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Feminismo en España y en México: Dos maneras de luchar por un mismo objetivo

Crónica de una reportera española sobre su experiencia como activista en su país y en la Ciudad de México, donde vivió las protestas del 16 de agosto y lo que ocurrió después

Feminismo en España y en México: Dos maneras de luchar por un mismo objetivo | La Crónica de Hoy

El feminismo en España y en México tiene maneras muy diferentes de expresarse, aunque los dos tienen un nexo común: La indignación que despertaron dos mediáticos casos de violación grupal, en los que estaban implicados miembros de los cuerpos de seguridad, puso de manifiesto que nuestra paciencia tiene un límite.

Después del caso de la Manada, en el que cinco hombres violaron a una joven de 18 años en Pamplona (norte de España) hace tres años, se produjo un cambio en la manera en la que se percibe el feminismo en la nación ibérica. Dejó de ser la lucha de cuatro radicales exageradas, que nos juntábamos cada 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) y no ocupábamos ni media plaza del pueblo, para convertirse en movimiento masivo. Las que llevábamos años saliendo a la calle a luchar contra la desigualdad, lo vivimos como un gran triunfo del feminismo y, desde entonces, esperamos que esto se repita en cada rincón del mundo. El último Día de la Mujer, una marea violeta inundó las calles de todas las ciudades y pueblos del país. Nosotras colapsamos la Gran Vía de Barcelona, en una manifestación histórica, en la que 350 mil personas dijimos ¡basta! al machismo y, sobre todo, alzamos la voz contra las agresiones sexuales.

Las manifestaciones feministas en España, en especial contra la violación múltiple de la Manada se han convertido en una especie de fiesta a favor de la igualdad. Antes de las marchas, quedas con tus amigas para pintarte la cara de violeta y hacer las pancartas. Durante el recorrido hay música y suenan tambores. Las madres llevan a sus hijas, para enseñarles desde bien pequeñas a luchar por sus derechos, y las abuelas nos aplauden desde el balcón de sus casas, junto a sus maridos, porque siguen sin creerse que todavía tengamos que seguir exigiendo la igualdad real en 2019.

Cuando el Ángel se tiñó de violeta. Las feministas en España somos más pacíficas porque podemos serlo. La lucha por los derechos de las mujeres tiene un apoyo masivo, incluso el de los hombres. Hasta la huelga de trabajo del 8 de marzo, a pesar de que no tiene un seguimiento mayoritario, logró afectar a muchos sectores económicos. Las universidades cierran, muchas de nosotras no vamos a trabajar e, incluso mi abuela no realizó ninguna tarea doméstica esa jornada. Ese día pudimos demostrar que somos la mitad de la población de este planeta y que sin nosotras el mundo se para.

Cuando llegué a la Ciudad de México ya sabía que aterrizaba en uno de los lugares más peligrosos para ser mujer; exactamente ocupa el puesto 60 en el ranking de los 80 peores países para vivir siendo mujer, según el portal web US News & World Report de 2019. Pero la realidad siempre supera a lo que te puedan contar.

Por eso, cuando el 16 de agosto salieron miles de mujeres a protestar contra la violación de una joven por parte de cuatro policías y contra la pasividad de las autoridades, pese a estar gobernada la capital por una mujer —Claudia Sheinbaum— que alzó la bandera feminista durante su campaña, no pude más que apoyarlas, porque en eso consiste la sororidad (hermandad entre mujeres). Lo ocurrido en Ciudad de México ofrece otra cara de las manifestaciones feministas que nunca tuve la oportunidad de ver, hasta que hace dos meses llegué aquí.  Las protestas son más reivindicativas, agresivas y mucho más  espectaculares. Las feministas mexicanas se enfrentaron a la policía y las autoridades, las insultaron y les tiraron brillantina violeta, que por alguna razón que todavía no me explico fue lo que más las ofendió. Las reclamaciones feministas en España se escuchan porque somos muchas las que gritamos. Las mexicanas, en cambio, necesitan hacer mucho más ruido si quieren conseguir lo mismo. En las protestas del viernes 16, prendieron fuego a estaciones del metrobús, rompieron cristales y hasta tiñeron de morado el símbolo nacional, el Ángel de la Independencia, sobre el que escribieron la frase: “México Feminicida”. Los medios de comunicación y, también, parte de la opinión pública las calificaron de violentas. Dijeron que con sus acciones se habían pasado de la raya y que su actitud invalidaba sus argumentos. Pero la diamantina se quita, los cristales se reponen, las calles se pueden arreglar y volverán a ser como antes. Sin embargo, la vida de esa mujer no podrá repararse nunca.Gracias a sus actos, consiguieron ser la portada de todos los periódicos del país y su lucha se vio reflejada en los medios internacionales. Para bien o para mal, por una vez, se habló del movimiento feminista mexicano.

Nueve mujeres asesinadas al día. Desgraciadamente, tuvieron que suceder los incidentes violentos del viernes para que alguien oyeran sus reivindicaciones. El 66 por ciento de las mexicanas afirma haber sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, pero eso no abre los informativos. No es portada el dato de que, en los primeros ocho meses de 2019, se abrieron 22 mil 749 investigaciones por algún delito sexual contra mujeres, de las cuales 2 mil 500 pertenecen al Estado de México, según cifras oficiales del gobierno federal. Tampoco que en promedio se asesinan nueve mujeres al día en el país, según la ONU, o que el Estado de México ocupa el segundo lugar en muertes violentas, 53 mujeres murieron este año, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Aunque a decir verdad, los datos de violencia de género en España son igual de alarmantes y tampoco tienen la repercusión que merecen.

 

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