Opinión


Irán cayó en la trampa que le tendió Trump

Irán cayó en la trampa que le tendió Trump | La Crónica de Hoy

A estas alturas hay algo que debe quedarnos claro: Donald Trump, además de liderar la nación más poderosa del mundo, es un especulador financiero y un chantajista; así que, su forma más práctica de someter al mundo es mediante injustos aranceles. Si el republicano es capaz de aplicar el chantaje de los aranceles a sus aliados y socios comerciales —lo hace con Canadá, con Europa y con México (las últimas víctimas, los pobres jitomates) — ¿de qué no será capaz con China, su adversario por la hegemonía mundial; con Cuba, la isla que le da votos en Florida; o con Irán, el régimen islamista que amenaza a Israel y que combate la hegemonía en la región contra Arabia Saudí, el mayor comprador de armamento estadunidense del mundo?

La paciencia es lo último que se debe perder ante la agresividad de Trump.

China, pese a tener todos los recursos del mundo para aguantar la embestida de EU, lo sabe y ha optado por una política de contención. Trata, como puede, de alcanzar un acuerdo que evite una larga y dañina guerra comercial que afectaría a todo el mundo.

Por el contrario, Irán perdió la paciencia y cayó en la trampa que quería Trump. Ayer, el presidente Hasán Rohaní sorprendió con una especie de ultimátum a sus socios del pacto nuclear, el mismo del que se salió EU unilateralmente hace justo un año. Si en el plazo de 60 días no logran la manera de burlar las sanciones de EU a la venta de petróleo iraní y a la concesión de créditos a los bancos iraníes, el régimen de los ayatolás reiniciará su carrera nuclear para lograr la fabricación de la bomba atómica.

Si bien es cierto que fue EU el que salió de un pacto que Irán no había violado, el ultimátum mete en un aprieto a las potencias que no se salieron y que todavía defienden al gobierno de Teherán. Tras el anuncio de nuevas sanciones de Trump para ahogar la economía iraní, Reino Unido, Francia, Alemania, China y Rusia mostraron su apoyo a Irán y al pacto nuclear. ¿Pero qué pasará si en dos meses no cumplen las exigencias de Irán y el país se sale del pacto? ¿Qué sentido tendría que siguieran defendiendo a un país que busca convertirse por las malas en potencia nuclear?

De volver al punto de partida —a 2015, antes de la aprobación del histórico pacto—, Irán no sólo regresaría a su condición de Estado-paria, sino que sería la mejor excusa para que sus archienemigos saudíes reclamen también su derecho a fabricar bombas nucleares. Peor aún, sería una magnífica excusa para que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declarase una guerra preventiva contra Irán (con la impagable ayuda del armamento estadunidense). No hay que olvidar que, si bien el moderado presidente Rohaní nunca lo ha dicho, su antecesor, Mahmut Ahmadineyad, prometió la destrucción total del “Estado sionista” (se entiende que cuando tuviera lista la bomba nuclear).

Por tanto, Rohaní debería rectificar y apostar por ir de víctima, en vez de amenazar al mundo con resucitar la amenaza atómica. A fin de cuentas, en Estados Unidos hay elecciones en poco más de dos años y puede que la pesadilla Trump sea derrotada en las urnas.

 

fransink@outlook.com

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