Opinión


El Tercer Informe de Gobierno

 El Tercer Informe de Gobierno | La Crónica de Hoy

Tiene razón Pablo Javier Becerra Chávez cuando señala que el Informe de Gobierno presentado el domingo pasado por Andrés Manuel López Obrador es contradictorio. Veamos el motivo: al inicio de su exposición AMLO se pronuncia por la unidad: “El gobierno actual representa a todos, a ricos y pobres, a creyentes y librepensadores, así como a todos las mexicanas y mexicanos al margen de ideologías, orientación sexual, cultura, idioma, lugar de origen, nivel educativo o posición socioeconómica”.

En contraste, al término de su discurso, fustigó a sus adversarios: “No queremos que desaparezcan las protestas legítimas de los ciudadanos ni los reclamos de nuestros adversarios, los conservadores que se oponen a cualquier cambio verdadero y están nerviosos o incluso fuera de quicio; sin embargo, no han podido constituir, y esto lo celebramos y toco madera, para que no se pueda crear un grupo o una facción con la fuerza de los reaccionarios de otros tiempos. Además, lo digo con respeto, no quiero que se entienda como un acto de prepotencia o una burla, es lo que estoy percibiendo: están moralmente derrotados”.

“El presidente Juárez—sigue diciendo el tabasqueño— tenía una frase: ‘el triunfo de la reacción—decía—es moralmente imposible.”

Le ganó su flanco belicoso que va en consonancia con el populismo como modo de entender y practicar la política: siempre busca un enemigo. Como lo hemos recalcado en varias ocasiones, en México ese movimiento ha dividido a la sociedad entre chairos y fifis, “la mafia del poder” y “el pueblo bueno”.

La falsa añoranza por Juárez lo lleva a concebir la disputa política actual como una dualidad entre “reaccionarios y progresistas”. Cierto que en su discurso, en el patio central de Palacio Nacional, el blanco polémico fueron los tecnócratas neoliberales a quienes identifica con los conservadores del siglo XIX y los “científicos” del Porfiriato; pero hoy la realidad política es más compleja.

El problema es que el neopopulismo, a nivel nacional e internacional, niega el pluralismo; se apoltrona en la posición de ver todo en blanco y negro. Sin embargo, hay corrientes de izquierda que no son populistas. Basta con voltear a ver a Portugal, país que estuvo al borde del colapso económico como consecuencia de la Gran Recesión de 2008. En 2015 se formó una coalición de partidos de izquierda, no populistas, encabezada por el Partido Socialista de Antonio Costa que sumó al Partido Comunista, al Partido Verde y al Bloque. A esa coalición se le conoce como La Jerigonza (un artefacto hecho con piezas muy diferentes entre sí). La Jerigonza rompió con la austeridad neoliberal, impulsó el gasto gubernamental, contrató a más personal público y aumentó sus sueldos y salarios; incentivó la pequeña y mediana industria, ganó la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros. Al ministro de finanzas de Portugal, Mario Centeno, le apodan El Cristiano Ronaldo de la economía europea. Ganó prestigio, tanto así que lo nombraron presidente del Consejo de Ministros de Finanzas de Europa. Portugal crece a una tasa promedio de 2.7 por ciento anual, un nivel más alto que el crecimiento promedio del Viejo Continente.

Hay una izquierda democrática, no populista, que está dando muestras de recuperación a nivel internacional. No caigamos en el garlito de que sólo hay de dos sopas, como nos quiere hacer creer López Obrador.

Otro punto que vale la pena comentar de la ceremonia del 1 de septiembre es que la mampara puesta detrás del presídium decía “Tercer Informe de Gobierno”. Según la democracia constitucional vigente se trataría del “Primer Informe de Gobierno”. El problema, como dice Nadia Urbinati en su reciente libro, Me the People. How Populism Transforms Democracy (Yo, el pueblo. Cómo el populismo transforma a la democracia) (Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 2019, p. 4), es que la democracia populista impone otros rituales y otra forma de representación política. Ésa es la lógica que quiere establecer López Obrador al llamar a su Informe presidencial “Tercer” y no “Primer”. ¿Por qué? Porque ya rindió previamente, según la democracia populista, dos: uno a los cien días de haber tomado posesión, y el segundo cuando celebró su victoria electoral el 1 de julio de este año.

Por último, vale la pena resaltar un tema en el que pocos han puesto atención: en su alocución, López Obrador sostuvo: “Éste no es un cambio de gobierno, es un cambio de régimen”. Pero AMLO no tiene facultades para hacer eso; se está excediendo. Me explico: nuestra forma de Gobierno está claramente estipulada en el Artículo 40 de nuestra Constitución: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal.” Un cambio de régimen como el que propone López Obrador sólo se puede presentar mediante dos vías: cambiando la Constitución o dando un golpe de Estado. 

Luigi Ferrajoli, en su libro Los poderes salvajes (Madrid, Trotta, 2011, p. 51) afirma: “La existencia de un jefe carismático es siempre incompatible con la democracia, o cuando menos indica un debilitamiento de su dimensión política y representativa y no sólo de su dimensión constitucional.”

Es evidente, la democracia mexicana está en riesgo.

 

 

Twitter: @jfsantillan

Mail: jfsantillan@tec.mx

 

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