Opinión


La Doctrina Estrada no encubre tiranos

La Doctrina Estrada no encubre tiranos | La Crónica de Hoy

Antes de que Juan Guaidó hubiera tomado protesta, el 23 de enero, como presidente encargado de Venezuela y que diversos países lo reconocieran como presidente legítimo, la administración de Andrés Manuel López Obrador ya había reconocido a Nicolás Maduro, quien repitió en el cargo gracias a unas elecciones fraudulentas realizadas en mayo de 2017. Se trató de una usurpación. Como ya he señalado (La Crónica, 11-I-2019), el diario español El País dijo: “México ha consolidado el giro ideológico de su política exterior que había adelantado el triunfo de Andrés Manuel López Obrador”. (5-I-2019).

Para tomar distancia del Grupo de Lima que, hasta la administración pasada, México había promovido para aislar diplomáticamente a la dictadura de Maduro y buscar el regreso a la democracia, López Obrador recurrió a la Doctrina Estrada: “Vamos a respetar los principios constitucionales de no intervención y de autodeterminación de los pueblos en materia de política exterior”. Eso fue todo lo que dijo respecto al texto constitucional.

El razonamiento del tabasqueño, que continúa sosteniendo con todo y el ascenso legítimo de Juan Guaidó al poder, es falso por dos razones: En primer lugar, porque AMLO hace una interpretación parcial de la facción X del artículo 89 de nuestra Carta Magna. Ese artículo trata de las facultades y obligaciones del Presidente. La facción referida estipula lo siguiente: “Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales… En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención, la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los estados, la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos”.

Simple y sencillamente AMLO se brincó el tema de los derechos humanos en su referencia a Venezuela. Una omisión gravísima porque si de algo se ha acusado a Nicolás Maduro es, precisamente, de haber violado sistemáticamente los derechos humanos en su país: detenciones arbitrarias, juicios amañados, utilización extralegal de la fuerza para reprimir la libertad de expresión y reunión, anulación de la libertad de prensa, persecución de los opositores, organización y puesta en operación de grupos paramilitares. Todos estos abusos han quedado documentados por diversos organismos internacionales.

Al no mencionar la violación de los derechos humanos que cometieron tanto Hugo Chávez como su delfín Nicolás Maduro, López Obrador se hace cómplice de esas atrocidades. Para él los derechos humanos no son problema: Maduro (aun siendo un usurpador) puede seguir masacrando a su pueblo.

En segundo lugar, se ha citado profusamente a Genaro Estrada para escudarse en su doctrina y así reconocer a un tirano (ex defectu tituli) que no tiene derecho a ocupar el puesto de Presidente de la República. Sin embargo, poco se sabe de Genaro Estrada. Por ejemplo, hay un libro-homenaje dedicado a este gran diplomático que debió editar el Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores pero que, inexplicablemente, no ha seguido el proceso de publicación y, en consecuencia, no se encuentra en librerías. El compilador es Alberto Enríquez Perea. Allí se da cuenta de que Estrada fue un diplomático que luchó en contra de las tiranías y a favor del estado de derecho a nivel nacional e internacional.

Don Genaro fue un promotor de la presencia de México en la política internacional: la entrada de nuestro país en la Sociedad de Naciones (antecedente de la ONU) y en los foros iberoamericanos. Estrada jamás pensó en que México debía aislarse con base en el principio de “no intervención” o hacerse de la vista gorda ante los excesos de las autocracias.

De otra parte, vale la pena tomar en cuenta la frase de El País: “giro ideológico”. Para nadie es un secreto que, en efecto, existen afinidades políticas entre Morena y el chavismo. Por ejemplo, Excelsior (17/I/2018) documentó la presencia de líderes de ese partido, ahora gobernante, en seminarios organizados en apoyo al gobierno de Venezuela. Tales seminarios se llevaron a cabo en la embajada venezolana. En ellos han participado, Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional de Morena; Gerardo Fernández Noroña, diputado federal de Morena; y Héctor Díaz Polanco, presidente de la Comisión de Honestidad y Justicia de ese partido.

En un video de YouTube, subido el 23 de octubre por el Financiero Bloomberg, Díaz Polanco afirmó que uno de los papeles más importantes que Morena tendría al llegar al poder sería integrarse con los países de América Latina que están haciendo cambios, como en Venezuela: “Yo creo que esa es una tarea importantísima que México podría realizar. Imagínense ustedes, el escenario de la integración de México en ese proceso de cambio americano. Digámoslo directo, la integración de México en la Revolución Bolivariana”.  

Allí está la verdadera razón de por qué AMLO respalde a Maduro, se trata de un giro ideológico hacia el populismo bolivariano. Viraje que quiso ser camuflado esgrimiendo la Constitución (a su conveniencia). AMLO intentó utilizar la Doctrina Estrada para llevar a cabo una marrullería. Pero la treta no le salió.

 


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