Opinión


La carrera por la vacuna anti SARS-CoV-2: dinero, presidencias, premios Nobel, todo está en juego

Crónica presenta un texto especial de Gerardo Gamba, reconocido científico mexicano y habitual colaborador de nuestra edición, en el que con la claridad expone los entretelones de una competencia por tener la primera vacuna contra el Covid-19

La carrera por la vacuna anti SARS-CoV-2: dinero, presidencias, premios Nobel, todo está en juego | La Crónica de Hoy

La carrera por la vacuna para prevenir la infección por SARS-CoV-2 ha comenzado y se encuentra no solo en una etapa de competencia férrea, sino también de politización del tema. Hay demasiado en juego. Desde potenciales Premios Nobel, tanto de Medicina y Fisiología, como de Química y hasta de la Paz, hasta posiciones en candidaturas presidenciales. Todo parece indicar que la inadecuada respuesta del presidente de nuestro vecino país del norte ante la pandemia será determinante para evitar su reelección, por lo que ha implementado una serie de maniobras que tratan de prevenirlo, pero que tampoco lo han ayudado mucho, como la sugerencia de inyectar a los pacientes con limpiadores en base de cloro o bien, la propaganda tan desmedida que le hizo al consumo de la hidroxicloroquina, supongo que con la esperanza de que sirviera y entonces recuperar votos. En ese caso, es interesante que se haya negado a utilizar el cubreboca, que es lo poco que sabemos que si tiene efecto en mitigar los contagios. Aparentemente hay en quienes la utilización de cubreboca parece representar un golpe terrible al ego. En este punto, una goya por nuestra gobernadora de la Ciudad de México que ha puesto el ejemplo a la población.

He comentado en editoriales anteriores en este espacio algunos estudios que se han publicado al respecto de vacunas. El primero fue publicado en Science y se trata de un estudio en simios con la vacuna desarrollada en Oxford y que está desarrollando la empresa AstraZeneca (25 de mayo), que mostró el desarrollo de anticuerpos contra SARS-CoV-2 y con la consecuente protección ante la exposición al virus. Esta es la vacuna a la que le está apostando la Fundación Carlos Slim. Luego hablamos del estudio fase I publicado en el New England Journal of Medicine de la vacuna desarrollada por la empresa Moderna de Cambridge, Massachusetts (20 de julio). Esta semana aparece uno más, en este caso en la prestigiosa revista Nature y se trata de la vacuna basada en RNAm que ha preparado la empresa Pfizer. En este caso se inyectaron 45 humanos de 19 a 54 años con tres diferentes dosis de la vacuna y en todos los casos hubo desarrollo adecuando de anticuerpos anti SARS-CoV-2. Las molestias por la vacuna fueron pocas y por supuesto, más frecuentes con las dosis mayores. Aquí entonces tenemos otra vacuna que sirve desde el punto de vista biológico, para inducir la formación de anticuerpos y que ahora está en fase de ensayo clínico controlado para probar su utilidad en la prevención de la enfermedad. A esto hay que agregarle decenas de vacunas más que se están desarrollando por diversas empresas y también quizá a la vacuna de Rusia que el presidente Putin anunció de repente como ya un hecho, aunque no he visto ninguna publicación científica seria al respecto. Todo parece indicar que hacia finales del año tendremos ya publicaciones de estudios que demuestren la utilidad de las diversas vacunas en la prevención del COVID. Esperemos que todas resulten útiles, porque las necesitamos con urgencia.

Lo que me parece interesante resaltar es que la pandemia ha traído la oportunidad a la población en general, de ver en tiempo real el proceso de la documentación e investigación científica que hay atrás de una enfermedad. Casi todas las enfermedades existen desde hace cientos o miles de años y la mayor parte de la población no las conoce, a menos que desarrolle una, en cuyo caso de golpe se entera de lo que se sabe o no de la enfermedad y los tratamientos que existen. Ha habido enfermedades nuevas, pero ninguna ha generado tanto interés en la población como la COVID. Una excepción parcial fue la infección por HIV que sugirió a principios de los 80s y que causó cierto interés en la población general, pero en el momento en que quedó claro cuáles eran los grupos en riesgo de contraerla, la mayor parte de la población dejó de mostrar interés porque sintió que su riesgo era bajo. Además, el tiempo que se requirió para empezar a entender la enfermedad y desarrollar tratamientos adecuados fue de varios años. Quizá lo más relevante del HIV en términos de población fue el cambio social y apertura a la que la enfermedad obligó en aras de su prevención.

La infección por SARS-CoV-2 nació en diciembre de 2019 y hasta el momento, en cuestión de siete meses, la población ha tenido la oportunidad de atestiguar el proceso de la investigación de una enfermedad, que incluye: 1) los análisis moleculares y estructurales del virus para entender cuales son sus puntos débiles y cómo es que se originó; 2) las pruebas para determinar la presencia o no de la enfermedad y así entender su transmisibilidad y epidemiología, para a su vez tratar de predecir su comportamiento; 3) los estudios de series de casos para entender la clínica de la COVID-19 y poder augurar quien tendrá o no evolución grave; 4) los estudios fisiopatológicos para saber cómo es que infecta y las consecuencias biológicas que esto produce; 5) los múltiples estudios para probar si alguno de los medicamentos ya existentes podrían servir; 6) el desarrollo de nuevas moléculas con propósito de inhibir al virus y 7) el surgimiento de potenciales vacunas.

Con suerte y en cuestión de algunos meses más, podría verse la comprobación de la utilidad de las vacunas, su comercialización y eventualmente, que la pandemia se detenga cuando un porcentaje considerable de la población haya recibido la vacuna. Eso será un triunfo de la ciencia ante los ojos de miles de millones de personas. Tengo la esperanza que al menos cierto porcentaje de la población esté captando lo complicada que es la investigación biomédica y clínica, lo que podrá ayudar a la disminución de la utilización de productos que sin ninguna base científica son recomendados para un sin número de enfermedades, por una diversidad de personas, pero no por un Instituto Nacional de Salud o cualquier otra institución seria de la salud.

 

Dr. Gerardo Gamba

Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e

Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM.

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