Opinión


La cuenta difícil

La cuenta difícil | La Crónica de Hoy

Cada vez es más difícil llevar la cuenta. Todos los días hay reportes de jóvenes mujeres, en algunos casos incluso niñas, del Estado de México que, por una razón u otra, son reportadas como desaparecidas. No todo es un misterio. Es claro, por ejemplo, que los municipios de Ecatepec y Netzahualcóyotl y sus vecinos, Tecámac y Coacalco, en el caso de Ecatepec; y Chimalhuacán, La Paz y los Chalco en el caso de Netzahualcóyotl, aportan muchas de las víctimas de este delito.

Sabemos que son mujeres jóvenes de municipios en los que existe una cantidad importante de carencias, aunque no son—ni de lejos—los municipios más pobres del Estado de México. De hecho, cuando uno compara a Ecatepec o Neza con los municipios de las zonas rurales mexiquenses, lo que se observa es que aquellos tienen ventajas importantes en acceso a servicios básicos de educación y salud.

El problema de Ecatepec y Neza no es la miseria que existía en los 1960 o 1970. Lo que caracteriza hoy a esos municipios y otros, es la dificultad para acceder a servicios de educación media superior y superior, servicios especializados de salud, los servicios de las fiscalías General de la República y General de Justicia del Estado de México, así como acceder a empleos bien remunerados.

Por ejemplo, la falta de oportunidades en esos municipios propicia que sus jóvenes, varones y mujeres, deban embarcarse en viajes diarios a la capital de la República, o a municipios mexiquenses con mejor oferta académica, como Naucalpan, Tlalnepantla y Cuautitlán. Ello implica, sin embargo, gastos y pérdidas diarias de 60 a 90 minutos en traslados y vivir siempre con el miedo de salir demasiado temprano o llegar demasiado tarde al hogar y sufrir asaltos en el transporte público o en la calle.

Las mujeres que pueden, compran autos privados tan rápido como les es posible o incluso se mudan a la Ciudad de México o a los municipios donde están las escuelas profesionales a las que asisten. Sin embargo, tanto comprar autos, incluso usados, como mudarse, implican severos gastos, como las rentas. A pesar de ello, poseer un auto sigue siendo visto como una ventaja. Por ello, la Ciudad de México es una de las más congestionadas del mundo, con miles de autos viejos.

Para la gran mayoría de las mujeres que viven en las zonas más incomunicadas de Neza, Ecatepec, o los municipios vecinos, haber nacido ahí equivale a una condena a muerte, que puede concretarse o no, pero que inhibe su desarrollo: desde muy temprana edad, tienen claro las dificultades que enfrentarán para acceder a la educación superior y a mejores empleos. Por ello, eluden la ruta del desarrollo académico y profesional, se embarazan a temprana edad y sus posibilidades de desarrollo se cierran.

Las respuestas que los gobiernos han dado han sido desalentadoras. En un sentido, por ejemplo, hay quienes ofrecen becas para el transporte público. Ello puede ser todo lo que necesitan quienes vivan cerca de escuelas a las que se pueda llegar a pie, en bicicleta o en un viaje en Metro o Metrobús, pero es menos eficaz cuando se tiene que combinar con otros medios de transporte.

Urge que, además de endurecer los castigos contra quienes acosen, ataquen o lastimen a mujeres o niñas y se acabe la impunidad, se reconozca que la clave para mejorar las vidas de muchas personas, especialmente las mujeres, es darle vida a un sistema de transporte verdaderamente integral, digno y con visión metropolitana, que las acerque a oportunidades de desarrollo, que incluyen la necesidad de desplazarse de manera segura en la Ciudad.

 

Manuel Gómez Granados

manuelggranados@gmail.com

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