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Fue víctima de acoso sexual en el bar Kinky; no activaron protocolos

María, una joven de 24 años, fue agredida sexualmente; empleados del lugar y policías capitalinos le niegan su ayuda; el agresor escapó.

Fue víctima de acoso sexual en el bar Kinky; no activaron protocolos | La Crónica de Hoy

Ante la negativa y malos tratos la joven decidió abandonar el sitio sin poder tener alguna ayuda, ni de los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana ni de algún trabajador del bar.

[ Mariana Martell ]

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En la Ciudad de México, por lo menos en la Zona Rosa, no se están activando los mecanismos para frenar la violencia de género, como lo prometieron las autoridades.

El fin de semana pasado, un sujeto, sin importar que hubiese gente a su alrededor, manoseó a María, una joven de 24 años, quien identificó a su agresor y pidió a los encargados de seguridad del bar Kinky, así como a policías capitalinos, detener al sujeto; sin embargo, los empleados lo dejaron ir, puesto que argumentaron que no era su labor. En el 911 respondieron que una patrulla atendería el caso. No fue así.

El agresor se fue del lugar como si nada; mientras que María está viviendo un calvario al tratar de denunciar lo que vivió. Ha recorrido dependencia tras dependencia tratando de que se le haga justicia. 

Todo comenzó el 8 de diciembre pasado, cuando María acudió al bar Kinky, ubicado en la calle Amberes 1 esquina con Paseo de la Reforma, para festejar el cumpleaños de una de sus amigas.

Durante su estancia en el sitio fue agredida sexualmente por un hombre que se encontraba en estado de ebriedad.

María de inmediato solicitó la ayuda del personal del bar para poder detener al agresor; sin embargo, tanto el gerente del lugar, meseros y personal de seguridad, se negaron a detener al hombre ayudándole a escapar y a actuar con completa impunidad.

La joven solicitó ayuda al número de emergencia 911; pidió que se enviara una patrulla, la más cercana, pero lamentablemente el vehículo de la policía nunca llegó, a pesar de que a unas cuadras se encuentra el edificio sede de la SSC, desde donde se opera el Centro de Mando de la Policía capitalina.

Alrededor de la 01:00 de la madrugada, María salió del baño en compañía de unas amigas y fue en ese momento, cuando se dirigía a su mesa, que el hombre de aproximadamente 25 años de edad y en estado de ebriedad la agredió sexualmente. María alcanzó a sujetarle la mano al agresor y, fue en ese momento que lo identificó.

Inmediatamente solicitó la ayuda del personal de seguridad del bar para detener al hombre y poder remitirlo a las autoridades.

Primero pidió auxilio a los meseros. No tuvo suerte; incluso uno de ellos reportó el hecho al gerente, quien respondió que se encontraba ocupado.

Todo lo anterior mientras una de sus amigas forcejeaba con el agresor para impedir que se fuera.

Pasaron 10 minutos para que el personal de seguridad del establecimiento interviniera en los hechos; fue en ese momento que los guardias sacaron al sujeto entre empujones y gritos de los comensales, quienes exigieron que lo detuvieran por su falta.

María insistió a los elementos de seguridad privada que no lo dejaran ir, puesto que ya había marcado al 911 y no tardaría la ayuda policial.

Uno de los amigos del agresor apareció y empezó a empujar e impedir que María y su amiga insistieran en la detención del agresor, quien tras los hechos y la ayuda de su comparsa, logró escabullirse sin que el personal del bar pudiera impedirlo.

Pese a ello, María siguió a su agresor hasta la puerta del establecimiento, y ahí le rogó al cadenero que detuviera al hombre que la había agredido; sin embargo, el empleado le comentó, con actitud prepotente: “Mira yo no puedo retener a ninguna persona porque lo que haya pasado, pues pasó afuera, entonces no puedo hacer nada ya lo sacamos y lo vamos a dejar ir, ya mejor métete, ya se va”.

El agresor solicitó un taxi y huyó en compañía de su amigo.

Decepcionada, María intentó ingresar al Kinky de nuevo para recoger sus cosas y poder irse, pero el personal de seguridad se lo impidió y le pidió volver a pagar su cover, esto a pesar de que la joven les explicó sobre la agresión sexual que vivió.

María, quien solicitó al 911 una patrulla, permaneció casi dos horas en el exterior del establecimiento en espera de la unidad MX-135, que nunca llegó al sitio. Y ante la tardanza, se acercó a los policías capitalinos: Julio Cesar Moreno Santana, Ricardo Cruz González y Santiago Lorenzo Jesús, a quienes también solicitó apoyo. No se la brindaron. Argumentaron que ellos sólo se encontraban realizando un rondín a pie en la zona y que al no contar con el agresor no podían remitir a nadie al Ministerio Público, razón por la cual le recomendaron dejar las cosas “por la paz e irse a su casa”.

María, impotente y desgastada, regresó al bar para solicitar el nombre del gerente y del personal que había dejado ir a su atacante, motivo por el cual, por la fuerza y con violencia, fue sacada del lugar por empleados de Kinky.

Al cabo de una hora, el gerente de Kinky, quien se identificó como Juan Carlos Ortiz, le dijo: “No podemos hacer nada con lo que te pasó; ya te lo mencionó el personal de seguridad. Si estás tan enojada, pues ve y levanta tu denuncia o haz lo que quieras, aquí te esperamos con tu denuncia si no la tienes, pues lamentablemente ya no podemos hacer nada. Y si no te importa tengo muchas cosas qué hacer, así que te pido que te retires”.

Ante esta negativa y malos tratos la joven decidió abandonar el sitio sin poder tener alguna ayuda, ni de los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana ni de algún trabajador del bar.

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