Opinión


La encuesta definitiva del 6 de junio

La encuesta definitiva del 6 de junio | La Crónica de Hoy

Una elección no es una encuesta. Esto es obvio, pero el elector suele confundirse porque los candidatos y partidos utilizan las encuestas que les convienen como parte de su propaganda y descalifican aquellas que no les favorecen. Los más cínicos afirman que tienen otros datos en estudios de opinión privados que presagian que van a ganar e invitan a esperar el juicio ciudadano que se expresará en las boletas y que seguramente ratificará su supuesto triunfo.

Las encuestas registran dos tipos de percepciones: la preferencia electoral y la aceptación o rechazo del gobierno. En algunas ocasiones, el candidato afín a un gobierno bien calificado se beneficia de esta circunstancia, pero puede suceder que no haya ninguna transferencia de simpatías y el elector potencial manifieste preferir votar por un candidato opositor al gobierno, aunque mantenga su conformidad con el mismo.

Por ejemplo, en las encuestas realizadas por Consulta Mitofsky mostraban que, al momento de la elección intermedia, Vicente Fox y Felipe Calderón, tenían una aprobación mayor a la que hoy tiene López Obrador en las vísperas del 06 de junio. Sin embargo, ambos presidentes panistas no lograron una mayoría legislativa cómoda para la segunda parte de su sexenio como también lo pretende hoy, abiertamente, el presidente.

Si bien es cierto que la elección del domingo se ha planteado como un plebiscito al gobierno de AMLO, nada permite concluir que su popularidad será el factor determinante en el resultado electoral y, en cambio, sí es posible que afecte el desempeño electoral de su partido la estridencia del discurso en las mañaneras. Un amplio grupo de ciudadanos tienen la idea de que un congreso de mayoría morenista no garantiza el equilibrio entre los poderes, que es una condición necesaria para la vida democrática y plural.

Desde el jueves los ciudadanos velan armas en espera de la “encuesta definitiva”. Las últimas mediciones de las preferencias electorales se publicaron el miércoles y esa es la información disponible para que el votante tome su decisión que será la que se refleje en las urnas, que es la auténtica expresión de la voluntad popular.

La votación es el momento decisivo y no tiene los sesgos del diseño del muestreo de una encuesta, ni desviaciones estadísticas. Los funcionarios de casilla, que son ciudadanos sin ningún cargo público, vigilados por los representantes de los partidos y los observadores electorales, recibirán y contabilizarán los votos de quienes decidan acudir a sufragar el domingo y concentrarán las boletas y actas en las oficinas del INE (Instituto Nacional Electoral) y los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES) para su registro e incorporación al Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).

En la noche del 06 de junio se conocerán a los ganadores y los perdedores, quienes recibirán la constancia de mayoría y los que tendrán que esperar otra oportunidad para servir a su comunidad. También se perfilarán los posibles conflictos post electorales que seguramente habrán por las constantes actividades propagandistas del presidente en las mañaneras, que ya fueron objeto de reproche jurídico del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Esta “encuesta definitiva” no es una preferencia electoral, sino que es la integración de la representación nacional y será la que marque el comportamiento político de la segunda parte del sexenio de AMLO. No debe extrañar que arroje resultados divergentes, como sucedió en sexenios anteriores, con la aprobación de la imagen presidencial.

También la elección intermedia es el inicio anticipado del cuarto año de gobierno que suele ser el pináculo en un sexenio normal y es esperable que la popularidad presidencial crezca en las encuestas -el caso de Peña Nieto es excepcional-, lo que contrasta con el comienzo de la declinación de su poder por las ambiciones sucesorias. La soledad se apodera del Palacio Nacional en el último año de gobierno.

La representación política en la Cámara de Diputados que arroje la elección intermedia próxima será el escenario para el cambio de la estafeta presidencial en el 2024. Hoy, como nunca antes en la historia comicial del país, se anticipa que la participación ciudadana sea aproximada a los 93 millones (https://tured.capital/2021/04/24/cuantas-personas-van-a-votar-en-mexico-durante-estas-elecciones-2021/), tal vez por los efectos de la polarización del votante en torno a la figura de AMLO.

El voto es libre y secreto. Quien se abstiene o anula conscientemente su voto se excluye voluntariamente de la “encuesta definitiva”. Un voto individual aparentemente no hace la diferencia en el resultado, pero que muchos ciudadanos desprecien el ejercicio básico de la democracia abre el camino al autoritarismo y a los promotores de la violencia política.

El domingo hagamos una fiesta cívica e integremos la representación nacional, que cada quien vote como considere que es lo más conveniente para el país. Esto es lo que realmente nos previene de regresar al autoritarismo de partido hegemónico del siglo pasado. La participación ciudadana es el único antídoto frente a las dictaduras de cualquier signo. Vale

Socio director de Sideris, Consultoría Legal

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