Opinión


Javier Castañeda

En ocasiones es difícil apostar a que actividades de música como el heavy metal se incruste en el ADN de los escenarios mexicanos. Sobre todo cuando se trata de festivales que muestran la evolución del género y no sólo de conciertos en recintos para los consagrados. Y es difícil porque si un festival de renombre llega al país con cambios de horarios, cambio de grupos y se dasata la violencia, entonces queda la idea de que es mejor no intentarlo otra vez. El organizador tenía que entender que su responsabilidad fue brindar un buen espectáculo y demostrar que este tipo de actividades deben ser parte de nuestros hábitos culturales. Por ahora, sólo logró insertarse en la nota policiaca.

Javier Castañeda | La Crónica de Hoy

 En ocasiones es difícil apostar a que actividades de música como el heavy metal se incruste en el ADN de los escenarios mexicanos. Sobre todo cuando se trata de festivales que muestran la evolución del género y no sólo de conciertos en recintos para los consagrados. Y es difícil porque si un festival de renombre llega al país con cambios de horarios, cambio de grupos y se dasata la violencia, entonces queda la idea de que es mejor no intentarlo otra vez. El organizador tenía que entender que su responsabilidad fue brindar un buen espectáculo y demostrar que este tipo de actividades deben ser parte de nuestros hábitos culturales. Por ahora, sólo logró insertarse en la nota policiaca.

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