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"La enseñanza de la ciencia con experimentos es muy importante"

Adicionalmente les provoca sorpresa, por lo que se puede decir que la emoción va ligada al proceso cognitivo, impactando la atención, la percepción y la memoria, señala Susana Alanís en El Colegio Nacional

En la enseñanza de la ciencia durante la infancia, realizar experimentos y asombrar a los alumnos genera un mayor aprendizaje, señala Susana Alanís, investigadora del Centro de Geociencias de la UNAM, campus Juriquilla, quien ha llevado a cabo talleres y ha editado libros para educación básica sobre el área.

Durante su conferencia “Importancia de la enseñanza de las geociencias en la infancia y adolescencia”, realizada en el ciclo “Universidades por la ciencia” de El Colegio Nacional, la académica expuso algunos de los hallazgos de su invetigación y los resultados de impartir talleres en escuelas primarias de Guanajuato.  

La científica acotó que los niños hacen su hipótesis sobre fenómenos naturales y se preguntan cosas que, aunque son cotidianas, no son fáciles de responder. Esto provoca que generen ideas equivocadas (misconceptions), las cuales, se acuerdo con autores especializados en educación, son difíciles de cambiar.

Los libros publicados por la científica y su centro de investigación –disponibles de forma gratuita en su página web— han formado parte de los talleres y programas de promoción de la ciencia del estado, entre los cuales se explica y emplean experimentos para que los profesores enseñen ciencia a sus alumnos.

Después de diversas experiencias con estos programas, los investigadores realizaron pruebas en los estudiantes para medir su impacto. Entre los resultados encontraron la eficacia de los experimentos en clase.

“Después de hacer los experimentos, los estudiantes cambiaron sus ideas. En todos los fenómenos contraintuitivos en los que tenían una idea equivocada, la cambiaron después del experimeto, lo cual demostró que de esta forma se puede erradicar la misconception, algo que la bibliografía dice es difícil de lograr”, añadió la académica durante el ciclo encabezado por el miembro de El Colegio Nacional Jaime Urrutia Fucugauchi.

“Significa además que las expectativas no confirmadas por el experimento les provocó sorpresa, por lo que se puede decir que la emoción va ligada al proceso cognitivo, impactando la atención, la percepción y la memoria”.

Entre las conclusiones que Alanís Álvarez y su grupo de investigación han recopilado a lo largo de su experiencia se encuentra que los niños y los adultos tienen una imagen de cómo es el mundo que no siempre es la correcta.

“Que hay muchos fenómenos naturales que ocurren contra nuestra intuición y que es posible generar una intución experta desde la infancia para inhibir la misconception”.

La académica menciona que al llegar a la secundaria, si los estudiantes no tienen el antecedente de un buen aprendizaje de la ciencia se pueden topar con explicaciones de los fenómenos a través de fórmulas y otras abstracciones que no cuadran bien en su mente.

“Por ello, la enseñanza de la ciencia con experimentos es muy importante. Puedo decir que a los niños les causa mucha emoción que ocurra una cosa diferente a la esperada, algo que ni en nuestros laboratorios de investigación ocurre a menudo, pero durante la niñez es positiva y va ligada al proceso cognitivo y mejora del aprendizaje de las ciencias”.

HACERSE EL PAYASO.

Después de esta etapa en la infancia, para los estudiantes en la pubertad el asombro y los experimentos pueden no ser igualmente efectivos, no obstante, las investigaciones realizadas por la académica arrojan que el humor podría ser una buena opción.

Junto con la Academia Mexicana de Ciencias, realizaron un video sobre la geología del súper continente Pangea; antes y después del video emplearon un instrumento de evaluación aplicado a estudiantes de quinto y sexto de primaria, así como de secundaria. 

Aunque el proyecto fue realizado para detectar las diferencias en el aprendizaje de niñas y niños, se notaron otros aspectos interesantes. “El video sobre deriva continental fue realizado con chicas que hacían clown y algunas otras payasadas de las que no estaba convencida que funcionaran, pero a los niños les gustaron. Se hacían explicaciones y después un chiste para recuperar la atención, cuando se iba perdiendo hacían otro y la recuperaban. Funcionó bien”.

La académica añadió que los estudios para dar seguimiento a estas investigaciones fueron suspendidos el año pasado debido a la pandemia, pero posteriormente se buscará medir cómo la enseñanza de la ciencia puede ser una estrategia para atraer a los adolscentes y alejarlos de los riesgos que impone el incremento de la violencia en el estado.

 

 

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