Opinión


¿La Cuarta Transformación o la Restauración?

¿La Cuarta Transformación o la Restauración? | La Crónica de Hoy

Las cuentas son claras. El Presidente López Obrador ha mencionado que México padeció 36 años de neoliberalismo y los etiqueta como una época oscura y de retroceso. Para él y sus allegados no hubo avance, sólo estancamiento político, económico y social.

En su peculiar y equivocada interpretación de la historia, todos los males comenzaron cuando los mexicanos decidimos desmontar el régimen autoritario del partido dominante, después del gran fracaso del populismo echeverrista (1970-1976) y lopezportillista (1976-1982).

Sus cuentas vinculadas con sus cuentos históricos son los que abren la disyuntiva sobre la auténtica propuesta política del lopezobradorismo. ¿Estamos frente a una cuarta transformación liberadora o ante la restauración del autoritarismo popular?

El cuestionamiento es profundo y difícil de descifrar. La coalición gobernante variopinta, que aglutina a los extremos de derecha e izquierda y pasa por toda la gama ideológica mexicana, impide ser concluyentes.

El núcleo es un grupo cercano al Presidente quienes fueron, en su mayoría, funcionarios defensores del nacionalismo revolucionario encabezados por Ebrard, Bartlett y Jiménez Espriú, que ocupan cargos de la mayor relevancia. El círculo inmediato son los académicos relegados por los gobiernos anteriores con ideas marxistas, maoístas o trotkistas y los incondicionales a la figura del líder. El resto son adherentes oportunistas al movimiento que, eventualmente, como sucedió en la marcha roja de Mao, irán abandonando el proyecto por incompatibilidad o cansancio.

Sin embargo, los rasgos principales inclinan la balanza a pensar de que se trata de una restauración autoritaria por la clara intención y las acciones tendientes al debilitamiento de los poderes legislativo y judicial, así como la desaparición y sometimiento de los órganos constitucionales autónomos.

La democracia representativa por la que hemos luchado los mexicanos los últimos 36 años —llamada despectivamente neoliberal— exige auténtica división de poderes y acotamiento de las facultades del Presidente. A Trump, a Putin y a todos los personajes políticos autoritarios les estorba la autonomía de los bancos centrales y la culpa de los males del pueblo la atribuyen a la oposición parlamentaria.

Es la restauración del estatismo económico por que se propone la obra pública por administración directa (PEMEX y la Secretaría de Energía constructoras de refinerías), la terminación anticipada o la construcción por “mandato” popular de grandes obras de infraestructura relegando las consideraciones de costo-beneficio, la centralización de la actividad del Estado en las instancias hacendarias, el control de la economía desde el poder con cifras políticamente a modo, la atribución de la desigualdad social a la competencia, la elevación de los salarios mínimos por decreto, la creación de zonas francas o con regímenes fiscales especiales, la inducción de la producción de bienes y servicios con incentivos presupuestales, los precios y tarifas de servicios y bienes fijados por disposición de la autoridad, entre otros.

El desarrollo económico que privilegia la lógica del libre mercado, que es acusado de neoliberal es lo que permitió que superáramos, no sin tropiezos, la profunda crisis que provocó el derroche irresponsable del populismo setentero.

El crecimiento económico requiere de un mínimo de certeza jurídica para que haya inversión que genere empleos productivos. En el autoritarismo el capricho gubernamental dicta las políticas económicas y el destino de la inversión pública, lo que ocasiona desacumulación de riqueza e inflación que golpea a todos, pero con más fuerza a los que menos tienen.

Si, el capitalismo salvaje es dañino, sólo los radicales creen en él, pero el estatismo igualitarista es peor.

Es la restauración del clientelismo político por la distribución de los recursos de los programas sociales a grupos afines al partido en el poder y orquestada desde la Presidencia de la República con la red de súper delegados que coordinan los programas de desarrollo social.

Hay que recordar que los programas de gasto asistencialistas no viables financieramente condujeron a la pauperización de la población por la inflación que provoca el déficit de las finanzas públicas.

Los efectos más críticos y empobrecedores del populismo son que más del 90 por ciento de las pensiones equivalían a un tercio del salario mínimo y la caída del salario real a la tercera parte de su valor en 1982 y se recuperó hasta la primera década del siglo XXI.

La descalificación de la democracia representativa, la sumisión de los poderes legislativo y judicial al ejecutivo, la vulneración de las autonomías constitucionales, el estatismo económico y el gasto social clientelar no auguran el advenimiento de una cuarta transformación liberadora, sino todo lo contrario: la restauración del autoritarismo con un partido dominante.

Los expriistas que nos gobiernan, que es el núcleo central del gobierno lopezobradoristas, sueñan con el regreso al presidencialismo priista en el que se educaron políticamente. Una auténtica restauración.

 


Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I
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