Opinión


Falaz carencia de contrapesos

Falaz carencia de contrapesos | La Crónica de Hoy

Un puñado de funcionarios públicos, políticos, legisladores, intelectuales, empresarios y artistas, engatusados por Javier Corral, anunciaron su lamentable renuncia a la condición de contrapesos democráticos del Presidente López Obrador.

Se trata de personajes cuyas voces, en mayor o menor medida, en lo individual y, en  algunos casos, de modo institucional, ya son escuchadas -y a veces atendidas- en las instancias de poder, incluida la Presidencia.

Desde esa posición de mexicanos con relativa influencia en la cosa pública, informaron sobre su intención de conformar “un grupo que sea contrapeso del gobierno”. Lo cual se antoja un contrasentido, aviso de abdicación o añagaza para provecho del convocante.

Contrasentido porque la totalidad de los incluidos en la lista del grupo forman parte de corporaciones públicas o privadas, o por su peso político específico tienen tribunas de opinión y su criterio sobre la vida pública es requerido por los medios.

Ninguno de estos políticos tradicionales –lo son todos, por más que les escueza el término y algunos se digan apolíticos, independientes, apartidistas, ciudadanizados y otras falacias– puede considerarse un ciudadano raso privado de espacio de actuación política.

Por lo mismo, la conformación de un combo dizque para equilibrar, pero en realidad para intentar inclinar la balanza debe ser tomado más bien como aviso de una abdicación; notificación de que cesarán de hacer lo que hacen. Y, por consiguiente, dejarán de ser lo que ya son: contrapesos políticos.

Y es, asimismo, tal pelotón, una estratagema de Corral para formarse en la fila india para 2024. Hilera, paradójicamente, compuesta por muchos de quienes dudan de que ese año habrá elecciones, pues nomás no hay fuerza capaz de disipar su convicción de que el tabasqueño tiene intenciones de perpetuarse en el mando.

En la maquinación de su maniobra, Corral intenta verles cara de tontos a los ciudadanos. Asegura, falaz, que no se trata de un grupo anti-AMLO, sino para hacer contrapeso. Que es decir, hacer fuerza para oponerse a las políticas de la 4T.

Está en su derecho de grillar al gobernador de Chihuahua, a condición de que no desatienda su chamba oficial ni engañe al respetable.

No está en su derecho, en cambio, de procurar una mentirosa equivalencia del naciente membrete con el amplio respaldo popular que, gústenos o no, tiene el Ejecutivo federal.

El bloque en que -­por cierto­- el chihuahuense incluyó de manera inconsulta, abusiva, a respetables figuras públicas, destacadamente Juan Villoro, surge para llevarle la contra por sistema al gobierno.

De haberse conformado desde comienzos de la administración el multicitado grupo, hubiera sido todo un espectáculo el ver a sus integrantes haciendo desfiguros para atravesarse de patas y manos en el camino de acciones gubernamentales con fuerte respaldo popular.

La estrategia antihuachicol, por ejemplo. O el destape de podrideros de corrupción en Pemex y la CFE. Tal intentan hacer con los superdelegados estatales, cuya gestión podría poner fin a las tarascadas de gobernadores y alcaldes a todos –todos– los rubros presupuestarios federales.

O, como no se cansan de exigir, una voltereta en la posición de México frente a Venezuela, así sea para atizar el conflicto y el asesinato unos a otros de los venezolanos, como ya ocurre con la patraña de la ayuda humanitaria.

Es de imaginarse que, con Jorge Castañeda a la cabeza, aplaudirían que el gobierno gringo coloca muros y alambre de púas y despliega millares de militares en la frontera con México –en las narices mismas de Corral– para rechazar a unas cuantas familias centroamericanas; pero condenarían la misma estrategia de preservación del indefendible Nicolás Maduro.

En julio pasado, cuando todavía no terminaba el conteo de votos que arrojó 53 por ciento a favor del candidato de Morena, algunas voces empezaron a hablar de falta de contrapesos, fantasmagórica carencia existente sólo en su
imaginación.

Bajo el título ¿Cuál falta de contrapesos?, en este espacio se dijo entonces que quienes se mostraban escandalizados por la supuesta falta de contrapesos eran, en realidad, profesionales de la insidia, aspirantes a acaudillar una oposición obcecada, a la venezolana. En esas andamos.

Debidamente credencializados por Corral ya están Gustavo de Hoyos, José Luis Barraza, Castañeda, Salomón Chertorivski, Martha Tagle, Emilio Álvarez Icaza, Cecilia Soto y Agustín Basave.

Y mientras el patético Vicente Fox –a quien ya nadie invita– alza la mano en busca de matrícula, a la voz de “yo quiero”, otros ya muestran distintivo corralista en la solapa: Luis Colosio Rojas, Fernando Belaunzarán, Guadalupe Acosta Naranjo, Juan Francisco Torres Landa, Rubén Aguilar

Entre los más entusiastas se cuentan Xóchitl Gálvez y Gustavo Madero, éste tan animado que ya vaticina la reedición en otros asuntos del debate legislativo sobre la Guardia Nacional, respecto del cual la oposición abriga la certeza de que consiguió torcerle la mano al Presidente.

Debate en el cual el partido de Corral exhibió su proverbial hipocresía.

El coordinador de diputados panistas –reseñan las crónicas–, Juan Carlos Romero Hicks celebró en tribuna los cambios a la iniciativa presidencial tras el ruidoso peloteo cameral. Lo hizo con desafuero: “¡Así sí, señor Presidente!”.

Sólo minutos después, sin embargo, el mismo legislador declaró a los periodistas que los mexicanos “dependemos del manotazo de un hombre, vivimos en una dictadura legitimada”. ¿Creerá, de verdad, el guanajuatense, semejante desmesura?

Fingen no percatarse los seguidores de Coral de que en lo personal ya son contrapeso. Tal como lo son también la prensa, los organismos empresariales –cámaras, Coparmex, Concamin, Canacintra, Concanaco, CCE, Consejo Mexicano de Negocios, etcétera–, los sindicatos, la iglesia, las centrales campesinas, las asociaciones civiles.

Y como lo son, asimismo, los poderes Legislativo y Judicial, los distintos órdenes de gobierno y hasta las agrupaciones de vecinos.

Desde sus respectivas trincheras ya forman parte del conjunto de instrumentos de control institucional, social o político del poder, plenamente vigentes, aunque invisibles para Corral y sus seguidores.

Se dicen convencidos de que, en toda democracia, el poder debe tener límites, contrapesos y equilibrios; sobre todo en circunstancias de poder concentrado en una sola persona.

No nos dejemos engañar. Profesionales de la grilla andan a la búsqueda de nuevas formas para tratar de doblar al
Ejecutivo

Aspiran a ser las versiones mexicanas de Henrique Capriles, Leopoldo López, Antonio Ledezma, Lilian Tintori, Henri Falcón y algunos más.

Y a reeditar en estas tierras la mesa de negociación que fue dolor de cabeza de Hugo Chávez y tiene contra las cuerdas a Maduro. Aspiran a hacer realidad su tan vaticinada venezolanización de nuestro país.

 

Aurelio Ramos Méndez
aureramos@cronica.com.mx

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