Opinión


Imperioso deponer odios

Imperioso deponer odios | La Crónica de Hoy

Remontar la estéril polarización y procurar, con toda la voluntad de que seamos capaces, unirnos en lo esencial y soslayar lo accesorio, tal es el principal reto de los mexicanos en 2019, condición para superar con celeridad y éxito los muchos y graves problemas nacionales.

Con la llegada, este domingo, de los Reyes Magos, termina el largo periodo de asueto decembrino. La vida recupera el pulso en forma paulatina y nos coloca —como si de una yincana se tratara— frente a un cúmulo de desafíos, a cual más desmesurado.

Resalta entre esos obstáculos la necesidad de identificar los intereses comunes y las mejores causas, si no de todos sí de la mayoría de los mexicanos, y hacer acopio de coraje, unidad, conjunción de esfuerzos y determinación para concretarlos.

Tiene que ser así ante la certeza de que a nada bueno conduce la confrontación del gobierno con la mayor legitimidad en décadas y una oposición atomizada e inconciliable entre sí; pero furibunda e irreductible.

Como en una visión de paramnesia, un salto atrás hasta los tiempos de Luis Echeverría cuando la atmósfera se llenó de exhortos a la unidad en lo fundamental, menudean dentro del gobierno voces que invocan la cohesión en lo sustantivo.

A decir verdad, sin embargo, es más lo que se habla que lo que se hace para tratar de alcanzar este objetivo.

Son muchos los funcionarios que, en diferentes momentos, han bordado sobre la conveniencia de identificar temas específicos del bienestar colectivo y acometerlos entre todos, como un solo hombre, al margen de criterios que dividen, confrontan y recrudecen odios.

Inclúyase en ese grupo a Olga Sánchez Cordero, Alfonso Romo, Javier Jiménez Espriú y Alfonso Durazo. Y a los coordinadores de diputados y senadores de Morena, Mario Delgado, Ricardo Monreal e incluso Martí Batres. Más un nutrido combo de otras fuerzas.

A mediados de esta semana habló de unidad en lo esencial, aunque en su tesitura restringida al ámbito del Poder Judicial, el nuevo presidente de la Corte, Arturo Zaldívar.

Y ha tocado el punto de la unidad nacional —¡ni más faltaba!— el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador, este viernes, desde Reynosa, a propósito de la Guardia Nacional. Aunque en su caso cada referencia suele tener resonancias de sarcasmo.

Se ve pésimo que las copiosas alocuciones presidenciales los llamados a la integración van seguidas de pullas y acusaciones de corrupción, conservadurismo y hasta fascismo.

Venablos lanzados siempre como disparos con perdigones, a todos y ninguno, y desde luego sin consecuencias jurídicas y aun con promesas de impunidad por encima de la ley.

Un buen principio para conseguir la inaplazable unidad sería que los áulicos del Jefe del Estado lo convencieran de que el silencio es útil.

Que le hicieran comprender los beneficios de quedarse callado una temporada, sin sentirse en la obligación de hablar de todo, todo el tiempo; de pontificar, tirar línea, fijar posiciones, abrir la boca para trabar pendencias…

Del lado de la variopinta oposición también es menester deponer la rijosidad y sumarse con limpieza, sin segundas intenciones, al propósito de ubicar y respaldar causas de real beneficio para la sociedad, antes que defender intereses particulares o de grupo.

Lo que los mexicanos hemos visto hasta ahora es un oposicionismo sistemático, maniqueo, ajeno a los reclamos de la mayoría de la población, intolerante frente a prácticas y comportamientos de gobierno otrora ordinarios y consentidos.

Peor aún, hemos visto reconvenciones de miembros de algunas de las familias más prestantes de la política, incluidos intelectuales dizque promotores de la transparencia y preocupados por la espesa corrupción, coléricos porque se les acabó su cuarto de hora en el usufructo del poder político.

Es cosa nada más de leer textos de personajes que, a juzgar por lo visto, consideraban patrimonio personal o familiar ciertas áreas del servicio público.

Por ejemplo Pemex, saqueada —a decir ni más ni menos que del Presidente— vía el huachicoleo, ante la ineptitud o connivencia de sus directivos.

Directivos que tienen nombre y apellidos. Raúl Muñoz Leos, Luis Ramírez Corzo, Jesús Reyes Heroles González-Garza, Juan José Suarez Coppel, Emilio Lozoya, José Antonio González Anaya, por sólo mencionar algunos nombres.

Desde esa rencorosa posición esos indignados observadores sostienen que el Jefe del Ejecutivo exageró, deformó y mintió en su diagnóstico sobre el importe económico de la ­corrupción.

Soslayan las mediciones y clasificaciones globales que ellos mismos ayudaron a elaborar y que dieron pie al tabasqueño para decir que le patea el hígado el lugar que México ocupa en las listas internacionales sobre corrupción.

Ignoran asimismo las desmesuras de la Coparmex —por citar una fuente—, que por años ha calculado en 10 por ciento del PIB el costo de la deshonestidad.

Señalan que el denunciado macrofraude electoral nunca apareció, cuando hasta los niños de pecho entienden que no hay intento de fraude que valga frente a una diferencia de ¡30 puntos porcentuales, casi 20 millones de votos! entre el ganador y su competidor más cercano.

Y hablan de demolición de instituciones y hasta azuzan a los ciudadanos, atribuyéndoles complicidad a quienes observan con pasividad el curso de los acontecimientos rumbo a un desastre pronosticado menos con el cerebro que con las vísceras.

Cualquier asunto es pretexto para la crítica más acerba. El ambiente se ha saturado de condenas a la madrugadora apertura de reclutamiento de 50 mil jóvenes para la Guardia Nacional, cuando la legislación sobre este tema ni siquiera está en el fogón.

Olvidan estos sulfurados contradictores del nuevo régimen que el gobierno de Enrique Peña Nieto adelantaba —no precisamente en lo oscurito— acciones y negociaciones aun antes de concretar las cacareadas reformas estructurales.

¿No ocurrieron de ese modo contactos con poderosas empresas petroleras antes de entrar en hervor la reforma energética?

¿Es falso decir que se proyectó la constitución de organismos como el INEE de manera previa a la votación de la reforma educativa?

¿Fue o no reestructurado el IFE para su conversión en INE desde el primer asomo del capricho panista de tal metamorfosis?

Desde trincheras periodísticas se ataca los saldos de la estrategia contra la delincuencia, configurando genuinos diálogos de sordos.

De uno y otro bando se mezclan peras con manzanas, batiburrillos en los que unos hablan de homicidios a secas y otros de homicidios dolosos y ejecuciones, y unos computan meses completos y otros meses de 22 días. Todo para, al final, quedar tablas y extenuados.

Al ver a los obstinados adversarios del gobierno obradorista uno se siente orillado a suponer que, en efecto, como diría un famoso político sudamericano, si a estos críticos El Peje les regalase una rosca de Reyes no repararían en lo apetitoso del pan sino que irritados mirarían el hueco.

Conviene a todos cesar la pugnacidad. Definir asuntos de interés general y atenderlos con todo. No podemos darnos el lujo de persistir en los pleitos.

 

aureramos@cronica.com.mx

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