Cultura


En cada fotografía hay pulsaciones del alma, dice Jesús Abad Colorado

ENTREVISTA. El fotógrafo habla de su serie de imágenes que realizó hace 25 años durante el conflicto bélico en Colombia. “El trabajo en blanco y negro es mucho más difícil, pero en situaciones de violencia lo prefiero por la ética, por la estética y por el carácter de memoria”.

En cada fotografía hay pulsaciones del alma, dice Jesús Abad Colorado | La Crónica de Hoy

Una pareja de novios entrando a una iglesia en Granada, Antioquia, para celebrar su boda. El fotógrafo colombiano Jesús Abad Colorado.

Jesús Abad Colorado (Medellín, 1967) es el fotoperiodista que retrató más de dos décadas de guerra en Colombia, es un profesional de la lente que hace imágenes en blanco y negro por ética, es un hombre que no fotografía a los muertos y es el ganador del Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabo 2019 que camina en búsqueda de comunidades que resisten.

Crónica presenta una entrevista con este fotógrafo que en el documental El testigo: Caín y Abel narra la historia de algunas de sus fotos hechas hace 25 años, las cuales regala, e incluso muestra por primera vez, a las personas que aparecen en sus negativos.

Tu trabajo no es descriptivo, ¿por eso eliges el blanco y negro?

—El trabajo en blanco y negro es mucho más difícil, pero en situaciones de violencia lo prefiero por la ética, por la estética y por el carácter de memoria. El color es algo festivo; sin embargo, he publicado imágenes a color porque quiero resaltar un hecho, pero no para recrearme en la violencia, todo lo contrario, para hablar de la vida.

“El documento fotográfico es muy importante como memoria de una sociedad, creo que así he trabajado en Colombia. La gente conoce mis retratos y sabe que en cada fotografía hay pulsaciones del alma, son un vehículo para generar un cambio. Estoy generando reflexiones y no odio ni sed de venganzas”.

¿Es posible hablar de la violencia sin mostrar muertos?

—No soy un hombre de concursos ni hago fotografías espectaculares. Llamo mucho la atención en mi trabajo frente a la sobreexposición mediática de la muerte, que para mí es una forma de trivializar la vida. Hay excepciones y, por eso, presentarlas tienen que ser eso: una excepción, no una constante. Ser constante genera un acostumbramiento a esos dolores que se terminan volviendo paisaje y después, ya nada nos importa.

“Muchas veces le preguntaría al reportero gráfico, al dueño del medio y al editor: si tu madre, tu padre o hijo muriera en las circunstancias que muchas veces aparecen en primera plana, ¿te gustaría ver a tu ser querido ahí? Seguramente la respuesta sería no. Hay titulares que ofenden la vida. La forma en cómo se titula y en cómo yo fotografío hablará de quién soy como ser humano”.

AMOR A LA VIDA. Una fotografía de Jesús Abad Colorado, que publicó en el diario El Colombiano (donde trabajó de 1992 hasta 2001), muestra a una pareja de novios entrando a una iglesia en Granada, Antioquia, para celebrar su boda y a un costado hay un letrero que dice: La guerra la perdemos todos, ayudemos todos a construir un proceso de paz.

“Ese matrimonio que se casa en medio de la guerra nunca se me podrá olvidar porque yo fui a un pueblo y la gente estaba buscando a sus muertos entre los escombros después de una toma guerrillera que hubo, un pueblo que en un mes vivió dos tragedias: una a manos de grupos paramilitares, en noviembre de 2000; y después, al mes, una toma de la guerrilla; las dos extremas actuando contra la misma población”, recuerda.

Mientras Abad Colorado hacía fotografías en el parque, porque la gente estaba llorando su tragedia, a las tres de la tarde en la iglesia hubo un sepelio con dos de los cuerpos recuperados de los escombros, pero a las cinco de la tarde llegó la magia.

“Una mujer no paró su matrimonio: Beatriz García y Óscar Giraldo no pararon su boda a pesar de que entre los escombros del pueblo estaban buscando a algunos de los 23 muertos que quedaron. Afuera de la iglesia había un letrero que decía: la guerra la perdemos todos, ayudemos todos a construir un proceso de paz. Para mí  eso fue increíble, por eso vuelvo donde ella, la he seguido visitando en su casa”, narra.

En esos momentos, añade, es donde uno entiende porqué las sociedades permanecen y siguen: “El amor es más fuerte que la guerra y cuando una pareja o familia campesina o una comunidad resiste, ésta permanece”.

¿Por qué regresar con las personas que fotografiaste?

—Me importa que regresen esas fotografías que hablan de la resistencia y del dolor porque son un vehículo de la memoria. Todo este ejercicio hecho desde el periodismo nos permite mirarnos en lo que llamo el espejo roto. Los periodistas ayudamos a juntar los fragmentos de una historia, no sólo para hablar de las guerras sino para hablar de la dignidad, la humanidad y del amor por la vida.

¿Qué otros temas te interesan?

—El medio ambiente. Tengo un trabajo sobre cielos estrellados en lugares donde se ofendió la vida, son lugares maravillosos de Colombia. Por eso regreso, no voy con el ánimo de contar la historia desde la violencia, sino para hablar de la riqueza de estas regiones. Regreso porque la gente no pierde sus sueños.

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