Mundo


Elecciones en Escocia: corazón independentista, cerebro británico

La victoria de los nacionalistas en las elecciones regionales de este jueves abrirá la puerta a un segundo referéndum. Sin embargo, no está claro que sea la llave para romper con Reino Unido en un segundo referéndum, ni siquiera en venganza por el Brexit, que los escoceses no querían. Y es que las cuentas no salen... para alegría de Boris Johnson

Elecciones en Escocia: corazón independentista, cerebro británico | La Crónica de Hoy

Escocesa partidaria de la independencia y el ingreso en la Unión Europea como estado miembro y escocés partidario de mantener la unión con Inglaterra, como sucede ininterrumpidamente desde 1707

Reino Unido celebra un Superjueves electoral, con la renovación de los parlamentos autonómicos de Escocia y Gales, la alcaldía de Londres y los consejos locales de Inglaterra. Sin embargo, todas las miradas estarán dirigidas a un único punto: Edimburgo. De lo que ocurra allí podría vislumbrarse si Reino Unido seguirá (literalmente) unido o si se rompe en un plazo corto, el tiempo que tarde en convocarse un referéndum de independencia.

La victoria del gobernante Scottish National Party (SNP) ni siquiera está en discusión, sino de qué tamaño será su victoria, porque de ello dependerá qué tan pronto se celebre o no el segundo plebiscito en cinco años para preguntar a los escoceses si quieren seguir “bajo el yugo inglés”, como prometió la mandataria escocesa Nicola Sturgeon, en venganza por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (consumada el 1 de enero de 2021), pese a que el 68% de los escoceses se opuso al Brexit en el referéndum de 2016.

Hace apenas tres semanas, el sueño de una mayoría absoluta del SNP, como antesala a una victoria del “Si” a la independencia en un segundo referéndum, parecía una realidad. Pero, a medida que se acerca la hora de la verdad, la situación se ha complicado para los nacionalistas. 

La última encuesta, publicada este miércoles por el diario “The Scotsman” -nada sospechoso de ser unionista- anuncia una victoria decepcionante del SNP en las elecciones parlamentarias de hoy. En vez de lograr la mayoría absoluta (65 escaños), perdería cuatro escaños y se quedaría en 59. 

Si en 2016, el SNP, con 63 escaños en el Parlamento de Edimburgo, se animó a convocar un referéndum de independencia, que acabó perdiendo, ¿qué ánimos tendrá ahora para convocar un referéndum, si los sondeos anuncian que cae hasta los 59 escaños?

Hay, además, otro factor a tener en cuenta. En 2016 gobernaba en Escocia Alex Salmond, que pensaba con el corazón y no entendió que un referéndum de independencia se juega también la economía. Ahora gobierna Sturgeon, mucho más cerebral y consciente de que una segunda derrota en un próximo referéndum sería catastrófica y humillante: otra batalla perdida por los escoceses y ganada por los ingleses.

Cae el deseo de independencia.

En octubre de 2020, el apoyo a la independencia era del 52% y el rechazo del 39%, según la encuesta de Ipsos. El último estudio, publicado este martes 4 de mayo por YouGov para el diario “The Times”, los escoceses partidarios de la independencia apenas eran el 41%, mientras que los que apoyan seguir en el Reino Unido escalaba al 46%, con un elevado porcentaje de indecisos.

¿Qué ha pasado para que esa furia antibritánica desaparezca, una vez más, pese a que el rechazo al Brexit en Escocia se mantiene de forma aplastante?

Hay un factor imprevisto para los nacionalistas escoceses, pero que parece consolidarse en muchas democracias occidentales: el renacido empuje de los partidos ecologistas. Muchos jóvenes escoceses están más preocupados por el combate al cambio climático que a si están gobernados por Londres o por Bruselas. En las últimas encuestas, el SNP logra una media del 38% de los votos, el Partido Conservador el 22%, el Partido Laborista el 16% y el Partido Verde sorprende con un 13%, muy por arriba del Partido Liberal Demócrata. 

Otro factor -este coyuntural- es la exitosa campaña de vacunación contra la pandemia en Reino Unido frente a la desastrosa campaña en la Unión Europea de la que se divorciaron. Un ejemplo que levanta ampollas en París: ayer, 2 mil 144 nuevos casos y 27 muertos en Reino Unido, frente a 26 mil nuevos casos y 277 muertos en Francia. El mensaje, en plena campaña electoral, es que, en situaciones de emergencia, ha funcionado mejor estar solos (con Londres) que mal acompañados (con París y Berlín).

Pero el factor más decisivo que anuncian las encuestas (a riesgo de equivocarse) es el mismo por el que perdieron el referéndum de independencia de 2016: La economía. En un escenario ideal, Escocia sería una nación próspera (poca población, mucho petróleo, turismo y abundante pesca), si fuera miembro de la Unión Europea el día después de ganar la independencia. Pero la realidad es más terca. Una Escocia independiente (como en una hipotética Cataluña independiente de España) se tendría que poner a la cola para ser miembros de pleno de derecho de la UE, donde llevan años esperando países como Ucrania o Turquía. Y lo más frustrante para pensar si votar con el corazón o con el cerebro: El mayor cliente de los productos escoceses no es el viejo continente, sino la “detestada”, “insolente”, “pérfida”, pero “superpoblada” y “rica” Inglaterra.

Todos estos motivos que frenan el deseo de independencia para los escoceses son el doble para los galeses, que también renuevan Parlamento y se sienten o igual o más nacionalistas que sus “hermanos celtas del norte”; pero que, a diferencia de ellos, no tienen petróleo, tienen una industria minera desmantelada por Margaret Thatcher y no hay nada que les permita soñar con un Estado mínimamente viable e independiente de la poderosa Londres.

Y, si las urnas confirman hoy esta amarga victoria de los nacionalistas escoceses, el único beneficiado será el premier británico Boris Johnson, cuya estrategia de sacar primero a Gran Bretaña de la Unión Europea y luego lidiar con los escoceses (machacando la idea de que los “frogs -los franceses- se burlan de ellos), parece estar funcionando.

En pocas horas sabremos Johnson, la piñata inglesa de Donald Trump, se salió con la suya o si Escocia, ahora sí, quiere librarse de Inglaterra, a la que lleva unida , para bien o para mal, tres siglos

fransink76@gmail.com

 

Comentarios:

Notas Relacionadas:

Destacado:

+ -