Opinión


Elecciones Chomporocas

Elecciones Chomporocas  | La Crónica de Hoy

Faltan tres semanas para que los mexicanos acudamos a las urnas a depositar nuestro voto para renovar la Cámara de Diputados, elegir a quince gobernadores, sufragar por los diputados de treinta legislaturas estatales y definir 1,926 presidencias municipales y dieciséis alcandías de la Ciudad de México. Son cerca de 21 mil puestos de elección popular en juego. Sin embargo, aunque no aparecerá en ninguna boleta, el principal protagonista de esta contienda es AMLO. 

Las “elecciones intermedias” serán un referéndum para su gobierno. Violando, flagrantemente, los artículos 41 y 134 constitucionales que prohíben a las autoridades gubernamentales pronunciarse sobre asuntos electorales en época de campañas, el tabasqueño ha utilizado “las mañaneras” para entrometerse en los comicios; atacar a intelectuales y periodistas disidentes, así como a medios de comunicación que no se pliegan a sus designios. Recurriendo al simplismo más barato los ha llamándolos, despectivamente, “conservadores”. Por lógica deducción, él encarna a Benito Juárez y sus adláteres a los liberales del siglo XIX. Una trasposición histórica arbitraria en la que no encaja el México moderno y en la que ni él mismo cree. Pero la polarización y la exacerbación de los ánimos forma parte de la estrategia propagandística de los regímenes populistas, así como la violación sistemática de la ley.

En la “mañanera” del 11 de mayo se le preguntó: “¿usted está metiendo las manos en las elecciones?” El hombre nacido en Tepetitán, Macuspana, respondió, muy ufano: “Claro que sí, claro que sí, si aquí lo di a conocer, si es del dominio público, lo estoy diciendo, no podemos ser cómplices del fraude.” Se refería a la entrega de tarjetas rosa por parte de Adrián de la Garza, candidato de la coalición PRI-PRD a gobernador de Nuevo León. Y dijo que lo va a seguir haciendo porque en México “No ha habido democracia (sic).” Entonces, le pregunto, al presidente de la república: ¿Cómo llegó al poder?

López Obrador borró de un plumazo el 68, en el que no participó, hizo a un lado el 88 en el que tampoco participó. Para él no existió la transición a la democracia que se llevó a cabo a través de pactos parciales para restarle poder al Ejecutivo e ir ganando terreno para la sociedad civil y la horizontalidad democrática, hasta lograr romper la hegemonía del partido oficial; quitarle el control al Estado de las elecciones; conquistar el pluralismo social y político; el logro de condiciones equitativas en la competencia por el poder; la creación del IFE en 1991; la edificación de órganos autónomos como contrapesos al poder presidencial; la alternancia en la presidencia de la república en 2000; la victoria de los partidos políticos de oposición en muchos estados de la república.

Decir que en México no ha habido democracia es un despropósito. Ese disparate sólo se explica porque AMLO quiere ser quien encarne a la democracia. Por derivación lógica, la 4T tiene el encargo de imponer la verdadera democracia en México. Es así como se presentó el comunismo (según Lenin, la democracia proletaria sería mil veces más democrática que la democracia burguesa) y el populismo (en la 4T manda el pueblo y “el pueblo soy yo”). A lo que estamos asistiendo es a la formación de una autocracia populista a la que le estorban los contrapesos, las leyes y las instancias autónomas.

Pero a Obrador las cosas le están saliendo mal: contrario a lo que esperaba, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ratificó la decisión del INE de retirar las candidaturas de Félix Salgado Macedonio para Guerrero y de Raúl Morón para Michoacán. Igualmente, el Tribunal Electoral avaló el criterio de limitar la sobrerrepresentación con base en la cual Morena y sus aliados lograron una mayoría absoluta amañada en la Legislatura saliente. Las encuestas indican que en la próxima Legislatura Morena y sus aliados no alcanzarán la mayoría calificada, en consecuencia, no podrán hacer cambios a la Constitución.

La tragedia ocurrida el 3 de mayo en la Línea 12 del Metro, que dejó un saldo de 26 fallecidos y 80 heridos le pegó políticamente a AMLO y a Morena. Ya había un distanciamiento con “el pueblo” que ahora se ha agudizado. Cuando se le preguntó por qué no había ido a ver a los deudos y a las víctimas hospitalizadas contestó muy molesto: “Al carajo con eso actos demagógicos.”

La negligencia con la que se ha administrado el Metro, que causó la caída de los vagones del plano elevado en la estación los Olivos y el grosero desplante de AMLO van a incidir en los resultados electorales. 

A AMLO le importan un bledo los apercibimientos que ha mandado el INE. Es más, quiere destruir al INE a como dé lugar; sabe que es el principal bastión de nuestra democracia. Por todos los medios ha tratado de desacreditar al árbitro haciéndolo parte de la disputa electoral; restándole credibilidad y legitimidad. 

Vamos hacia unas elecciones balurdes merced a que tenemos un presidente que ha anunciado anticipadamente un fraude (como Trump: porque sabe que va a perder). Un mandatario antidemocrático, cegado por la ira y presa del desenfreno.

Twitter: @jfsantillan

Mail: jfsantillan@tec.mx 

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