Opinión


¿Es ésta una Cuarta Transformación histórica de México?

¿Es ésta una Cuarta Transformación histórica de México? | La Crónica de Hoy

José Hernández Prado*

 

Desde la sociología y la filosofía políticas bien vale la pena plantear la pregunta que propone este título, porque el actual gobierno de la República Mexicana, que de manera objetable se ha llamado a sí mismo “Gobierno de México”—cuando el auténtico serían el gobierno federal y los gobiernos estatales y municipales de todo el país—, ha propuesto desde su arranque, entre los meses de julio y diciembre de 2018, que “las cosas han cambiado”, que estamos ante “un cambio de régimen” y que, por lo tanto, vivimos una “Cuarta Transformación”.

No cabe duda de que el planteamiento de la “Cuarta Transformación” fue un excelente lema de campaña para el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional —el partido Morena—, a lo largo del primer semestre de 2018. Pero lo que se ha visto con claridad en los primeros meses del sexenio y al cumplirse los primeros 100 días de la nueva administración federal, es que la Cuarta Transformación pudiera considerarse, en rigor, como un retorno hasta la situación que prevalecía en México antes de la Segunda Transformación implicada por la gran consigna política de la nueva Presidencia de la República.

La Primera Transformación de México habría consistido en la lucha de Independencia librada por nuestro país entre 1810 y 1821; la Segunda lo fue, supuestamente, la Reforma y la República Restaurada en el periodo que va de 1857, aproximadamente, hasta 1876; la Tercera lo sería la gesta revolucionaria iniciada por Madero en 1910 y culminada por Lázaro Cárdenas en 1938 y la Cuarta, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena en el pasado año, 2018.

Pareciera, sin embargo, que la autoproclamada Cuarta Transformación nos ha regresado al México de “un solo hombre”, tal como ocurría antes de la presunta Segunda Transformación. Ha recibido un poder casi absoluto el caudillo carismático que, por cierto, también se apellida López y el México de las primeras décadas del siglo XXI se asemeja bastante al de la primera mitad del siglo XIX, cuando no había estado de derecho en el país y faltaba un empeño decidido en su construcción. Ahora, como entonces, se aplican políticas económicas que difícilmente sacarán al pueblo mexicano de la pobreza; se toman decisiones políticas que muy probablemente acentuarán su atraso y se suscriben concepciones históricas que marginan al país de las mejores causas de la comunidad internacional.

El primero de julio de 2018 comenzó quizá y en efecto, una “Cuarta Transformación” en la historia de México, pero en rigor una que se refiere a la democracia mexicana. Esta democracia nació con la República Restaurada en 1867, pero en 1876 tuvo su “Primera Transformación”, que fue la del Porfiriato (1876-1920), una dictadura personalista. En 1920 aconteció la “Segunda Transformación”, que sería la del Priato (1920-2000), una “dictablanda” o “dictadura perfecta” en cuanto régimen de partido único. En el 2000 comenzaría la “Tercera”, que no fue sino el Prianato (2000-2018), una democracia muy imperfecta —pero democracia al fin—, ahogada por las enormes corrupción e incompetencia y por la violencia que generó su guerra contra el crimen organizado; y en el 2018 arribó lo que se ha dado en llamar la “Cuarta Transformación” o más bien el Morenato (2018- ), que arrancó como una democracia un poco más madura que las anteriores, pero con una propuesta colmada de populismo demagógico, constatable en slogans como “el país está en quiebra”, “becarios en lugar de sicarios” o “el campo es la fábrica más importante”; comprobable en la obsesión por una austeridad económica a fin de impulsar infinitos programas asistencialistas y en consultas pseudodemocráticas que justifican medidas ya decididas de antemano, además de colmada también de “porfirismo”, dada la cuasi unanimidad legislativa bajo el lema de que “es un honor estar con Obrador” y hasta de “priatismo”, en virtud de la consigna de que “juntos haremos historia”.

Todas estas transformaciones fueron inauguradas por avasalladoras elecciones presidenciales, de mejor o peor calidad: en 1876, la de Porfirio Díaz; en 1920, la de Álvaro Obregón; en el 2000 la de Vicente Fox y en el 2018, aquélla abrumadora de López Obrador. Y en todas se intentó un rescate nacional específico. El Porfiriato quiso salvar a México de las incertidumbres y los grandes retos de la democracia. El Priato logró rescatar al país de la dictadura unipersonal, pero instaló en él otro tipo de dictadura. El Prianato pudo terminar con la “dictablanda” institucional, pero se caracterizó por sus inmensos errores y el Morenato busca ahora superar la profundísima corrupción y violencia del régimen anterior, apoyado en el mantra electoral muy discutible, pero triunfador, de que “nunca habíamos estado peor, ni podremos estarlo”.

A través de estas transformaciones, México se ha hecho cada vez más democrático, pero a pesar de las circunstancias, porque lo que parece que los mexicanos han anhelado siempre es una “cultura de la moralidad” en el plano político-estatal y no una “cultura de la legalidad” en ese mismo ámbito. Más que un “Estado de derecho”, ellos han perseguido —sobre todo ahora— un “estado ‘de gracia’”. El paradigma a imitar por el Poder Ejecutivo es el del uruguayo José Mujica y no el de figuras políticas como Ángela Merkel, Michelle Bachelet o Barack Obama.

El gran déficit de la democracia mexicana actual continúa siendo un raquítico estado de derecho y ello es efecto de la incomprensión y la muy escasa asunción de nuestra libertad como individuos y ciudadanos. No solamente se ha ignorado y despreciado al liberalismo, sino que se le ha erigido en el gran ogro histórico o en el “villano favorito” de nuestra historia integral. Pero no es él, el malvado condenable, sino el antiliberalismo o iliberalismo que tanto se ha resistido a abandonarnos y que hoy campea por el mundo entero, liderado por la presidencia de la democracia moderna más añeja y consolidada del orbe, la de los Estados Unidos de América.

 

* Profesor-investigador del Departamento de Sociología y Director de la revista Sociológica de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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