Opinión


INFRAHUMANOS

INFRAHUMANOS | La Crónica de Hoy

En la Ciudad de México comienza a dibujarse un fenómeno terrible. Según datos de la Procuraduría local, hasta octubre de este año 121 personas que viven en situación de calle han sufrido quemaduras provocadas por terceras personas. Es decir: quemaduras provocadas por alguien que intentó prenderles fuego. De estos casos, 45 de las víctimas fallecieron.

Eliminar la “basura social” es una aspiración perversa y sus antecedentes son despreciables. Por lo que resulta aberrante que, en nuestra ciudad, existan personas partidarias de esta creencia que manifiestan su intolerancia y su odio hacia los que, por razones muy complejas, tienen que vivir y dormir en la calle, como si se tratasen de una especie ajena a la nuestra.

En Alemania, durante el Tercer Reich, los nazis implementaron una serie de políticas sociales orientadas a la “mejora de la raza”, por medio de la eliminación de individuos que consideraban infrahumanos por llevar una “vida indigna de ser vivida”: indigentes, homosexuales, disidentes políticos, discapacitados, enfermos mentales, entre muchos otros.

Siglos antes, en la Europa de la Edad Media, la lepra era percibida como una enfermedad padecida por personas sucias y moralmente corruptas. La sociedad les temía: fueron obligados a utilizar ropa que los distinguía como “leprosos” y tenían que llevar con ellos una campana o unas tablas pequeñas (llamadas tablillas de San Lázaro), que hacían sonar para avisar a la gente de su paso. El ostracismo social alcanzó su máximo nivel al decretarse la expulsión de los leprosos de los límites de las ciudades, dando origen a sus propias colonias. En el Renacimiento, la exclusión se repetiría a través de los mares. La locura heredó el lugar de la lepra en lo referente a la segregación social. Surgió entonces Das Narrenschiff (“la nave de los locos”), barcos tripulados por enfermos mentales, vagabundos y mendigos, que navegaban por las aguas para alejar a los dementes de las ciudades.

La vida en la calle cumple hoy la misma función que aquel navío, pues de manera simbólica es el espacio que expresa el conflicto de las desigualdades sociales y restringe los derechos de la población vulnerable.

Es el espacio en el que los “infrahumanos” se obligan a sobrevivir y recurren a sus impulsos más instintivos para enfrentar la violencia, las agresiones, la discriminación y la marginación social.

Son personas que viven expuestas a que nadie hable en su favor, en nuestras voces está el poder de ayudarlos.

 

Vicecoordinador del grupo parlamentario del PRD en el Congreso capitalino

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