Opinión


La democracia necesita demócratas

La democracia necesita demócratas | La Crónica de Hoy

Al discutir los asuntos políticos, de repente parecería que quienes se dedican a esa actividad nos son muy lejanos. Ciertamente no caeré en afirmar que son “el espejo de la sociedad”, pues ciertamente existe en el mundo una división entre los representados y sus representantes, algo que el autor Yascha Mounk ha explicado por referencia al caso norteamericano.

Es posible que en Latinoamérica pueda percibirse algo similar, esto es, el alejamiento entre quienes hacen de la política su principal actividad, y la ciudadanía. Pero, dejando a un lado las suposiciones teóricas, uno podría asumir que esto tiene algo que ver en los vuelcos electorales que de repente observamos lo mismo en democracias consolidadas, que en otras más jóvenes.

Y ahí llegamos a un punto: democracia. Sobre este tema ya he escrito en otras ocasiones, acerca de la necesidad de adjetivarla de alguna forma para dotarla de algo más que un sentido evocativo y retórico; pero hay algo que ha faltado en mis columnas: reconocer que la democracia requiere demócratas.

Esto puede sonar a una verdad evidente, pero como la carta de Poe, está tan a nuestra vista que no lo notamos. La democracia, entendida en este caso como algún grado de involucramiento ciudadano en la elección de representantes y en la conducción de los asuntos públicos, requiere personas dispuestas a eso, a involucrarse.

En el plano más básico, podría afirmarse que esto se agota en el acto de votar, lo que nos llevaría a reconocer que la ciudadanía es algo que se ejerce cada tres años, y mientras permanece en hibernación.

Por lo mismo, me parce que ser demócrata implica más que hacer una fila cada tres años. Requiere una conciencia de vivir en comunidad, y que es dentro de la misma en la que decidimos asuntos colectivos que afectan nuestras vidas.

Por ejemplo, esto se manifiesta en la decisión de informarse acerca de los asuntos públicos. Dado que la política es demasiado importante para dejársela sola a los políticos y las política, parece que ser demócrata tiene algo que ver con saber cuáles son los principales problemas de nuestro entorno.

Esto es más fácil si lo vemos desde lo inmediato. Por ejemplo, ¿cuáles son los principales asuntos pendientes que hay en su colonia, barrio o comunidad? ¿la luz en las vialidades? ¿los baches? ¿la inseguridad? Conforme vamos subiendo, esto puede ser un poco más complicado, piense usted ahora en los problemas de su entidad y del país.

Mientras más subimos la mirada, más necesitamos fuentes de información, porque puede ser que los asuntos no nos sean tan inmediatos. Por tanto, ser demócrata implica un compromiso de informarnos de los temas públicos, lo que parece fácil en la era del Internet, pero no debemos obviar que no toda la población tiene acceso al mismo.

Además tenemos el problema del exceso de fuentes de información, algunas francamente orientada a las noticias falsas o bulos. Y nuestro propio sesgo personal.

Ser demócrata reclama a la vez otro grado de participación, específicamente en las causas que nos integran en tanto comunidad.

Esto puede vincularse con una pléyade de supuestos; por ejemplo, la causa de los animales de la calle, el rescate de monumentos históricos, el apoyo a conjuntos musicales infantiles, el acceso a medicamentos para atender el VIH, o cualquiera otra causa que usted considere valiosa, y a la que esté de acuerdo en dedicarle tiempo o algún otro recurso.

Es cierto, cada persona elegimos nuestras luchas, las causas sociales no son todas para todas las personas, y por lo mismo, creo que no puede afirmarse desde una posición de preferencia personal, que una es más urgente que la otra, pues si bien así puede parecernos desde nuestro mirador personal, no podemos ignorar que esto es justamente una posición individual.

Pero es la suma de esas causas las que también nos vertebra como comunidad, y no desde la perspectiva de superior-inferior, no desde una visión jerárquica, sino horizontal, desde la esenia misma de la ciudadanía, entendida como la vida en común que requiere un compromiso de todas las personas para que valga la pena mantenernos así, en comunidad.

Visto de esta manera, la democracia no se agota en el acto de ir a votar. No se relaciona exclusivamente con partidos o con representación popular; se articula a partir del reconocimiento de la igualdad y de la identificación de las demás personas como legítimas poseedoras de preocupaciones sociales que pueden unirlas a otras que tengan las mismas inquietudes.

Vale entonces preguntarnos, ¿puede existir la democracia política sin algún grado de democracia social?

 

 

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