Opinión


Historia de la alimentación. Agricultura molecular (II)

Historia de la alimentación. Agricultura molecular (II) | La Crónica de Hoy

*Octavio Paredes
 

 

Para los días de tristeza elaboramos las primeras cervezas; se producían germinando los granos de cebada o trigo que luego se hervían y se dejaban fermentar para después espesarlas con harinas. Los cerveceros de Germania la tomaron de los egipcios y éstos a su vez de los babilonios que ya la elaboraban hace 4 mil años a. C. Son numerosos los alimentos y bebidas que se producen con microorganismos, como: vino, quesos, yogur y tequila, que por razones de espacio no se pueden describir aquí.

El supradesarrollo tecnológico de la agricultura y las decisiones no siempre entendibles de los consumidores han dado lugar a cultivos que se han ido extinguiendo en el mundo y otros, los menos, se está procurando rescatarlos para introducirlos en la dieta de las sociedades actuales. Solamente a manera de ejemplo mencionaremos al amaranto, la chía, maíces pigmentados, alga espirulina y quinoa; todos ellos con sobresalientes mensajes nutracéuticos. Su reintroducción a la dieta es gradual y esperamos que irreversible; una buena parte de los esfuerzos científicos del autor están en esta dirección de rescate de cultivos latinoamericanos.

Agricultura molecular en el Siglo XXI: Así, hemos llegado hasta aquí dando grandes saltos históricos. Se estima que la población mundial llegará a más de 9 mil millones en el año 2050. El aumento de rendimientos en la producción de alimentos por unidad de área continuará siendo el principal objetivo de la investigación agrícola, al tiempo que se procuran cambios hacia una agricultura sustentable por los altos requerimientos de insumos. La agricultura, a pesar de su benevolencia, es la actividad humana más antiecológica precedida por nadie.

Los griegos fueron los que desarrollaron la técnica del injerto; mecanismo que permite la combinación de cualidades de dos materiales con algún parentesco genético. Varios siglos después, los fisiólogos alemanes demostraron que las plantas podían crecer no solamente en el suelo sino en soluciones acuosas conteniendo nutrientes. Esto generó investigaciones que mostraron que las células o partes específicas de una planta tienen la información genética para dar origen a otra planta equivalente; es decir, lo que se conoce ahora como cultivo de tejidos o propagación clonal, que permite la propagación masiva de individuos idénticos.

La biotecnología es mucho más que la inserción de información genética foránea a un organismo dado. Recordemos que Watson y Crick descubrieron la estructura del ADN, gracias a la aportación poco reconocida de Rosalind Franklin, dada a conocer en la primavera de 1953, lo que representó la base fundamental para el nacimiento de la biología molecular.

Por otro lado, la ingeniería genética tiene como objetivo aislar uno o más genes, introducirlos y expresarlos en otros organismos del mismo o de diferente reino. En la naturaleza se tiene la bacteria Agrobacterium tumefasciens la que genera tumores al infectar a muchas plantas; la transferencia de genes por la bacteria a las células de la planta genera un crecimiento tumoral. Así, la experiencia mostró que al insertar genes foráneos a la bacteria, éstos se transferían a las células de la planta y al multiplicarse generaban una planta diferente genéticamente. Las técnicas de inserción foránea de genes a plantas se desarrollaron rápidamente así como las técnicas de sobreexpresión o silenciamiento de genes; así se crearon las opciones de obtener plantas con comportamientos diferentes: ciclos más cortos, menor necesidad de agua, mejores mensajes nutricionales , entre otros. Es decir, generar organismos transgénicos.  

En la última década se han tenido en México fuertes reacciones en favor y en contra de los organismos genéticamente modificados (GMO’s); sin embargo México ha sido importador de alimentos transgénicos de los Estados Unidos, el principal productor de los mismos. Y las preocupaciones populares sobre los efectos negativos a la salud de estos alimentos se han encontrado con la reacción reciente de la mayoría de los premios Nobel, incluyendo los de medicina y fisiología médica, que en una comunicación firmada por ellos y dirigida a la ONU y a los gobiernos del mundo sostienen que los GMO’s son médicamente aceptables ya que no hay demostraciones científicas sobre efectos indeseables.

   Apenas en el 2012 se empezó a desarrollar un técnica denominada ­CRISPR que no introduce genes foráneos para hacer fuertes modificaciones celulares mediante cortes enzimáticos de segmentos de ADN y generar transformaciones; de esta manera se da lugar a cultivos agrícolas con sobresalientes comportamientos; y estos cultivos están ya en camino de llegar al mercado. Se dispone de soya con un tipo de aceite que al hervirlo no genera ácidos grasos trans (compuestos anticancerígenos que los aceites actuales sí lo pueden hacer) y con menos ácidos grasos saturados; trigos con mayor contenido de fibra dietaria y libre de gluten y sin la proteína que presenta reacciones inmunológicas en los celiácos; papas con mayor vida de anaquel; maíces tolerantes a la sequía; también en medicina para la detección temprana de enfermedades; y la lista crece paulatinamente. Hasta ahora los cultivos producidos por CRISPR son aceptados en los EstadosUnidos y en la Unión Europea se pueden hacer investigación sobre ello pero no comercializarlos; a semejanza de lo que ocurre con los transgénicos.

Cambios climáticos, erosión del suelo y erosión genética, fuerte contaminación del agua agrícola por empleo intensivo de agentes químicos (la agricultura utiliza 75% de este líquido), aumento poblacional, creciente obesidad y demanda de cierto tipo de alimentos hacen inevitable la búsqueda de alternativas para su producción. La agricultura de autoconsumo con tecnologías obsoletas en áreas de unos cuantos surcos no será la solución; esto no evita el aprendizaje del legado de nuestros genetistas y mejoradores prehispánicos. No clausuremos, sin efectuar previamente análisis rigurosos, las opciones científicas del siglo XXI para producir nuestros alimentos y una buena parte de nuestras medicinas; su futuro ya llegó.

 

Investigador Emérito del Cinvestav-IPN y Emérito del SNI-Conacyt. Premio Nacional de Ciencias. Premio de la Academia de Ciencias del Mundo en Desarrollo.

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