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Jóvenes mexicanos

Jóvenes mexicanos | La Crónica de Hoy

Es difícil definir a la juventud mexicana. No es lo mismo hablar de esos jóvenes con un presente brillante y un futuro todavía más prometedor, que esos otros que brincan la frontera norte en busca de la que quizás es su única oportunidad.

Sin embargo, en nuestro país prácticamente todas las y los jóvenes enfrentamos una misma realidad: violencia y desigualdad.

Como dato, entre 2010 y 2017 fueron asesinados 72 mil jóvenes. Además, 44 por ciento vive en condiciones de pobreza y 66 por ciento no asiste a la escuela. Son las y los mismos jóvenes que no dudaron en salir a las calles y ayudar a sus vecinas y vecinos, tras los sismos de 2017.

Estas cifras no sólo son alarmantes, son también evidencia de que estamos comprometiendo el futuro de nuestro país, uno que durante muchos años tuvo un bono demográfico, es decir, más habitantes en edad de trabajar que población dependiente (niños y ancianos).

La sociedad mexicana envejece. Se estima que la edad promedio, que actualmente es de 28 años, pasará a 38 en 2050, cuando en 1950 era de apenas 17. A esto se suma la disminución en la tasa de natalidad y el aumento en la esperanza de vida, lo que dará como resultado un país de adultos mayores; ¿qué consecuencias implicaría un país con esas condiciones?

Las y los jóvenes hemos sido protagonistas de momentos de suma importancia en la historia de nuestro país. Nuestro papel ha sido decisivo en movimientos como el de 1968; y más recientemente en procesos en busca de democracia y alto a la violencia como #YoSoy132 en 2012 y el movimiento por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En nuestra historia más reciente, los llamados millennials —que representamos 40 por ciento de la lista nominal— fuimos un elemento decisivo en las pasadas elecciones y nuestra voz se escuchó fuerte y clara en las urnas.

Pese a ello, parece que existen pocas oportunidades para las y los jóvenes mexicanos, y quienes sí logran estudiar no pueden aspirar a otra cosa que no sean empleos mal pagados y en condiciones de trabajo deplorables. ¡Las y los jóvenes del 2019 podemos olvidarnos de una jubilación! 

En este sentido, programas como Jóvenes Construyendo el Futuro tienen toda lógica, pues no podremos hablar de justicia social cuando la principal fuerza laboral y social enfrenta condiciones de vida tan desfavorables.

La meta para 2020 son 2 millones 300 jóvenes, quienes podrán capacitarse para poderse integrar luego a un empleo formal. Si bien este es un primer paso muy importante, sabemos que no es suficiente ni atenderá todas las necesidades que tenemos las y los jóvenes mexicanos, pues hay que entender que lo importante es transformar las estructuras de un modelo económico que  nos empobrece y nos roba el futuro a todas y a todos.

Por ello, en el Congreso de la Ciudad de México se han presentado y aprobado iniciativas que buscan erradicar situaciones como las descritas; tales las leyes de Seguridad y Participación Ciudadana, en la Cámara de Diputados se han presentado iniciativas contra el outsourcing, las cuales buscan garantizar derechos como el que tenemos a una vida libre de violencia, a participar en las decisiones de Gobierno y a condiciones laborales adecuadas y justas.

En cuanto a participación ciudadana tenemos un gran reto. De acuerdo con estadísticas electorales, las y los jóvenes de 18 a 19 años, quienes se integran a la lista nominal, votan más, pero “algo pasa” y cae su participación, la cual se recupera después de los 30 años. Es decir, según estos datos, votan para estrenar su credencial y luego se olvidan de la política durante toda su juventud.

Sabemos que su opinión en torno a la política y los políticos no es la mejor, y eso podría explicar su falta de interés, pero ésa es justo la situación que se busca erradicar con la nueva Ley de Participación Ciudadana. Puesto que  el desinterés por la política y la falta de participación, únicamente beneficia a esas personas cuyo único interés es su propio enriquecimiento a costa del sufrimiento de la mayoría.

Debemos dejar de creer que la política es algo ajeno a nuestras vidas o que es una tarea que nos corresponde a otros. El primer paso para lograrlo es garantizar que su participación y su voz serán tomadas en cuenta, que la participación será efectiva y que estamos tomando decisiones; es decir, que somos sujetos de nuestra historia.

Cuando las y los jóvenes descubramos que sí es posible y que en nuestras manos están muchos de los cambios que necesita nuestro país, quizá empecemos a formar verdaderas ciudadanas y ciudadanos comprometidos con su comunidad. Y de esta forma podríamos estar ante una sociedad mejor preparada para enfrentar males comunes, como la violencia y la discriminación.

 

*Coordinadora del Grupo Parlamentario del Partido del Trabajo, en
la I Legislatura del Congreso de la

Ciudad de México

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