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Kevin Johansen en el Lunario: La relevancia de la cultura

En el marco de un frío otoñal, casi invernal, el americano Kevin Johansen llevó a cabo la presentación de su Algoritmos –álbum que le valió una nominación al Grammy Latino este año– la noche del miércoles 11 de noviembre en las inmediaciones del Lunario del Auditorio Nacional, como parte del #MiTOURbano, en el que no solo fue evidente la versatilidad de su música, sino la entrega y respeto por el público, mismo que quedó ligeramente empañado por un ambiente un poco hostil que se pudo sentir abajo del escenario.

Kevin Johansen en el Lunario: La relevancia de la cultura | La Crónica de Hoy

En el marco de un frío otoñal, casi invernal, el americano Kevin Johansen llevó a cabo la presentación de su Algoritmos –álbum que le valió una nominación al Grammy Latino este año– la noche del miércoles 11 de noviembre en las inmediaciones del Lunario del Auditorio Nacional, como parte del #MiTOURbano, en el que no solo fue evidente la versatilidad de su música, sino la entrega y respeto por el público, mismo que quedó ligeramente empañado por un ambiente un poco hostil que se pudo sentir abajo del escenario.

 

Aunque la experiencia de un concierto siempre queda sujeta a la perspectiva de cada persona que la vive, bien puede ser evidente, en algunas ocasiones, la falta de cultura del público consumidor. Mucho se ha dicho del público mexicano: siempre entregado, eufórico, fiel y entrañable. Sin embargo, nunca se debe perder de vista que los asistentes juegan un papel fundamental durante un espectáculo como el que Johansen suele ofrecer: íntimo, cálido y amigable con los presentes.

 

Si hay una forma de catalogar el show del compositor alaskeño-argentino-neoyorkino, es bajo el formato del cantautor, que al estilo trovador crea un prólogo entre cada interpretación no solo para ofrecer datos sobre algunas de sus composiciones, sino para realizar una entrega mucho más cercana y humana con el espectador.

 

Dando fe de la honestidad de Johansen, no pudo pasar por alto la interpretación de algunos de sus ya clásicos musicales como “Baja a la tierra”, “Cumbiera intelectual” o “Fin de fiesta”, con la que suele cerrar sus presentaciones. El cover de David Bowie, “Modern love”, incluido en su álbum Bi (2012) y “Tiene algo”, son el resultado del intercambio cultural que radica en el compositor, demasiado latino para ser norteamericano y suficientemente anglosajón para ser íntegramente latino.

 

Otros temas de crítica social como “Teletransportación”, “SOS tan fashion” o “La gente más linda”, hasta de carga política como “Sur o no sur” y “Pobre millonario”, dedicada al presidente estadunidense Donald Trump; fueron también un fragmento del amplio universo existente en el imaginario de Johansen.

 

También aprovechó para dar cabida a tres extraordinarias colaboraciones: la primera, cortesía de una de las voces masculinas del momento, Alex Ferreira, con quien cantó “Anoche soñé contigo”; después la puertorriqueña iLe, quien se encuentra en la Ciudad de México promocionando su más reciente material Almadura, subió al escenario para enriquecer la sonoridad de “Logo”, con su peculiar vibrato.

 

No obstante, el dueto que se llevó la noche, fue sin duda el que ejecutó junto a la aclamada compositora Natalia Lafourcade, primero recreando la versión que ambos realizaron del tema “Fugitiva” para el álbum Mujer divina, homenaje a Agustín Lara (2012), y después para “Desde que te perdí”. Y como cereza, Johansen pidió a Lafourcade el exclusivo estreno en vivo de su más reciente tema “Una vida”, del cual ya había hecho un directo en su cuenta de Instagram hace poco más de un mes. Pero el obsequio de su interpretación no solo dejó una gran impresión en los asistentes, sino que confirmó la evolución vocal que ha conseguido a lo largo de sus más de 20 años de experiencia artística.

 

Más de 25 temas sonaron en el recinto aledaño al Auditorio Nacional. De modo que arriba del escenario todo fue impecable, la calidad de cada integrante de The Nada (banda que acompaña a Johansen), que dejó en claro que en el arte no existen brechas generacionales, pues el talento no se mide en edad sino en el dominio del instrumento, así que mientras el joven mexicano Iván de la Rioja destacaba en el bajo, el reconocido músico argentino Enrique Roizner El Zurdo (Vinícius de Moraes, Toquinho, El Gato Barbieri, Astor Piazzolla, Frank Sinatra y La Banda Elástica) hacía lo propio en la batería,  con una destreza que no repara en sus casi 80 años de edad.

 

Desgraciadamente, la euforia de la gente y la hostilidad que habita el contexto actual de la capital mexica, al parecer logró atravesar las puertas del Lunario. Y entre empujones, gritos eufóricos que interrumpían a Kevin Johansen y compañía, se dieron algunos tropezones que –si bien, no minimizan el trabajo artístico arriba del escenario– provocaron que la experiencia no fuera del todo placentera.

 

Nota Personal: Fuera de falsas moralidades o comportamientos tradicionalistas, el público mexicano tiene todo para ser un ávido consumidor, excepto una educación que le permita apreciar desde la pieza más estridente hasta el recital más sublime, una combinación que no es para todo el público y que el show de Johansen incluye. Por ello, entre otras reflexiones, el miércoles dejó al descubierto que las audiencias necesitan modificar la manera en que disfrutan y consumen la música en vivo hacia un respeto por el trabajo de quienes se encuentran arriba del escenario y por quienes también pagaron un boleto para acceder al espectáculo. El público requiere evolucionar a la par que lo hacen los artistas y la industria.

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