Opinión


El triunfo de la injusticia

El triunfo de la injusticia  | La Crónica de Hoy

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2020 dados a conocer recientemente, la desigualdad y la pobreza avanzan a paso firme en nuestro país bajo el actual gobierno. Realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía con el objetivo de proporcionar un panorama sobre el comportamiento de los ingresos y gastos de los hogares mexicanos en cuanto a su monto, procedencia y distribución, la investigación socioeconómica afirma que los ingresos familiares observaron una disminución real del 5.8%, al pasar de un monto de ingreso corriente trimestral de 53,418 pesos en 2018 a otra cantidad menor de 50,309 pesos en 2020. La situación empeora cuando se toma en consideración la caída en los ingresos por trabajo, considerados los más importantes en la absoluta mayoría de los hogares porque aportan cerca del 64% del ingreso corriente total de las familias, mismos que descendieron un 10.7% durante el mismo periodo. Otros rubros que observaron caídas significativas fueron los gastos de alimentos, transporte y educación. Un dato alarmante es que ante el abandono del Estado y en medio de la pandemia más peligrosa de la historia moderna, las familias se vieron obligadas a incrementar sus gastos en salud en un 40.5%.

La difusa presencia de la pobreza entre los mexicanos aparece como parte relevante de nuestro panorama social. Existen numerosas definiciones y modalidades de medición, sin embargo, independientemente del debate técnico y político sobre la precariedad social, entre los expertos existe coincidencia en que la referencia es a la incapacidad de la persona para sostener sus gastos mínimos para adquirir bienes y servicios esenciales. Por ello observamos una expansión incontenible de la indigencia social caracterizada por el incremento de viejos y nuevos sectores asociados a la pobreza. La ruptura de nuestro tradicional, pero operante sistema de bienestar social, que llevó a cabo la 4T solo agravó la situación para importantes grupos que se encuentran totalmente excluidos del desarrollo humano. El paradigma propuesto por el gobierno solo se focaliza en el clientelismo político sin reducir la desigualdad económica y social.

La lucha contra la pobreza es una estrategia compleja, costosa y políticamente delicada. Además, las personas vulnerables son poco activas en el espacio público y se encuentran mal representadas. La desigualdad es una de las principales cuestiones políticas de nuestro tiempo y abraza dimensiones muy diversas del mundo social y económico, que afectan desde la inclusión de los grupos vulnerables hasta la equidad de género, pasando por el acceso a salud o educación. El “virus de la desigualdad”, como lo denomina Oxfam, es un fenómeno que aumenta cada vez más convirtiéndose en una característica distintiva de nuestros tiempos. La desigualdad se relaciona con la estructura de una sociedad y si un país no detiene su incremento, puede incluso, afectar a sus procesos de democratización. Esto es grave porque la experiencia internacional demuestra que la desigualdad económica se traduce inevitablemente en desigualdad política.

La igualdad de oportunidades es el fundamento de otros principios y valores políticos. Se identifica con el universalismo de los derechos humanos, es el postulado constitutivo de la forma y sustancia de la democracia, y aparece en la base de la dignidad de las personas. Constituye el presupuesto de la solidaridad y representa el fundamento de la paz social. Los principios de la igualdad económica e inclusión social no representan solamente valores políticos y la principal fuente de legitimación democrática de las instituciones públicas, sino y sobre todo, constituyen principios de razón que deberían sustentar cualquier política capaz de enfrentar los grandes desafíos globales de los cuales depende nuestro futuro.

 isidroh.cisneros@gmail.com

Twitter: @isidrohcisneros

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