Cultura


García Márquez escribió 10 textos previos para su novela "Del amor y otros demonios"

HISTORIA. A 14 años de su fallecimiento, acontecido el 17 de abril del 2014, Crónica revisó seis de los 10 escritos previos a la publicación de Del amor y otros demonios para dar cuenta de algunas modificaciones que realizó el autor y se encuentran en el archivo digital Harry Ransom Center, The University of Texas at Austin

García Márquez escribió 10 textos previos para su novela

El 26 de octubre de 1949 Gabriel García Márquez, entonces reportero de El Universal de Cartagena, escribió a cerca de un perro que encontró a un niño degollado en un basurero del Barrio la Esperanza y no sobre la exhumación en el Convento de las Clarisas, según la crónica que publicó el escritor colombiano Gustavo Arango y del que da cuenta, el periodista colombiano Ernesto McCausland en una entrevista que le realizó al Premio Nobel de Literatura 1982.

“Ese día para mí no tuvo la importancia que tiene ahora”, respondió García Márquez en aquella entrevista, refiriéndose a que en 1994 publicó su novela Del amor y otros demonios, en la cual afirma que ese día “no fue un día de grandes noticias” en Cartagena y por lo cual retomó esa fecha para iniciar su novela.

No obstante, este prólogo en el que nos cuenta que cubrió las exhumaciones de tres generaciones de obispos y abadesas del histórico convento de Santa Clara no estaba incluido en por lo menos los tres primeros “originales” de los diez que escribió antes de la “última versión”, con la que se realizó la prueba de imprenta y que permanece en el archivo digital Harry Ransom Center, The University of Texas at Austin, que cuenta con 27 mil 500 artículos de los artículos del escritor de Cien años de soledad.

A 14 años de su fallecimiento, acontecido el 17 de abril del 2014, Crónica revisó seis de los 10 escritos previos a la publicación de Del amor y otros demonios para dar cuenta de algunas modificaciones que realizó el autor. El archivo digital, donde se consultaron dichas obras, “incluye borradores manuscritos de trabajos publicados e inéditos, material de investigación, fotografías, álbumes de recortes, correspondencia, recortes, cuadernos, guiones, material impreso, efímeros y una grabación del discurso de aceptación de García Márquez el Premio Nobel de Literatura en 1982”, describe el propio sitio.

En el primer párrafo del capítulo uno, únicamente cambia el modo de referirse a la acompañante de Sierva María de Todos los Angeles, hija única del marqués de Casalduero, quien va junto a una “criada mestiza” a comprar cascabeles. “Criada mestiza fue corregido a mano en el octavo original a “criada india”, como salió impreso en el noveno original y en el que volvió a corregir a mano como “sirvienta mulata”, forma de la quedó finalmente.

El segundo párrafo comienza exactamente igual en todos los “originales”, pero se fue modificando a lo largo de ellos.

Tenían instrucciones de no pasar del Portal de los Mercaderes, pero la criada se aventuró hasta el puente levadizo del arrabal de Getsemaní, atraída por el escándalo del puerto negrero, donde estaban rematando un cargamento de cautivos de Guinea, los más solicitados y mejor pagados por recios y obedientes. El barco de la Compañía Gaditana de Negros era esperado con alarma desde hacía una semana, por haber sufrido a bordo una mortandad. Habían echado al agua los cadáveres sin lastre, y las playas del Arsenal amanecieron cubiertas de los cuerpos hinchados de hombres, mujeres y niños. La idea de que había a bordo un rote de alguna peste africana determinó que las autoridades del puerto pusieran el barco en cuarentena frente a los fuertes de la Boca Checa, hasta comprobar que en realidad habían envenenado con un despacho de fiambres podridos.  Había atracado son grandes ruidos la noche anterior, mientras desembarcaban los últimos enfermos, y habían abierto el remate.

Primer original

 

Tenían instrucciones de no pasar del Portal de los Mercaderes, pero la criada se aventuró hasta el puente levadizo del arrabal de Getsemaní, atraída por la bulla del puerto negrero, donde estaban rematando un cargamento de esclavos de Guinea. El barco de la Compañía Gaditana de Negros era esperado con alarma desde hacía una semana, por haber sufrido a bordo una mortandad inexplicable. Tratando de esconderla habían echado al agua los cadáveres sin lastre. El mar de leva los sacó a flote y amanecieron en la playa desfigurados por la hinchazón y con una rara coloración solferina. La nave fue anclada en las afueras de la bahía por el temor de que fuera un brote de alguna peste africana, hasta que comprobaron que había sido un envenenamiento con fiambres podridos.

Versión final, impresa

 

Los cambios continúan conforme va avanzando el texto, de igual forma que aparecen y desaparecen párrafos completos e incluso la duda del autor sobre dónde comenzar el siguiente capítulo si en cuanto el marqués llega con Bernarda y la encuentra en uno de sus días de bilis negra o afirmando el desconocimiento que había sobre en cómo el marqués había llegado al grado de indiferencia que tenía ni por qué concretó un matrimonio tan mal avenido. De hecho, el segundo capítulo abría con un párrafo previo al que conocemos.

Ellos mismos no hubieran podido explicar cómo habían llegado a odiarse tanto, hasta el punto de que a veces se olvidaban de la niña, y no querían por no querer a la parte que ella tenía del otro.

Primer original

 

En el segundo capítulo también hay una anotación en la que García Márquez apunta que se tiene que sacar un diálogo para incluirlo en el tercer capítulo, mismo en el que la primera diferencia es el detalle en la descripción sobre el convento de Santa Clara.

Había dos secciones opuestas; en la derecha era libre y allí estaban todos: la escuela, las fábricas, el servicio general. En el de la izquierda, estaba el pabellón de las enterradas vivas.

En el segundo piso de la sección derecha estaban las salas de costura, y un pabellón apartado con celdas duras que había sido cárcel de la inquisición, y había quedado como cárcel de monjas.

En el tercer piso, del lado del mar, estaba el pabellón de las enterradas vivas, en un silencio de la muerte apenas perturbado por el resuello de la resaca en los acantilados y los rezos y cánticos de las horas canónicas. En el lado opuesto, al fondo un corredor sombrío, estaba la casa de servicio.

Primer original

 

El edificio estaba dividido por el jardín en dos bloques distintos. A la derecha estaban los tres pisos de las enterradas vivas, apenas perturbador por el resuello de la resaca en los acantilados y los rezo y cánticos de las horas canónicas. Este bloque se comunicaba con la capilla por una puerta interior, para que las monjas de clausura pudieran entrar en el coro sin pasar por la nave pública, y oír misa y cantar detrás de una celosía que les permitía ver sin ser vistas. El precioso artesonado de las maderas nobles, que se repetía en los cielos de todo el convento, había sido contraído por un artesano español que le dedicó media vida por el derecho de ser sepultado en una hornacina del altar mayor (…).

Versión final, impresa

 

En este capítulo también varía el número de monjas de clausura, pues originalmente eran 22, incluidas la abadesa y su ministerio, así como quince criollas de las grandes familias del virreinato y finalmente quedaron 82 monjas españolas, todas con sus servicios, y treinta y seis criollas de las grandes familias.

Asimismo, en la primera versión, García Márquez había decidido que Sierva María entraba al convento 98 días después de haber sido mordida por el perro; de igual forma, en este original el primer contacto entre las novicias y Sierva María fue pasando las once de la noche, en que dos de ellas la vieron en el banco de piedra y decidieron preguntarle por qué llevaba tantos abalorios de alquimia, cosa a la que ella no contestó, pero sí las “las miró de frente con sus ojos glaciales”. Mientras que la versión final dice:

Fue en la última celda de ese rincón de olvido donde encerraron a Sierva María, a los 93 días de ser mordida por el perro y sin ningún síntoma de rabia.

(…)

Dos novicias que pasaron después se interesaron por sus collares y sus anillos, y le preguntaron quién era. Ella no contestó. Le preguntaron si sabía castellano, y fue como hablarle a un muerto.

 

Y entre los párrafos y diálogos enteros que desaparecen, se eliminó de este capítulo una discusión entre Dulce Olivia y el marqués -que se incorpora mucho más amplia en las últimas hijas del libro-, cuando él mostraba arrepentimiento de haber dejado a Sierva María, antes de dirigirse con Abrenuncio para decirle que había dejado a la niña en Santa Clara para ser exorcizada.

El cuarto capítulo tiene un post-it naranja en el que dice: “Este 4 cap. hay que igualarlo con el del disco duro, y dejarlo para la copia de archivo”, por el cual no se pueden leer las palabras con el que empieza, pero se aprecia que comienza exactamente igual, con la diferencia de que Monseñor Alcino De Laura fue nombrado en la versión final como Cayetano Alcino del Espíritu Santo Delaura y Escudero (Fray Cayetano), quien en la primera versión no mira el eclipse y en la última, dice:

“En qué piensas?, le preguntó.

Delaura no contestó. Vio el sol como una luna menguante que le lastimó la retina a pesar del cristal obscuro. Pero no dejo de mirar.

“Sigues pensando en la niña, dijo el obispo.

Cayetano se sobresaltó, a pesar de que el obispo tenía aquellos aciertos con más frecuencia de la que hubiera sido natural.

“Pensaba que el vulgo puede relacionar sus males con este eclipse, dijo.

El obispo sacudió la cabeza sin apartar la vista del cielo.

“¿Y quién sabe si tiene razón?, dijo. “Las barajas del señor no son fáciles de leer”

 

Derivado de este cambio respecto al eclipse, el encuentro de Sierva María con Delaura tiene circunstancias distintas, e incluso la conversación con la niña cambia.

De Lauria asimiló el golpe. Cuando se quedó solo, se sentó en el borde de la cama y revisó a Sierva María con la atención de un médico (…) Conmovido, le ungió las heridas con bálsamos, le hizo esto y lo otro, y mientras lo hacía le hablaba de cosas lindas. Le vio la mordedura del perro: estaba sana, casi invisible. (…) (diálogo).

Primer original

 

Cuando la guardiana le abrió la celda de Sierva María, Delaura sintió que el corazón se le reventaba en el pecho y apenas si podía tenerse en pie. Sólo por sondear su humor de esa mañana le preguntó a la niña si había visto el eclipse.

Versión final, impresa

 

Este encuentro y lo que sucede después también es completamente diferente, por ejemplo, De Laura regresa con el obispo arañado de la cara y con un mordisco en el primer original, cosa que no sucede en la versión final, ni involucra a Martina, una compañera de Sierva María en el convento.  En éste tampoco llega el nuevo virrey don Rodrigo de Buen Lozano con su esposa, ni recorren el convento, aunque los personajes discuten acerca del parche en el ojo que trae De Laura.

Los cambios al texto y a la historia que comienzan a verse en el capítulo cuatro continúan hasta el quinto y último del texto, pero en ambos, De Laura sí se escapa del hospital para buscar colarse en el convento, aunque, de nuevo, las situaciones cambian sin modificar completamente la historia ni el desenlace.

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