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“Hay conciencia del cambio climático; de la extinción masiva de especies, no”: Julia Carabias

“Sabemos dónde están las broncas medioambientales, pero el cambio cultural es más lento que el deterioro”, señala en conferencia la bióloga mexicana.

“Hay conciencia del cambio climático;  de la extinción masiva de especies, no”: Julia Carabias | La Crónica de Hoy

Ayer, la Reserva de Montes Azules cumplió 42 años de haber sido declarada zona protegida. (Foto: Archivo)

La buena noticia cuando se habla sobre medio ambiente es que la educación ambiental avanza en todo el mundo. La mala noticia es que la destrucción de los ecosistemas avanza más rápido. Hay, además, otras deformaciones, pues millones de personas hablan ya sobre el grave problema del cambio climático, pero muy pocos dirigen la mirada hacia el hecho de que un millón de especies animales y vegetales se encuentran en peligro de extinción y que cada día desaparecen poblaciones de plantas y animales en uno y otro país.

Así reflexionó ayer, en conferencia en el Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM, la bióloga mexicana Julia Carabias, exsecretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, entre 1994 y 2000; integrante de El Colegio Nacional desde 2018 y recientemente reconocida con al grado de doctora honoris causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En este contexto de una problemática realmente compleja, la científica mexicana compartió con los jóvenes estudiantes universitarios algunas ideas de cosas en las que se debe dar la batalla: 1) Las áreas naturales protegidas sí han sido refugio de especies que están bajo altísima presión; 2) En los lugares donde se ha comprendido que los campesinos no sólo son productores sino dueños de los terrenos que albergan ricos ecosistemas se han desarrollado innovadores y eficientes modos de generarles ingresos, y 3) México tiene selvas tropicales, como la Selva Lacandona, que han servido de refugio para miles de especies animales y vegetales, y aún es tiempo de salvarlas. Esa Selva Lacandona incluye a la Reserva de Montes Azules, que ayer cumplió 42 años de haber sido declarada zona protegida.

“Y sabemos dónde están las grandes broncas, pero el cambio cultural va mucho más lento que el deterioro”, indicó la científica que desde hace cuatro décadas se ha dedicado a buscar opciones productivas y de desarrollo para las comunidades pobres que habitan en los ecosistemas más ricos. Ésta es una de las labores que se tomaron en cuenta para que el Senado de la República le otorgara, en el año 2017, la medalla Belisario Domínguez.

SALVAR A LAS SELVAS. En los años recientes, la doctora Carabias ha fortalecido su trabajo en la línea de restauración de ecosistemas y conservación de selvas tropicales. Realiza un trabajo muy importante de investigación, educación y promoción de proyectos productivos sustentables en la Selva Lacandona, en el sureste del país. En esa selva, que ocupa solamente el 0.16 por ciento de todo el territorio nacional, están representadas 20 por ciento de todas las especies vivas que se han registrado en el país.

En la Lacandona hay interacciones todavía saludables entre vegetales y animales, entre agua y flora, y entre depredadores y presas. ­Desafortunadamente, el crecimiento de poblaciones alrededor de esta zona genera presiones mayores.

Como un ejemplo de la manera en que la falta de conciencia ambiental afecta a la diversidad biológica, Carabias Lillo habló de lo que ocurre con las guacamayas rojas, cuyas últimas poblaciones silvestres se encuentran en Montes Azules.

“Nosotros hemos logrado rescatar y reintroducir a la vida silvestre a 120 polluelos a lo largo de diez años, pero la extracción ilegal de polluelos de sus nidos suma casi 70 polluelos extrañados por año. No vamos a ganar así. Entonces, hace falta que la autoridad intervenga y que castigue a quienes cometen el delito”, dijo la también profesora de carrera de la Facultad de Ciencias de la UNAM. 

CUIDAR A LOS DUEÑOS. Durante la exposición de la doctora Carabias en el Centro de Ciencias Genómicas, que se localiza en Cuernavaca, Morelos, se subrayó varias veces la idea de que el bienestar humano no puede sostenerse si es destruida la biodiversidad. Este vínculo no es visible para la mayoría de las personas porque no existe mucha conciencia de los servicios que proporcionan los ecosistemas saludables.

“Muchos servicios ecosistémicos no están incorporados en la conciencia de la población porque son servicios que no tienen precio. Ahora hay más conciencia de algunos servicios de abastecimiento como las fuentes  de agua dulce, pero hay otros servicios como los culturales —por ejemplo, la relación de los huicholes con el peyote— o los de regulación, como la captura de carbono de los bosques, que no están muy claros y son difíciles de entender”, indicó ayer.

Para la bióloga mexicana, uno de los cambios que pueden ser más eficientes en la actualidad, en México, es ayudar a entender que la mayor parte de los terrenos donde están los ecosistemas y que no son áreas protegidas son propiedad de los campesinos —ejidatarios, comuneros o pequeños propietarios—. Al entender esta condición de dueños se puede hacer un movimiento mental y no sólo ayudarles a que transformen su propiedad en terrenos para agricultura, sino que se generen actividades productivas y se vendan servicios que proporcionan a las urbes y otras comunidades, desde ecoturismo hasta cuidado del agua, clima y captura de carbono.

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