Opinión


Extranjeros en la propia casa

Extranjeros en la propia casa | La Crónica de Hoy

Los mexicanos tenemos todos, una garantía fundamental: somos iguales ante la ley.

No existen —al menos en el papel—, los fueros ni las castas; no hay categorías excluyentes, no debe haber discriminación, no debe haber mexicanos de primera ni de segunda, tenemos libertad de religión, de culto, de empleo, de oficio y de tránsito.

Y esta última libertad se debe entenderán no en la gloriosa condición  de los peatones, sino en cualquier otra forma de transporte. Las leyes y reglamentos no deberían aplicarse en función del lugar de origen, ni de las personas ni de sus medios de transporte.

Por eso la más reciente ocurrencia de la señora regenta de la Ciudad de México —prohibir en la CDMX, la circulación de automóviles con placas de otras “entidades federativas”—, es básicamente discriminadora y de eso se encargarán los jueces cuando les lluevan los amparos en solicitud de cumplimiento del principio de universalidad de la ley.

Clasificar los derechos por la residencia de alguien, es limitante de la base esencial del Derecho, aun cuando éste no sea casi nunca materia de atención de la 4T, ni en esta ciudad ni en el poder federal.

Cuando Manuel Camacho era jefe del desaparecido Departamento del Distrito Federal, el salinismo impuso la verificación vehicular.

Cuando alguien le dijo sobre la posibilidad de ciudadanos amparados por la violación constitucional de su derecho al libre tránsito, Camacho dijo: la Constitución es para las personas; no para los automóviles, y se impuso el programa “Hoy no circula”. Pero para TODOS los automóviles, alternadamente por sus números de placa, más allá de su lugar de registro y placas.

Ninguno de los gobiernos posteriores modificó sustancialmente ese programa hoy inútil y fracasado, cuyo mejor resultado fue alguna vez la reducción del tránsito en zonas congestionadas. Al contrario: todas las administraciones posteriores, hallaron  en él,  una forma de exacción permanente para los propietarios de automóviles, y no redujo las emisiones tóxicas de las llamadas “fuentes móviles” de contaminación.

 

 Esta medida discriminatoria tampoco lo hará, porque su finalidad no es ecológica; es fiscal y mediática.

Los propietarios de automóviles cuyo precio los obliga al pago de impuestos sobre su uso y tenencia, hallaron un hueco de ahorro en el emplazamiento foráneo. Morelos fue la entidad más recurrida.

En lugar de establecer controles más estrictos para las emisiones (cosa innecesaria porque casi todos los autos emplacados en Morelos son de modelos recientes y no son altamente contaminantes, además de ser muy pocos), se comete la barbaridad de dividir a los mexicanos en residentes con derechos de uso y vehicular y “extranjeros” sin ese derecho.

—¿Por qué? Por simplismo, porque ante la falta de ideas, abundan las ocurrencias.

La única solución real para los problemas de circulación, congestionamiento y  contaminación, es parar el cincuenta por ciento de los vehículos cada día (pares y nones; lunes, miércoles y viernes y martes, jueves y sábados), Olvidarse de calcomanías “clasistas” de cero, doble cero, uno o dos y endurecer el “no circula” para todos.

Además, parar los transportes de mercancías durante el día (como ya se anuncia), agilizar la circulación con un programa masivo de estacionamientos para no usar las calles como tales —en detrimento de la movilidad—, y mejorar los combustibles. Si afuera de cada estación del Metro hubiera un  parqueadero; no un puesto de sudadero, muchos dejarían su auto antes de entrar al Centro, por ejemplo.

El anuncio de este plan, supuestamente para ejecutarlo el próximo año, evitaría la circulación de 50 mil autos con placas morelenses o de Guerrero y otras entidades. No significan nada, ni resuelven nada en materia de contaminantes. No son ni siquiera el 0.001 por ciento de las máquinas encendidas cada día. Es pura demagogia.

Jurídicamente no se evita la circulación de un auto; se discrimina a quien quiera usar un  auto “extranjero” en México.

No se veía tal desde Ramón Aguirre cuando dijo: “a quien no le guste la ciudad, pues que se vaya a otro lado, pero ya dejen de criticar”...

Luego quisieron hacer una ciudad de todos los mexicanos; más tarde una capital en movimiento y hoy una urbe innovadora y de derechos. Pero sin derechos para los “forasteros”. Una belleza.

CNDH.

El portazo del Señor Presidente a la CNDH y el acoso a la Comisión Reguladora de Energía, cuyo principal comisionado Guillermo García Alcocer fue empujado a la renuncia, son el preludio de una inminente extinción de ambos órganos autónomos. Y sigue la mata dando.

 

Twitter: @CardonaRafael
rafael.cardona.sandoval@gmail.com
elcristalazouno@hotmail.com

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