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Elecciones y política

Elecciones y política | La Crónica de Hoy

Es frecuente que las reflexiones sobre las elecciones sobredimensionen o minusvaloren los resultados. Aunque lo preponderante es la existencia de una fuerte tendencia a considerar sus efectos sólo desde la perspectiva numérica, estadística. Para aproximarnos a un análisis lo más objetivo posible es necesario ubicar las variables sociopolíticas y económicas que son causa o efecto del comportamiento del electorado.

Este artículo, más que aspirar a ser conclusivo, pretende sugerir hipótesis que nos permitan profundizar en las causas y efectos del resultado de las elecciones del 2 de junio realizadas en seis estados de la República: Baja California, Puebla, Tamaulipas, Aguascalientes, Durango y Quintana Roo. En esos comicios estuvieron en juego 148 cargos. Regionalmente tres elecciones fueron en estados del norte del país (Baja California, Durango y Tamaulipas), uno del centro norte (Aguascalientes), el centro (Puebla) y el sureste (Quintana Roo).

En los estados que hubo elecciones de gobernador se auguró con anticipación el triunfo de Morena, pero por causas similares y diferenciadas. En el caso de Baja California se dio el fenómeno conocido como “el carro completo”, Morena se llevó no sólo la gubernatura (50.38% de la votación) sino también las 17 diputaciones de mayoría relativa. Tendrá el control absoluto del Congreso local.

Este fenómeno, que sólo se había dado en los tiempos del régimen autoritario, ahora presentó sus credenciales nuevamente en un contexto de juego democrático. Las causas evidentes de la derrota del PAN, que saltan a la vista, son el desgaste de gobernar durante 30 años, la ola ­lopezobradorista mantuvo su presencia y el desmoronamiento del PRI en la entidad. Falta analizar la incidencia de la abstención, que fue del 70.5%, en los resultados.

En el caso de Puebla el rasgo común de la derrota del blanquiazul es la presencia de la ola lopezobradorista. El ingrediente novedoso es que la muerte de la gobernadora y del exgobernador creo un vacío de liderazgo, tampoco existieron los incentivos de candidaturas para los grupos locales o partidos aliados. Aunque es importante señalar que el candidato ganador no superó el 50% de los votos. Su triunfo fue holgado, pero no apabullante, según datos del PREP con 44.67% de la votación. En las cinco elecciones extraordinarias de ayuntamientos Morena sólo ganó una, el PRI ganó tres y en alianza uno más.

En el caso de los estados de Durango, Tamaulipas y Aguascalientes la lógica de la política local contuvo a la oleada lopezobradorista.

En Durango: de 39 ayuntamientos el PRI obtuvo el triunfo en 16, la coalición PAN-PRD 16, el PAN en solitario uno; Morena, dos; el PD, PT y MC, uno cada partido; la abstención fue del 54.7%. En Tamaulipas: de 22 diputaciones de mayoría, Morena obtuvo una y el PAN 21; la abstención llegó a 66.9%. En Aguascalientes: de 11 ayuntamientos el PAN ganó cinco; PVEM, dos; Morena, PRD, PRI y PT uno cada partido y la abstención alcanzó el 61.1%.

Los resultados en las elecciones de diputados en Quintana Roo son una conjunción de la tradicional presencia del lopezobradorismo en el sureste y de que fue la única entidad en que Morena llevó a cabo una coalición generalizada con el PT y su nuevo aliado el PVEM, ganando 11 diputaciones; el PRI, una; y la coalición PAN-PRD-PES, tres. En este estado la abstención fue la más alta, de 77.9%.

Un rasgo compartido en todas las elecciones es la resistencia de los ciudadanos de asistir a las urnas, que fue del 54.7 al 77.9, lo que nos da un promedio de 66.2%. La dimensión del fenómeno no debe llevarnos a buscar causas frívolas. En indispensable por la salud de la democracia encontrar las causas y atenderlas. En este momento lo que se puede hacer es aventurar hipótesis: 1) prevalece el desencanto ciudadano por la política, en particular por los partidos políticos, 2) los candidatos no tienen arraigo en sus regiones, 3) los partidos no tuvieron recursos financieros suficientes para tener una amplia movilización de sus clientelas electorales, 4) es una expresión de acuerdo con el partido gobernante, 5) es una expresión de disenso con los gobernantes, etc.

Es claro que el lopezobradorismo, como liderazgo carismático, y Morena tuvieron su máximo logro en la conjunción lograda en las elecciones de 2018. Ese tipo de liderazgos suelen tener una lógica de funcionamiento y una temporalidad desacompasada con su partido, aunque no dejan de influirse mutuamente con una intensidad variable. Lo evidente es que la ola electoral lopezobradista no alcanzó para apabullar, a excepción de Baja California y Quintana Roo, a los partidos opositores en estas elecciones. Eso se debió a que la lógica de la política nacional no incide estrictamente en las lógicas políticas locales, aunque su influencia, según la coyuntura, puede ser mayor o menor. Tal vez en esta ocasión el desgaste de la imagen presidencial le haya quitado fuerza a la ola electoral de 2018, pues el porcentaje de aprobación de los 100 días de gobierno estaba en el 80%, ahora se ubica en el 70 (Encuesta De las Heras levantada 21 y 22 de mayo).

En el sentido de las lógicas políticas locales, el norte del país ha sido menos proclive a las tendencias de izquierda. Históricamente el predominio electoral en esa región ha sido del PAN y del PRI. Tan es así que, de cuatro estados, Morena tuvo una presencia mínima de triunfos en tres. En el sureste, el predominio del lopezobradorismo está presente y Puebla es un caso coyuntural, que es poco probable que se repita.

Las lecciones que dejan estas elecciones con vista a las de 2021 son que todos los partidos deben ocuparse de lograr resanar sus fisuras o fracturas internas, su propuesta política debe diferenciarse claramente de las otras. En el caso de Morena el desgaste de la figura presidencial, su débil institucionalización como partido y su política de alianzas son asuntos que deben de atenderse para mantenerse como fuerza predominante. El PAN, el PRI y el PRD, además de sus divisiones internas, deben atender la construcción de propuestas políticas alternativas viables y ligadas a los intereses de la población. El PVEM y MC son partidos que tienen liderazgos internos sólidos, su mayor dilema está más en definir su política de alianzas.

Para 2021 ningún partido puede pensar que “va montado en caballo de hacienda”. La moneda está en el aire. Al tiempo.

 

*Profesor UAM-I
Twitter: @jsc_santiago
www.javiersantiagocastillo.com

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