Opinión


La Esquina

Todas las razones que puedan tener los taxistas concesionados se caen con los métodos deleznables que utilizan. Se trata de un pulso entre un grupo de interés —que, evidentemente, no es el del trabajador del volante— y el gobierno capitalino. En ese juego de las vencidas pierde la ciudad entera. Y el estado de derecho sigue brillando por su ausencia.

La Esquina | La Crónica de Hoy

Todas las razones que puedan tener los taxistas concesionados se caen con los métodos deleznables que utilizan. Se trata de un pulso entre un grupo de interés —que, evidentemente, no es el del trabajador del volante— y el gobierno capitalino. En ese juego de las vencidas pierde la ciudad entera. Y el estado de derecho sigue brillando por su ausencia.

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