Opinión


Extinción de aves en Norteamérica

Extinción de aves en Norteamérica | La Crónica de Hoy

Continúo el ingrato rol de mensajero de la 6ª gran extinción masiva de biodiversidad en la historia de la Tierra resultante de actividades humanas. Toca el turno a las aves.

La extinción de especies define la crisis global de la biodiversidad, pero la extinción empieza con la pérdida de abundancia de individuos, resultante de los cambios en la composición y funciones de los ecosistemas inducidos por las actividades humanas. Con base en datos de múltiples e independientes redes de monitoreo para más de 500 especies de aves (76% de todas las especies, pero las más abundantes y de mayor distribución geográfica), la revista Science (https://science.sciencemag.org/content/366/6461/120) reporta el más exhaustivo y ambicioso estudio, a la fecha, para conocer la situación de estas poblaciones. De 1970 a la fecha se observa un 29% de pérdida de abundancia en América del Norte, un declive de casi 3 mil millones de individuos de las poblaciones de la mayor parte de las especies. Solamente algunas especies han logrado incrementar su abundancia, aparentemente porque lograron ocupar los espacios liberados por las especies antes dominantes.

En Europa la situación es equivalente, también con grandes pérdidas en la abundancia y distribución de las especies más comunes de aves, señalan los expertos de varias universidades y centros de investigación de Reino Unido, España, Francia, Italia y Alemania.

Aunque el estudio no pretende determinar las causas de la desaparición, se sabe que la pérdida de hábitats y la contaminación por agroquímicos de la agricultura industrial es la mayor responsable. Cosa hace mucho tiempo establecida por Rachel Carson en su profético libro de 1962, La primavera silenciosa, que toma su título del tranquilo silencio antinatural en un mundo que ha perdido sus aves debido a la contaminación: «En las mañanas, que alguna vez habían palpitado con el coro de petirrojos, cenzontles, palomas, arrendajos, cucaracheros y decenas de otras voces de aves al amanecer, ahora no había sonido».

Las especies comunes de aves son vitales para el funcionamiento de los ecosistemas, en el control de plagas, polinizadores, distribuidores de semillas y regeneradores de bosques. Cuando estas especies desaparecen es porque sus hábitats ya no existen o se degradarán funcionalmente por falta de ellas.

El declive de gorriones, zanates, mirlos, pinzones, oropéndolas, tordos u otras pequeñas especies de pájaros puede no ser tan vistoso ni recibir tanta atención como las pérdidas históricas del águila americana, el zopilote o la grulla canadiense, pero su desaparición tendrá mayores impactos adversos. Incluso las poblaciones de estorninos —especie que se convirtió en plaga luego de su introducción en 1890 en los Estados Unidos— ha perdido casi la mitad de su población en estos últimos 50 años. Las especies que muestran las mayores pérdidas son las de las praderas, pero se extienden por toda la región norteamericana incluyendo especies forestales, de zonas áridas, de tundra, de bosques boreales, generalistas, de humedales y costeras.

En suma, pérdida de hábitats y disponibilidad de alimento, así como uso intensivo y extensivo de plaguicidas son los mayores causantes de la extinción de aves. También, seguramente la contaminación electromagnética por redes de alta tensión y comunicaciones por radiotelefonía y ciberespacio (causalidad que podrá demostrarse en un futuro próximo).

 

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