Opinión


La enseñanza encadenada

La enseñanza encadenada | La Crónica de Hoy

La idea de poner al alumno en el centro del proceso educativo, puede tener un impacto saludable sobre la enseñanza. En realidad, sugiere volver al paido-centrismo  que el mundo conoció en el siglo XX a través de autores célebres como Montessori, Ferriére, Decroly, Freinet, Cousinet, Dewey y Piaget.
¿Hasta dónde es esto posible avanzar en esta dirección? Múltiples evidencias informan que la enseñanza en México es rutinaria y adolece de cierta rigidez, pero no debemos culpar al maestro de que eso ocurra, sería injusto hacerlo. La explicación última de esta situación reside en el sistema escolar, en su organización, en la ampliación creciente de los contenidos culturales que la escuela debe transmitir y en los medios e instrumentos con que se cuenta.
El sistema educativo nacional es una entidad grande y compleja sumamente difícil dirigir y controlar. Se trata de una empresa tan vasta que en varios aspectos desborda las capacidades humanas y para cuyo manejo, tal vez, la teoría de la administración no acaba todavía de formular instrumentos eficaces.
El tamaño del sistema no sería problema si estuviera organizado en unidades discretas, como en Estado Unidos donde existen los distritos escolares que son relativamente manejables. Pero en México la política impidió una segmentación escolar como la de EUA. El Estado nacionalista, fuerte y burocrático de la Revolución Mexicana se obstinó en controlarlo todo desde el centro.
Este modelo escolar y mexicano de gestión única, para funcionar, se apoya en estructuras de diseño unitario, como los planteles, los planes de estudios y los libros de texto elementos válidos para todas las escuelas desde preescolar hasta secundaria. Hay programas únicos para cada grado y existe para cada uno de ellos un libro de texto único. La unicidad domina todo.
Todos los maestros de un grado escolar están obligados a enseñar lo mismo y casi al mismo tiempo. El profesor no tiene casi margen de acción, pero debe adaptarse a las condiciones existentes y esa adaptación conlleva generalmente a apegarse casi puntualmente al libros de texto.
La misión de la escuela es transmitir o reproducir cultura y ese proceso es mediado por un actor central, el maestro, y por algunos medios –los  materiales educativos-- que representan diversas formas de codificar la cultura que se transmite (libro de texto, televisión, video, computadora, etc.). El libro de texto es el medio privilegiado en la enseñanza.
Una encuesta demostraría fácilmente el predominio que en la escuela mexicana tiene el libro de texto sobre otros materiales educativos. Un estudio de hace algunos años reveló que en Estados Unidos el alumno estaba el 75% de su tiempo en contacto, directo o indirecto, con el libros de texto. En las pedagogía activas de hace un siglo, los pedagogos insistían en que el estudiante no utilizara medios sino que se pusiera en contacto directo con los procesos sociales y naturales reales (Freinet).
Otros maestros privilegian la enseñanza oral y dan poca importancia al libro, pero la gran mayoría de los docentes, por comodidad, se ajusta al libro de texto, mediador cultural por excelencia, aunque muchas veces su contenido y forma se ajustan más a los intereses de los docentes que a los de los alumnos.

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