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Este gobierno necesita una “evangelización” de la ciencia

Poderes Ejecutivo y Legislativo deben comprender la importancia del sector de CTI para el desarrollo: Rafael Loyola. Esto, con miras hacia una nueva ley que fortalezca el FCCyT, añaden expertos.

Este gobierno necesita una “evangelización” de la ciencia  | La Crónica de Hoy

En el FCCyT se presentó la más reciente edición de la revista Forum que aborda el tema de la nueva Ley General de CTI.

La nueva Ley General de Ciencia Tecnología e Innovación es el tema más importante de discusión dentro de la comunidad vinculada a estas tres, coincidieron académicos reunidos en el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT). Esta nueva legislación deberá discutirse y aprobarse en este 2020, como parte de lo establecido en las reformas al artículo tercero constitucional.

En la ley se determinarán ejes vitales en la composición del sistema científico, tecnológico y de innovación, así como su gobernanza, financiamiento, comunicación a la sociedad y participación de la comunidad en la toma de decisiones. Este último punto es de remarcado interés para el FCCyT no sólo porque definirá su reestructuración, o extinción, sino porque, aunque perfectible, es el espacio autónomo con representación multinstitucional más importante para los científicos.

En conferencia, Gabriela Dutrénit, académica de la UAM Xochimilco y excoordinadora del Foro, dijo que los países más avanzados en el mundo cuentan con este tipo de instituciones, donde confluyen los sectores públicos, sociales y privados. “No podemos pensar en una nueva ley sin este espacio de participación pública de la ciencia, tecnología e innovación (CTI), donde confluyan estos actores”.

La especialista en Economía e Innovación es una de las autoras del más reciente número de la revista Forum, órgano de comunicación y difusión del FCCyT que tiene como título “Hacia una nueva Ley General de Ciencia Tecnología e Innovación”. Otro de los autores y participantes en la presentación de ayer fue Rafael Loyola, director del Centro del Cambio Global y la Sustentabilidad A.C., con sede en Tabasco.

El sociólogo refirió que el origen del FCCyT surgió de la preocupación de tener un espacio para la opinión de la comunidad de CTI, más allá de las instituciones que toman decisiones y con una meta en el largo plazo. “Si no logramos recrear instituciones con esa naturaleza el futuro para la ciencia y tecnología no será muy entusiasta”.

Añadió que un impedimento para alcanzar la fortaleza y dinámica de la comunidad  es mantener en las estructuras de gobierno una “visión de corte burocrático y autocrática de la ciencia”. Dijo que actualmente se busca cerrar las miradas sobre el país y la ciencia no es ajena a ello, por lo que “es deber y obligación de quienes buscamos una ciencia abierta, inclusiva y donde se piensen nuevas cosas, mantener espacios libres y autónomos”.

En este sentido, dijo, ­corresponde a la comunidad nacional asumir tareas como las que encabezan en Tabasco. “Debemos evangelizar a la actual administración pública sobre la importancia estratégica de la ciencia y tecnología, que está más sensible de las incomodidades que han generado, pero no podemos bajar la guardia, hay que insistir en la obsesión de tener una ciencia fuerte”.

De acuerdo con los medios y analistas, dijo, en esta administración “por alguna razón no les gustan los organismos de contrapeso, ésa es una realidad”. Parte de los desencuentros que han habido entre autoridades de Conacyt con sectores de la comunidad científica es parte de ello: “no es un asunto de mala fe, sino una concepción distinta del poder. Algunos están de acuerdo porque dicen que da velocidad; otros no, porque decimos que el país necesita contrapesos y diversificar los espacios”.

Esta “evangelización” o llamado al entendimiento de la importancia de la ciencia para el desarrollo no sólo debe llegar al Poder Ejecutivo, dijo por su parte Dutrénit, sino también al Poder Legislativo, que discutirá la ley general a lo largo de este año.

FORO 2.0. Los miembros del sector de CTI, añadió Loyola, encabezados por las universidades e instituciones de educación superior, deben buscar la permanencia del Foro en la nueva ley o buscar la creación de un espacio mejor. Julia Tagüeña, actual coordinadora de la institución, se refiere a este como el “Foro 2.0”.

“Tiene que haber una mejora, nadie discute eso ni piensa que debemos amarrarnos a lo que tenemos actualmente; todos vemos posibilidades de mejora e incluso nuestra mesa directiva trabaja en ello, con reuniones donde se analiza cuál debe ser el futuro y participación de la institución”.

Sobre el recurso de amparo que mantiene con Conacyt para la entrega de financiamiento, refirió que el proceso legal continúa y que mientras la ley actual se mantenga vigente el Foro Consultivo existirá, aunque con dificultades económicas. “No estamos empecinados en defender este Foro si se puede tomar lo mejor de éste y crear uno mejor, más incluyente y participativo. La nueva ley podría ser un paso hacia adelante”.

Por otra parte, Javier Flores —periodista de ciencia y fundador de Forum— destacó el papel del Poder Legislativo como interlocutor de la comunidad científica para hacer llegar sus ideas y propuestas al cuerpo de la nueva ley. “El artículo 73 faculta a los legisladores para elaborar la ley, no el Conacyt, no la subsecretaría de Educación Superior”. El columnista añadió que parte de la comunidad científica y el Conacyt han demostrado sus divergencias y coincidencias, no obstante, “no hay que engancharse en una serie de debates con quienes no están encargados de elaborar la nueva ley, sino aportar elementos a quienes sí, a los legisladores”.  

Los legisladores han demostrado que su discurso no es igual al de Conacyt, puntualizó, ya que incluso ellos “son más sensibles al mismo discurso presidencial plasmado en el Plan Nacional de Desarrollo”.

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