Opinión


Jeanine es non grata

Jeanine es non grata | La Crónica de Hoy

La pregunta pertinente es: ¿Qué persigue Bolivia escalando el conflicto diplomático con México hasta casi el rompimiento? La estrategia de Jeanine Áñez, presidenta de facto, es que México sea el villano de la película. Alguien a quién culpar por la descomposición interna de ese país del cono sur. El desorden no es culpa de ellos, los bolivianos, sino de oscuras fuerzas extranjeras, como México.

Desde hace varios días Evo Morales no está en nuestro país. Prefirió hacer proselitismo desde Argentina. Se fue por la puerta de atrás. Quedan en la embajada mexicana un puñado de funcionarios afines a Evo sobreviviendo y la verdad es que tenerlos dentro o fuera no haría ninguna diferencia real, con la excepción acaso de Juan Ramón Quintana, que se considera enemigo del nuevo régimen, pero Jeanine muestra los colmillos y amenaza en todos los tonos. Está rabiosa.

Su berrinche más reciente fue declarar persona non grata a la embajadora María Teresa Mercado que tiene un plazo de 72 horas para dejar el país, lo que dadas las condiciones imperantes más que un castigo parece un premio, de no ser porque hay mucha chamba por hacer pues además de la gente que vive en la embajada en Bolivia hay casi diez mil mexicanos que necesitan servicios consulares y que podrían, como van las cosas, estar en peligro. La embajadora Mercado ha estado haciendo su trabajo, ni más ni menos. Hacerla pagar los platos rotos de los errores de las autoridades de Bolivia y de México es sumamente injusto, pero nadie está buscando justicia.

Como el conflicto con Bolivia no estaba en la agenda de la Secretaría de Relaciones Exteriores, nadie en el entorno de Ebrard sabía qué hacer bien a bien. La decisión del asilo a Evo no la tomó la embajadora sino el presidente. El canciller fue la voz de mando y la operación del vuelo que trajo a Evo a México correspondió a la Fuerza Aérea Mexicana que llevó a cabo una verdadera hazaña. La embajadora ha tenido que implementar el alojo de los asilados en condiciones por demás adversas.

Es posible que Jeanine quiera desplazar a México del ánimo de Trump pues es claro que tiene muy pocos apoyos internacionales, y quiere que Trump los arrope ya que se consideran un baluarte contra el socialismo en el subcontinente y quieren apoyo político y, claro, económico. Jeanine también expulsó a dos diplomáticos españoles Cristina Borreguero y Álvaro Fernández. El jefe de Gobierno español reaccionó rápido y respondió que en reciprocidad al gesto hostil del Gobierno Interino de Bolivia resolvió que tres funcionarios de su embajada tienen 72 horas para dejar España. Que se sepa, hasta el momento de escribir estas líneas el gobierno mexicano no ha hecho ningún movimiento en este sentido y ningún boliviano ha sido expulsado. Lo que tiene que hacer México es buscar el apoyo de los organismos internacionales y de otros países del continente.

Tiene que hacerlo porque como quedó anotado arriba hay en Bolivia 10 mil compatriotas que tienen que ser protegidos. De hecho, ya comenzó a confeccionarse un plan para llevar a cabo una salida masiva de mexicanos en el que se tiene contemplado usar al menos media docena de aeronaves. No serían aviones mexicanos porque como se sabe ya los vendimos casi todos, sino aviones de países vecinos que están dispuestos a echarnos una mano. No es que estén hoy mismo en peligro real, pero la situación se deteriora con suma velocidad y no es posible saber qué otra cosa se le ocurrirá a la señora Jeanine que tiene pinta de chivo en cristalería. Algunos mexicanos precavidos ya pusieron tierra de por medio. El desconcierto internacional no debe ser pretexto para no tomar las providencias necesarias.

Nos metimos en un conflicto internacional a causa de un señor que hizo trampa en las elecciones y ahora no sabemos cómo salirnos del atolladero. El equipo cercano a Ebrard está conformado por expertos en la relación con Estados Unidos. Nadie en la cancillería imaginó que en el último día del 2019 estaríamos al borde del rompimiento. A lo largo del primer año de gobierno la administración AMLO enarboló la bandera de la no intervención, de voltearnos para otro lado, de no hacer olas. Con Evo cambiamos y regresamos a la tradicional política de asilo. A la ola que enviamos los nuevos mandos bolivianos, que son provisionales, respondieron con un tsunami que la verdad nos tomó por sorpresa. Marcelo y los suyos, en lugar de estar comprando las uvas para comerlas durante las 12 campanadas, están tratando de serenar a los bolivianos para emprender un diálogo civilizado, cosa que hasta el momento no ha podido hacerse.

La secretaria Olga Sánchez reconoció que la relación con Bolivia es tensa, pero no va al rompimiento. Lo que está bien, salvo que el rompimiento puede ser unilateral y dejarnos chiflando en la loma. Si Bolivia rompe unilateralmente la embajada dejará de ser un baluarte, y la policía boliviana podría irrumpir, porque es urgente que otros países tomen la estafeta y le entren al quite. En fin, con Trump se ha tenido mucha paciencia y en más de una ocasión hemos puesto la otra mejilla. Tal parece que con Bolivia vamos por el mismo camino, lo que es francamente molesto, sobre todo por un tipo como Evo, a quien le tienen sin cuidado los problemas en los que nos metió.

 

jasaicamacho@yahoo.com
Twitter: @soycamachojuan

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