graves problemas sociales que tiene Estados Unidos. Hay racismo oculto y racismo a la vista. No sólo contra los afroamericanos, también contra los asiátiacos y los latinos, pero son los negros quienes más lo padecen. De ahí el título del lema “Black Lives Matter”, el movimiento que busca que la justicia sea realmente ciega y la policía no racista.

Y es que nadie tiene control alguno sobre el color de la piel con que nace. Quienes  no la tienen oscura tal vez se preguntan cómo será la vida para quienes la tienen de color. Esa pregunta, precisamente, aparece en la primera página del libro Negro como yo , cuya publicación en 1961 causó tanta controversia que contribuyó a acelerar el movimiento a favor de los derechos civiles. Su autor, John Howard Griffin, un texano de raza blanca, decidió que la única manera de tener respuesta era cambiándose su color para vivir temporalmente como un negro. Esto lo logró con medicamentos que alteran la pigmentación de la piel y usando lámparas solares.

Así, durante seis semanas, viajó por Mississipi, Alabama y Georgia, experimentando racismo y malos tratos. El libro vendió más de un millón de copias tan sólo aquí; fue llevado al cine y traducido a 14 idiomas. Leerlo revela cuánto ha cambiado desde entonces, pero también cuánto de eso persiste ahora.

Volviendo al gobernador, el consenso general es cero tolerancia. Inadmisibles las expresiones de racismo, sobre todo en los gobernantes. En un giro irónico, de renunciar, sería reemplazado por su segundo, un afroamericano con 39 años de nombre Justin Fairfax, descendiente de esclavos y quien cuando tomó posesión del cargo como vicegobernador, sostuvo en sus manos el documento fechado en 1798, que otorgó la libertad a sus ancestros.

El posible sucesor no tiene problemas raciales, pero sí sexuales. Ha sido acusado por dos mujeres, una de ellas renombrada catedrática, quien dice que la violó cuando ambos estudiaban la universidad. Él dice que en ambos casos ellas accedieron voluntariamente. Pero igual también se le está pidiendo renunciar. El tercero en la línea al poder estatal es el procurador de Justicia, Mark Herring, quien curándose en salud, por las dudas, ya confesó que él también burlonamente alguna vez se pintó la cara imitando ser negro.

 Desafortunadamente, todos ellos hasta ahora han mostrado total falta de verguenza y culpabilidad, al estilo Donald Trump. La estrategia le ha funcionado al mandatario para sobrevivir todo tipo de escándalos, pese a los cuales, está sentado en la Oficina Oval. Han seguido su ejemplo.

 

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