Opinión


Entre la politiquería y la CNTE

Entre la politiquería y la CNTE | La Crónica de Hoy

Da grima. La reforma educativa —urgente, imprescindible— se quedó lamentablemente atorada entre las púas de los cálculos electorales y las conveniencias político-partidistas.

Ocurrió así por cuenta ahora no de la indefendible CNTE, sino de legisladores a quienes —los hechos hablan— lo último que les interesa es el estado de la educación y el destino de millones de niños y jóvenes.

Cuando parecía que la azarosa reforma no tenía ya más obstáculo que su enrevesado manejo en ciertos medios de comunicación enemistados con el gobierno, la oposición en el Senado la malogró sin consideración alguna.

La palabra empeñada y los acuerdos y compromisos, legítimos y transparentes, tejidos con tenacidad y paciencia por Mario Delgado en la Cámara baja, se fueron por el caño.

Lo cual significa que, si bien la mayor parte de la reforma ya ha sido aprobada y seguirá su curso legislativo, en los hechos, los cambios que contiene están pegados con babas.

La próxima semana será echada la suerte de esta reforma en un probable periodo extraordinario de sesiones del Congreso. Y a juzgar por las artimañas de la oposición, el debate empezará de cero.

Los cambios legislativos habían logrado superar el zancadilleo de medios que, insidiosos, desempolvaron en San Lázaro el término madruguete.

Madruguete —¡ver para creer!—, cuando el trámite de la iniciativa había sido frenado durante semanas para recoger la opinión de dirigentes de la coordinadora de maestros.

Con la luz verde de diputados de todos los partidos —excepto el panismo, ansioso por arrogarse la condición de única y genuina oposición— la minuta consiguió transitar sin contratiempos hacia la cámara alta.

Fue sofocada con facilidad la maniobra mediática de valorar y difundir las modificaciones no en sus términos o con fundamento en lo que realmente contiene, sino —conjeturas, elucubraciones, corazonadas— en lo que no contiene y los supuestos riesgos que tal vacío anticipa.

Así, en un ejercicio descaradamente sesgado, se difundieron suposiciones tales como que la legislación “deja abierta la puerta para”, “existe el riesgo de regresión”, “habrá litigios sobre los criterios que regirán”, “permitirá a sindicatos tener incidencia”…

O, inverosímiles preocupaciones sobre inminentes “prácticas que puedan consolidar la corrupción, el tráfico y la venta de plazas y hasta el tráfico de personas”. Un futuro negro más en el deseo que en la realidad.

Los coordinadores de todos los grupos parlamentarios, menos el PAN, salieron a decir, en todos los tonos y cada uno a su manera, que tal como fue aprobada la reforma garantiza la rectoría del Estado y no entraña ni la menor posibilidad de control, venta ni tráfico de plazas.

Allí estuvieron, celebrando la reforma, además de Delgado, René Juárez Cisneros, Arturo Escobar y Vega, Tonatiuh Bravo, Verónica Juárez y Reginaldo Sandoval.

Fueron vehementes en respaldar lo aprobado y anticiparon su actitud vigilante para favorecer la confección de una ley secundaria que deje atrás, de manera definitiva, los añejos vicios en el manejo de la educación nacional.

¿Cuáles vicios? En efecto la venta de plazas. Y el usufructo de los dineros. Pero, también, el uso político- electoral del magisterio vía su sindicato.

Inveterada práctica ésta acerca de la cual podrían dar amplias referencias todos los expresidentes de la República, de Luis Echeverría cuyo peón fue Carlos Jonguitud Barrios, a Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, con Elba Esther Gordillo Morales.

Por medio de Juan Carlos Romero Hicks y en abierto afán de manipulación, el panismo criticó el que en la elaboración de la ley secundaria tendrá voz la CNTE. Lo cual, sostiene, significa que tal ley será elaborada por esta organización y —duro y dale— retornará la venta de plazas.

Omitió el guanajuatense precisar que en ese proceso podrá opinar no sólo la CNTE, sino todo aquel que intervenga en el sector educativo y esté interesado en dar su punto de vista.

Los tenaces promotores de la privatización educativa agrupados en Mexicanos Primero, por ejemplo.

Soslayó, asimismo, Romero Hicks, decir que a final de cuentas la legislación será elaborada por el Poder Legislativo, incluidos los legisladores del anoréxico blanquiazul. ¿De dónde entonces la peregrina concesión de facultades legislativas al magisterio disidente del SNTE?

Con la reforma “ganó México”, dijo el priista Juárez Cisneros en la referida conferencia plural de bancadas, tras la aprobación de la reforma.

Y añadió que “el triunfo no es en lo individual de nadie, porque se mantuvo el objetivo fundamental de titular el derecho de los niños y niñas a un sistema educativo de excelencia”. Falso.

El gozo se fue al pozo sólo días después, en el Senado, donde quedó claro que a la oposición el derecho de los niños a una educación de excelencia es algo que no le quita el sueño.

El tiempo sigue su curso inexorable y con él el calendario educativo, cercenado año con año por la CNTE, desde hace cuatro décadas, y en los últimos lustros hundido en el caos legal y reglamentario debido a la acción de fuerzas interesadas más en sacar raja política que en consensuar algo tan trascendente como la educación nacional.

El escaso o nulo interés de la oposición por la educación se vio con claridad en la votación con final de infarto de la reforma, en la Cámara alta.

Y en la marrullería de Martí Batres manipulando el cronómetro a la espera de sus copartidarios, cual futbolista desesperado haciendo tiempo con el balón para evitar la goliza.

No llegaron para votar Lucía Trasviña, Marcela Mora y Salomón Jara. Paradójicamente sólo este último —afectado por una grave circunstancia familiar— ha sufrido las consecuencias de su ausencia.

El también vocero de Morena fue excluido de la Permanente y el ambiente está lleno de insidias acerca de si el suyo fue un escape calculado para evitar granjearse el desafecto de la CNTE, gran electora en la tierra de Juárez.

Cualquiera que haya sido la realidad, de muy poco sirvieron los plausibles esfuerzos de diálogo, acercamiento y concertación por parte de Ricardo Monreal frente a la mezquindad de los adversarios de la 4T empeñados en frenar la reforma.

Lo dicho: Para muchos, en el Congreso, la educación es lo de menos, lo importante es la politiquería.

 


aureramos@cronica.com.mx

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