Opinión


La caída de Carlos Romero Deschamps

 La caída de Carlos Romero Deschamps | La Crónica de Hoy

Ayer jueves, 17 de octubre, apareció en varios periódicos de circulación nacional, un comunicado del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), firmado por Carlos Romero Deschamps, en el que éste expone los logros de esa agrupación gremial durante su gestión. En los últimos párrafos expresa su opinión acerca de los motivos que lo llevaron a presentar su renuncia como Secretario General de ese sindicato: “Hoy, por razones poco claras, no observamos la cooperación que debe existir entre trabajadores y administración para impulsar los proyectos que permitan el verdadero avance de Pemex hacia su consolidación. Tal parece que se ha recrudecido la antigua posición de vernos como contrarios y no como complemento en la tarea de respaldar a Pemex en su compromiso histórico de ser garantía del desarrollo nacional. Por ello, ante un escenario poco favorable para el cabal cumplimiento de mi responsabilidad como Secretario General, consciente de que mi compromiso fundamental es garantizar la estabilidad de nuestra Organización Sindical y la defensa de los derechos de los Trabajadores he decidido presentar en términos del Artículo 37 de nuestros Estatutos Generales al Consejo General de Vigilancia mi renuncia al cargo de Secretario General del Comité Ejecutivo General del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.” (El subrayado es mío)

En pocas palabras, le torcieron el brazo. El miércoles 16 de octubre el periódico Reforma publicó, en primera plana, que a este líder petrolero le congelaron sus cuentas bancarias desde el 14 de octubre: “asesores jurídicos de Romero explicaron a Reforma que las cuentas del dirigente y su esposa Blanca Rosa Durán, así como de sus hijos Paulina, Alejandro y Juan Carlos Romero Durán, fueron congeladas desde el pasado lunes.” (16/X/2019). Esto fue a raíz de la denuncia presentada por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF). Esta denuncia derivó en investigaciones que está llevando a cabo la Fiscalía General de la República (FGR). A Romero Deschamps se le acusa de enriquecimiento inexplicable y lavado de dinero.

La irritación popular contra el líder petrolero y su familia se exacerbó cuando fue publicada una fotografía de su hija en 2012, con sus perros, en un avión particular. Paulina hace ostentación de una vida de derroches. Por ejemplo, el día de su boda por lo civil, en 2017, lució siete brazaletes Cartier. Le gusta tomarse fotos y subirlas a las redes sociales: se le ve en Moscú, París y Londres con sus inseparables bolsos Louis Vuitton.

En 2013, se dio a conocer que el líder petrolero le regaló a su hijo, José Carlos, un Ferrari Enzo. Para obtener este tipo de autos, el comprador debe mostrar que cuenta con al menos dos autos Ferrari y que el país donde vaya a ser utilizado tenga una agencia de esa marca.

Una de las “debilidades” de este personaje son los relojes de lujo. Se le ha visto lucir esas prendas, algunas de 18 kilates cuyo costo aproximado es de 400 mil dólares. Aparte del jet desde el que se saca selfies su hija, tiene yates valuados, cada uno, en 3 millones de dólares, y departamentos de lujo en Cancún y The Bath Club en Miami. Lleva una vida propia de un jeque árabe.

Es curioso y significativo que Carlos Romero Deschamps haya sido cinco veces legislador y en ninguna de esas ocasiones pasó por el veredicto de las urnas. Siempre entró al Congreso por la vía plurinominal: Senador de la República (1994-2000 y 2012-2018); tres veces diputado federal (1979-1982, 1991-1994, 2000-2003).

Le tocó “de carambola” hacerse cargo del sindicato petrolero: el 10 de enero de 1989, un comando militar tomó por asalto la casa del entonces líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, a quien le decían La Quina. Apenas acababa de tomar posesión Carlos Salinas de Gortari; las rencillas entre ambos personajes eran públicas y notorias.

La legitimidad con la que había llegado Salinas a la Presidencia de la República el 1 de diciembre estaba muy cuestionada por el fraude electoral que descaradamente se instrumentó desde la Secretaría de Gobernación, cuyo titular era Manuel Bartlett. Había que mostrar autoridad y firmeza. Pues qué mejor que lanzarse contra su acérrimo rival La Quina. Se hicieron cargo de la dirigencia Salvador “Chava” Barragán y Sebastián Guzmán Cabrera, hasta que en 2003 fue ungido Carlos Romero Deschamps, quien actuó de consuno con Carlos Salinas de Gortari. Las cifras reportadas por Pemex se fueron al alza. Y así se entendió, a las mil maravillas, con los siguientes presidentes de la república: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Todos ellos sabían de las “tranzas” que hacía el tamaulipeco; pero con tal de que mantuviera al gremio en paz y los dejara a ellos (presidentes) manejar el negocio, no había problema.

No estoy de acuerdo con quienes dicen que la caída de Romero Deschamps significa la caída del “charrismo sindical.” Para eso falta bastante, por allí anda vivito y coleando Víctor Flores Morales, líder del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM). Por sólo citar un caso, pero hay varios más.

 

 

 

José Fernández Santillán

Twitter: @jfsantillan

Mail: jfsantillan@tec.mx

 

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