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Grandes desarrollos no entienden el valor del Acuífero Maya: Guillermo de Anda

Conferencia. Durante el Primer Coloquio de Arqueología del Gran Acuífero Maya, el arqueólogo mencionó hallazgos como la evidencia de uso de pino por los mayas de Chichén Itzá, la identificación de restos de 12 primeros habitantes de América en aguas de la Península de Yucatán y la identificación de un cenote con funciones de observador astronómico

Grandes desarrollos no entienden el valor del Acuífero Maya: Guillermo de Anda | La Crónica de Hoy

El Coloquio del Gran Acuífero Maya se realizó ayer en el Museo Nacional de Historia.

"El Gran Acuífero Maya es la geografía de lo invisible, es lo que la gente no ve y que muchas veces no entienden los grandes desarrollos”, comentó ayer Guillermo de Anda, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante el Primer Coloquio de Arqueología del Gran Acuífero Maya. Travesía al corazón de la Tierra.

En el evento, que se celebró ayer por la noche en el Museo Nacional de Historia, el especialista compartió algunos avances hechos en el proyecto que lidera: Gran Acuífero Maya (GAM).

De Anda mencionó hallazgos como la evidencia de uso de pino por los mayas de Chichén Itzá, la identificación de restos de 12 primeros habitantes de América en aguas de la Península de Yucatán y la identificación de un cenote con funciones de observador astronómico.

Sobre el uso de pino, dijo que encontraron restos de ese material orgánico en una vasija, al interior de la cueva de Balamkú, ubicada a 2.7 kilómetros al este de la pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá, Yucatán.

“Estamos viendo en función de nuestros resultados de carbono 14 que acabamos de obtener es que la cueva fue un ritual de desacralización. Muchos artefactos que se conservan ahí contienen lo que se puso para quemar y que el humo llegara a las deidades, se ve que hubo una gran desesperación por hacer llover, porque tenemos presente al dios de la lluvia que es Tláloc, que es un dios extranjero y estamos tratando de saber por qué”, dijo.

El experto obtuvo el resultado de tres muestras de carbón de la cueva Balamkú, una reflejo  antigüedad de 825 d.C., es decir, anterior a Balamkanche.

“Luego tenemos los años 1088 y 980, lo que nos dice esto es que son 200 años de depósitos rituales o de ofrendas dentro de los incensarios porque estamos analizando el contenido de los mismos”, comentó.

Son 200 años de quemar algo y al parecer es pino, añadió. “Estamos haciendo comprobaciones de la especie de madera que tenemos. Nos sorprende que sea pino, porque no hay pino en la zona”.

El arqueólogo refirió que se habla del uso del pino en Belice y Guatemala, pero no en Yucatán.

EN BUSCA DE UN QUINTO CENOTE. Durante su ponencia, De Anda también refirió que el Gran Acuífero Maya es la geografía de lo invisible y por eso, actualmente han mapeado 1650 kilómetros.

“No sólo es agua ni un sitio con magníficos espacios, es un enorme lugar o reservorio de material arqueológico. Los primeros pobladores de América están presentes en este sitio. En América hay menos de 60 esqueletos de hombres tempranos y en el Gran Acuífero Maya hay 12. El nivel de conservación es único y estamos haciendo un gran esfuerzo para poder entenderlo mejor”, indicó.

El arqueólogo también habló del cenote Holtún, uno de los cuatro hasta el momento identificados debajo de la pirámide llamada Castillo de Chichén Itzá.

“Holtún es un cenote que muy probablemente sirvió como observatorio astronómico, es una propuesta de Arturo Montero de que el cenote fue usado en 24 mayo y 19 julio porque esas fechas marcan el principio de la siembra, porque después llega la temporada de lluvias”, señaló.

En palabras de Guillermo de Anda, Holtún “es un lugar increíble que en algunas fechas del año se ve un paso de luz impresionante que se observa durante el paso cenital del Sol”.

Además, en este lugar existe una ofrenda a 10 metros de profundidad que habla de un cambio climático que se generó en el clásico terminal, es decir, en el siglo X.

“Esto porque el depósito contiene restos de fogatas, material orgánico y tres puntas de raya. Estas últimas eran usadas para introducirse en el pene, hacerlo sangrar y hacer una especie de imagen para hacer llover, lo cual no nos deja lugar a dudas de que era un lugar ritual”, explicó.

Actualmente el equipo del Gran Acuífero Maya está en búsqueda de un quinto cenote sagrado en torno al Castillo de Chichen Itzá.

“Iniciamos una búsqueda hace tres años y medio de un quinto cenote. Alrededor del Castillo de Chichén Itzá hay cuatro cenotes debajo. Hay un quinto que no hemos visto, pero que por métodos geofísicos el doctor René Chavez de la UNAM detectó que había un enorme hueco ahí”, dijo.

Hemos estado tratando de encontrar una entrada y ya tenemos un plan que someteremos al Consejo de Arqueología próximamente, añadió.

El arqueólogo también compartió que hallaron dos grandes oquedades, uno es un vacío natural del edificio y la otra posiblemente sea un entierro.

“No se puede explicar y probablemente podría ser un enterramiento. Además hemos localizado minas de tierra blanca y parece ser que los antiguos mayas de Chichén Itzá están construyendo cuevas artificiales para tener más sitios sagrados en lugares en que ellos los necesitan por alguna razón”, destacó.

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