Cultura

Hijo de la guerra, de Ricardo Raphael

Hijo de la guerra, de Ricardo Raphael

Hijo de la guerra, de Ricardo Raphael

La Crónica de Hoy / La Crónica de Hoy
(Fragmento)

Falso positivo

Mayo, 2015

La investigación comenzó donde en esta época suelen comenzar todas las investigaciones: en internet. Transcurridos solo cincuenta y dos segundos en el buscador de Google, el nombre de Galdino Mellado Cruz arroja cuarenta y cuatro mil resultados. Frente a mí había una inmensa montaña de datos aún sin corroborar. Me angustió una jornada para la que iban a faltarme oxígeno y valentía.

Wikipedia dedica una entrada larga que incluye los principales datos de su biografía. Con su referencia también emergen cuatro o cinco imágenes que corresponden a distintos momentos de su vida. Ahí está la fotografía de cuando ingresó al Ejército, otra de cuando fue policía judicial, una más del periodo en que fue zeta y, finalmente, la de su rostro acribillado por una varicela de pólvora.

La confirmación de su muerte es probablemente la noticia más destacada en la red. Si uno dedica tiempo a bucear en esa nebulosa infinita de información, también es posible encontrar evidencia de que la justicia de Estados Unidos no creyó en el fallecimiento del Zeta 9.

Para despejar contradicciones, un día después de mi visita a Chiconautla envié a Montserrat Ferrara, antropóloga forense experta en análisis facial, las fotografías que había tomado con la pluma falsa. También le hice llegar una de las imágenes de Mellado que saqué de internet: elegí aquella donde tendría unos veinticuatro años, que es del periodo cuando trabajó como policía.

La experta devolvió una semana más tarde su peritaje. Ahí narra el método que utilizó para hacer su reporte: primero integró una base con quinientas caras seleccionadas al azar, dentro de la cual introdujo los retratos que yo había proporcionado. Luego corrió un programa capaz de comparar cuarenta y siete rasgos faciales entre todas esas caras de la base.

El resultado que obtuvo fue fundamental para seguir adelante: en ese universo relativamente amplio de fotografías, las dos más parecidas fueron las que yo había aportado. Según la experta, la probabilidad de que las imágenes del recluso de Chiconautla y la del joven Galdino Mellado Cruz pertenecieran a la misma persona era de un 82 por ciento:

La cifra se acerca a cien por ciento si se eliminan los rasgos debajo de la nariz. Mientras la boca, el mentón y el cuello son facciones que se modifican con la edad, las medidas de los ojos, la frente o los pómulos tienden a perdurar en el tiempo. Comparando el tamaño de las cavidades oculares, la longitud de la nariz o las dimensiones de la frente, entre otros rasgos faciales superiores, se concluye que las dos fotografías entregadas corresponderían a la misma persona.

¿Mintió entonces el comisionado nacional de Seguridad cuando afirmó que los peritos del gobierno identificaron «plenamente» a Galdino Mellado Cruz?

Durante una conferencia citada al mediodía del lunes 12 de mayo de 2014, ese funcionario festejó que uno de los principales mandos criminales de Tamaulipas hubiera sido abatido en la ciudad de Reynosa. Con voz y porte de actor de película policial escandinava aquel hombre intentó infundir credibilidad sobre el relato:

— Derivado de labores de inteligencia, se le ubicó en un domicilio, a partir del cual este sujeto conducía la operación de sus negocios ilícitos. Cuando la Policía Federal logró aproximarse al inmueble, desde dentro se efectuaron disparos con armas de alto calibre y también los sicarios lanzaron granadas de fragmentación.

En la parte baja del atril, desde donde el comisionado pronunciaba su discurso, fue colocada una composición fotográfica que incluía dos mitades de un rostro humano, supuestamente pertenecientes al Zeta 9: la del lado izquierdo mostraba la faz de un varón vivo y sonriente; la del lado derecho, una cara masacrada por una decena de cicatrices de bala.

— La autoridad repelió la embestida apoyada por un helicóptero militar y elementos de la Marina. Después del enfrentamiento, ingresamos a la construcción, encontrando el cuerpo de un solo hombre abatido durante la refriega; los demás atacantes lograron huir.

¿Cómo fue que solo Mellado Cruz perdió la vida en un asalto donde intervino incluso un helicóptero militar? Este discurso del Comisionado puede consultarse en la plataforma YouTube y recuerdo que, al analizarlo, calculé que no debía utilizar, para mis comparaciones, la fotografía exhibida por esa autoridad: ocuparía otra que me diera mayor confianza.

El comisionado tomó agua, rascó las cuerdas vocales de su garganta y continuó hablando:

— No hay duda de que se trata de Galdino Mellado Cruz, un individuo relacionado con más de trece investigaciones por los delitos de homicidio, extorsión, tráfico de drogas y de armas.

A diferencia de los filmes escandinavos, donde la decencia policial obliga a que la autoridad atienda las preguntas de la prensa, apenas terminada su intervención, el funcionario abandonó la sala. Una hora más tarde, la televisión británica reprodujo aquella batalla descrita por la autoridad. Para ello utilizó una maqueta digital similar a la de un juego de video: puede igualmente consultarse en la red si se escribe en el buscador «Zeta drug cartel Galdino Mellado Cruz killed».

No faltó aquel lunes de mayo uno solo de los elementos que suelen desplegarse para otorgar credibilidad a la parafernalia oficial: la contundencia del discurso, la elocuencia de las imágenes y, sobre todo, la ingeniosa reproducción de los hechos. Sin embargo, un argumento se coló para incordiar la perfección de las escenas: la conferencia de prensa sucedió veinticuatro horas después de que miles de personas tomaron las calles de Tampico, Tamaulipas, para reclamar al gobierno por su negligencia frente a una ola de violencia que, en pocas semanas, había arrancado la vida a sesenta ciudadanos.

Para un cerebro políticamente torcido, como por ejemplo el mío, no es difícil sospechar que la escenografía montada para comunicar el deceso de Mellado Cruz pudo haber tenido como propósito competir por la atención de los medios de comunicación. Acaso el objetivo del gobierno no fue neutralizar al delincuente sino la crítica social.

Alimentó también mis dudas el hecho de que, un día después de la conferencia, el secretario de Gobernación —jefe inmediato del comisionado nacional— había visitado Reynosa para anunciar una nueva estrategia de seguridad: así como la policía, la Marina y el Ejército, en colaboración, habían abatido al último de los zetas fundadores, de igual manera lo harían, a partir de ese momento, con todo aquel individuo que pudiera significar una amenaza criminal.

Fragmento del libro Hijo de la guerra, de Ricardo Raphael © 2019, Seix Barral. Cortesía otorgada bajo el permiso de Grupo Planeta México.