Escenario


Guasón: Apología de la locura y el crimen

La trama transcurre a principios de los ochenta y se centra en la figura de Arthur Fleck (Phoenix) y su transformación al pasar de ser un potencial suicida, a convertirse en un psicópata carismático y homicida

Guasón: Apología de la locura y el crimen | La Crónica de Hoy

En 2017, DC/Warner revela la futura producción de un filme centrado en uno de sus más afamados villanos, el Joker (conocido en nuestro país como el Guasón). Dicha producción sería dirigida por Todd Phillips, quien además se haría cargo del guion junto con el escritor Scott Silver, y sería coproducida nada menos que por Martin Scorsese (quien por otros compromisos abandonaría el proyecto un año después, siendo sustituido por Emma Tillinger). Para el estelar, a mediados del año pasado, se anunció oficialmente que el Payaso del Crimen sería interpretado por el actor Joaquin Phoenix.

Para la trama, Phillips y Silver tomaron como inspiración diversas fuentes, entre las que figuran la novela gráfica Batman: La Broma Mortal (Batman: The Killing Joke, 1988) escrita por Alan Moore e ilustrada por Brian Bolland), así como algunas obras del propio Scorsese, principalmente Taxi Driver (1976) y El Rey de la Comedia (1982).

Dicha trama transcurre a principios de unos ochenta muy alejados de la mirada cándida y nostálgica que impera en otras películas y series de TV; y se centra en la figura del pobrediablesco Arthur Fleck (Phoenix), un hombre al cual la vida no le ha sonreído: vive junto con su madre enferma (Frances Conroy) en un ruinoso edificio de un barrio miserable de Ciudad Gótica y se gana la vida contratándose como payaso para diversos eventos, mientras intenta levantar su incipiente carrera en el mundo de la comedia Stand-Up, anhelo fomentado por la admiración (rayana en devoción) que siente por Murray Franklin (Robert De Niro), un exitoso presentador de un programa televisivo, el cual sintoniza todas las noches en casa.

Aunado a su paupérrima situación socioeconómica, Arthur acarrea consigo otros problemas: padece un desorden que le produce risa incontrolable cuando se pone nervioso, le cuesta trabajo conectar con la gente y los pocos “amigos” que tiene en realidad se aprovechan de él a sus espaldas; y en general siente que el mundo lo ignora, lo desprecia y se burla de su desgracia. Ha buscado ayuda psicológica a través de una terapeuta, pero ésta es incapaz de auxiliarle.

Su ira y resentimiento hacia la apatía y poca amabilidad de la sociedad que lo ha marginado sigue acumulándose, alimentados por repetidas decepciones y situaciones en las cuales resulta víctima de burlas crueles y ataques violentos. Todo esto, aunado a una serie de sucesos en cadena que se le vienen encima; hacen que gradualmente se disocie del resto del mundo y pierda lo poco de cordura que le queda, pasando de ser un potencial suicida, —tras una catártica transformación— a convertirse en un psicópata carismático y homicida que encuentra en la muerte y la destrucción su liberación y el reconocimiento ansiados.

De forma simultánea, Ciudad Gótica se encuentra sumergida en una compleja crisis a causa del desempleo; huelgas, crimen y pobreza, creando inestabilidad social y un enorme descontento entre el grueso de sus pobladores, quienes atribuyen estas problemáticas a la enorme injusticia social imperante. Tal descontento ha creado un ambiente tenso y explosivo. La aparición del Guasón viene a ser la llama que hace estallar ese polvorín, y sus pobladores se entregan a una histeria creciente que desemboca en caos imparable.

Y es aquí de donde cojea la película: cuando de la dramática historia sobre un hombre desafortunado, quien a causa de la frialdad y la insensibilidad de su sociedad termina por caer en el abismo de la locura y se transfigura en un multiasesino anárquico y amoral temido por dicha sociedad que —sin saberlo— propició su nacimiento; pasa a convertirse en una cuestionable apología de la locura de ese personaje, no sólo al justificar de modo maniqueo sus crímenes (dejando ver que toda la gente que asesinó, de alguna forma se lo merecía), sino además erigiéndolo (sobre todo en los últimos minutos de la cinta) como un héroe de las masas, a medio camino entre una especie de delirante Robin Hood justiciero que castiga a la clase adinerada, y una retorcida versión de Anonymous, reflejada en sus acciones radicales con las cuales pretende llamar la atención sobre la indiferencia y vilipendio con los que los poderosos tratan a las personas. Es decir, el Guasón es (gracias a los convencionalismos del subgénero de los cuales la obra no puede desembarazarse por completo) promovido de villano, a la categoría de héroe popular, contradiciendo la verdadera naturaleza del personaje, y dando al traste con la premisa original.

Otra cosa que lastra al largometraje, es tener detrás todo el tiempo la sombra del Hombre Murciélago, lo cual termina por pesarle y no permitirle crecer. De hecho, meter a cada momento la presencia de los Wayne termina por volverse engorroso, y le sobra cierta escena que alude directamente al origen de Batman, y que era innecesaria y redundante.

En contraparte, el trabajo (físico e histriónico) desplegado por Phoenix para dar vida al desencantado, melancólico e introvertido Arthur (así como a su delirante alias) es estupendo, y con mucho, es lo mejor de toda la película. Un gran trabajo de estudio y desarrollo dramático de personaje que hace valer el boleto, sólo por verle. Y por ello tendrá asegurada —al menos— la nominación al Oscar.

En un balance final, Guasón no resulta ser del todo el filme innovador, transgresor y ultraviolento que prometía ser. Más bien su valor radica en ser una antesala a nuevas (y fascinantes) posibilidades para ser exploradas por el subgénero de superhéroes (y supervillanos), dando oportunidad a otras visiones y voces que aporten tanto diferentes miradas como formas de abordarlos para enriquecerlo y llevarlo a un siguiente nivel.

 

Comentarios:

Destacado:

LO MÁS LEÍDO

+ -