Opinión


El renacimiento de la Televisión Pública mexicana

El renacimiento de la Televisión Pública mexicana | La Crónica de Hoy

Álvarez Lima, un sepulturero de medios públicos resucitado por los compromisos políticos de Morena, se convirtió de la noche a la mañana en adalid de la libertad de expresión por un par de programas de Canal Once que le generan gastritis a un puñado de diputados reaccionarios del PAN y PRD encabezado por la panista Laura Rojas, quien preside la Comisión de Radio y Televisión de la Cámara de Diputados.

En su afán por servirle al caduco modelo de comunicación al que, dicho sea de paso, sirvió con tanta eficacia el senador con licencia de origen tlaxcalteca hoy al frente del Once, quiere citarlo a comparecer porque según esta legisladora los programas en cuestión “dividen, confrontan, hacen mofa, se burlan, denostan a una parte de la sociedad, y convierten a Canal Once en un medio que hace propaganda política, alineándolo ideológicamente con el gobierno” (La Jornada 26/06/19). De lograr su objetivo, la diputada Rojas, además de hacer un completo ridículo, le dará tribuna a un personaje que no fue la mejor elección para encabezar el canal del IPN y eso es secreto a voces entre algunas de las designaciones erráticas de la 4T.

Pero: ¿cuáles son esos programas que causan desórdenes digestivos en la diputada y su corte de sesenta y pico de abajo firmantes con togas del Santo Oficio? Dos de muy buena factura: La Maroma Estelar y John y Sabina. Yo he visto ambos programas y la mera verdad es que estos celadores de la libertad de expresión del viejo régimen están bien gagás.

La Maroma Estelar es un programa conducido por Hernán Gómez, y, hasta la emisión anterior por Carlos Ballarta, quien lamentablemente abandona la maroma por otros proyectos de trabajo, como lo dejó muy claro en un video.

Dividido en varias secciones, dos de ellas destinadas a entrevistar invitados relacionados con el tema del momento —­–entiendo que el próximo será el racismo­­—en La maroma estelar se le abre paso a cortes humorísticos, entrevistas fuera del estudio y algunas escenas de las que han surgido personajes muy polémicos no por su punzante simpatía, como Madame Didí, sino por su parecido con algunos intelectuales que le ponen la sal y la pimienta al gastroenterologizado debate nacional.

A mí no me lo parece, pero hay opiniones que consideran que estos prototipos pueden inhibir la crítica de algunos segmentos del pensamiento conservador. En todo caso, estas parodias podrían ser más versátiles, digamos, más equitativas, y echar mano de los personajes políticos en los que hay una veta ­inagotable de explotación, o incluso podrían recurrir a los envidiables atributos de una serie de personajes masculinos de la intelectualidad desfasada que desenvaina el chicote de la libertad de expresión en las vacas del rancho de sus compadres.

Lo cierto es que el tono desenfadado de la discusión en La maroma estelar, la agilidad con la que transcurre el programa, es un ejemplo de que la televisión pública puede producir contenidos de calidad para un público que tradicionalmente acaparaba la televisión privada en cuyos programas de debate y mesas políticas ya no se paran ni las moscas.

John y Sabina es un programa parecido, también con muy buena producción, que se desarrolla en torno a un tema central que siguen los televidentes y un público invitado en el estudio al que se le da la oportunidad de participar con algunas preguntas fugaces. El nombre de la emisión lo dice todo. Sus conductores saben establecer el contrapunto adecuado y debo decir que, aunque he visto a Sabina Berman en otros programas, es en éste, o quizá sea en este momento, en el que la descubro como una mujer brillante y apreciable.

El renacimiento de la Televisión Pública, que Álvarez Lima se encargó de sepultar en su momento, es un acontecimiento que debemos aplaudir.

Hay otras emisiones de primera línea en otros canales del sistema de las que ya habrá oportunidad de comentar.

 

 

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