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El avance de la eutanasia es impulsado por la sociedad civil: Arnoldo Kraus

ARTÍCULO DE FONDO. Coordenada Crónica presenta argumentos de médicos y académicos como Arnoldo Kraus y escritoras como Piedad Bonett, sobre la pertinencia de abrir la discusión del tema en la región latinoamericana 

El avance de la eutanasia es impulsado por la sociedad civil: Arnoldo Kraus | La Crónica de Hoy

España aprobó recientemente la legislación en la materia: el quinto país en regularla. (FOTO: EFE)

“La vida de Daniel valió la pena… y haber sido su mamá, también”. Las palabras de la escritora y poeta Piedad Bonett estrujaron el corazón y apretaron el pecho de sus interlocutores y la audiencia, el mío, después de escuchar el relato de amor y dolor de la vida de su hijo, un joven pintor y maestro quien se quitó la vida tras años de un padecimiento psiquiátrico.   

No es la primera vez que la escritora colombiana habla públicamente del tema, que la llevó a la escritura del libro “Lo que no tiene nombre”, editado en 2013, y que compuso entre el llanto y las decisiones literarias que debía tomar, apostando por la belleza y por la intensidad, relata. Concluir la obra no se llevó el dolor e incluso significó segundo duelo, no obstante, refiere que la literatura fue parte de la iluminación que la hizo alcanzar la reconciliación, para una mujer que aceptó el suicidio de su joven hijo “desde el primer momento”. 

Las palabras citadas anteriormente se agolparon en los rostros del académico Daniel Herrera y el médico Arnoldo Kraus, quienes no son para nada ajenos a la eutanasia como objeto de estudio y reflexión. Juntos los tres, entablaron una conversación enmarcada en la más reciente edición de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia –cuyo eje fue Fronteras de la Medicina–, entorno a dos de los temas sociales más complejos de nuestros días, muchas veces divididos por las concepciones que tienen las personas sobre lo humano y lo espiritual: “Eutanasia y suicidio”, nombre de la mesa de diálogo. 

Arnoldo Kraus es uno de los referentes más importantes en nuestro país sobre bioética, medicina y humanismo; ha escrito raudales de artículos y es autor de obras como “La morada infinita. Entender la vida, pensar la muerte” o “Cuando la muerte se aproxima”, entre otros. En 1995, publicó el artículo “Eutanasia: reflexión obligada” (La Revista de Investigación Clínica), donde enfatiza la complejidad de escribir sobre el tema.

“Tenía 55 años cuando se suicidó. Los últimos 20 años convivió con su depresión. Fue imposible ayudarla”

“La eutanasia mezcla renglones tan delicados como religión, moral, cultura, la labor del me?dico, la ley, o bien, motivos oscuros como pueden ser litigios económicos y familiares. Hablar de eutanasia es intrincado, pues implica el fin de una historia”.  

Optar por la eutanasia o el suicidio asistido como última instancia terapéutica, prosigue, significa pasar de la vida a la muerte con la anuencia del enfermo o de sus familiares cercanos y la participación activa del médico. “Implica pues, fundir deseos en decisiones nada comunes: permitir o producir la muerte como último recurso médico”.

El tema es tan vasto en la reflexión social, como en todas las áreas que menciona Kraus, que todo artículo, libro, conferencia… son insuficientes para comprimir su complejidad, algo siempre se quedará fuera. Sin embargo, uno de los conceptos insoslayables para toda reflexión es el de “dolor humano”.

“UN MAL INCURABLE”. 

Comúnmente, eutanasia se define como un “acto médico para producir la muerte indolora de un paciente, a petición de éste, para terminar con su sufrimiento, generalmente producto de una enfermedad incurable y con frecuencia en fase final”. La referencia anterior es del fallecido Rubén Lisker, quien abordó la bioética entre su obra académica, y quien en su ensayo “Objeción de la conciencia en medicina”, que forma parte de la compilación “El desafío de la bioética” (Volumen II), hace apuntes sobre la eutanasia.

Por otra parte, el “Diccionario del Español de México” define el concepto como “Acto de provocar intencionalmente la muerte sin dolor de una persona, especialmente a la que padece un mal incurable, para evitar que siga sufriendo”. 

Sin embargo, cuando se concibe un “mal incurable” lo acotamos comúnmente a una enfermedad terminal. Pero, ¿una depresión profunda puede ser un “mal incurable”? Kraus recoge en “Cuando la muerte se aproxima” algunas “notas y alegatos” de escritores, filósofos, escritores y conceptos religiosos, apuntes sobre las dimensiones históricas que permean aún nuestra cultura sobre el concepto de suicidio. 

Por ejemplo, cita a Goethe, quien vivió entre 1749 y 1832, quien escribió que el “suicidio es un hecho que forma parte de la naturaleza humana. A pesar de lo mucho que se ha dicho y hecho acerca de él en el pasado, cada uno debe enfrentarse a él desde el principio y en cada época debe repensarlo”.

Kraus narra también la historia de una paciente suya, quien nunca logró salir de un cuadro depresivo. Antes de colgarse en la escalera de su casa dejó el siguiente mensaje:

Una noche más,

una mañana más,

un día más.

Ya no puedo.

“Tenía 55 años cuando se suicidó. Los últimos 20 años convivió con su depresión. Visitó a muchos psiquiatras y médicos. Fue imposible ayudarla”.

Un “mal incurable” también consumió a Virginia Woolf y a Daniel Segura Bonett, no obstante, los padecimientos mentales escalan lentamente en nuestra conciencia generalizada dentro de las consideraciones del “suicidio asistido”.

“No estoy peleando contra unas células cancerígenas, sino contra unos demonios que, de alguna manera, ha creado mi mente. Pero no puedo ganarles porque, si lo hago, también soy yo quien sale derrotada. Es una batalla diaria que llevo perdiendo años, algo que va más allá de mis enfermedades mentales”, dijo Aurelia Brouwers, joven de 29 años, en una entrevista con El Confidencial (España) –pero que causó un interés mediático generalizado en Países Bajos y Europa–, publicada unos días después de que recibiera la eutanasia.

La nación europea es una de las más avanzadas en el mundo en la legislación del suicidio asistido, desde la “terminación de la vida en neonatos” hasta casos como el de Aurelia. Al igual que las pocas naciones que han legislado y aceptan la eutanasia –España, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Nueva Zelanda y Colombia–, los Países Bajos consideran éticamente aceptable respetar y apoyar el derecho de un pacientes a ejercer su voluntad hasta el punto de decidir el final de su vida. No obstante, en Alemania y Suiza, aunque no es legal, tampoco se penaliza; adicionalmente, hay diversos estados en EU donde también tienen legislaciones locales. 

SOCIEDAD CIVIL.

De acuerdo con Arnoldo Kraus, este tipo de legislaciones no pueden provenir de manera certera si no es de la sociedad civil. Por ejemplo, los Países Bajos no están a la vanguardia de las fronteras en el tema y la legislación sin ese trasfondo. 

A inicos de los setenta, Gertrude Postma, médica en activo, inyectó morfina a su madre al ser testigo de su profundo deterioro humano, quien sufrió una hemorragia cerebral; sorda y ciega, padeció consecuencias que la postraron a un grado de “mal incurable”. Gertrude fue sentenciada a prisión, pero la sociedad civil presionó para manifestar que había ejercido un derecho humano, amoroso, por su madre. Ello, sentó el precedente para la legislación en el país europeo, que aprobó la eutanansia hasta 2002, pero que hoy ha abierto muchas puertas y debate en temas que aún son lejanos en naciones latinoamericanas, incluyendo a México. 

En su artículo en el libro editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), editado hace doce años, Lisker refiere que una encuesta anónima realizada a nivel nacional entre médicos del ISSSTE, refiere que el 40 por ciento está a favor de la eutanasia en “dos situaciones bien concretas”, en tanto que otro 40 por ciento está en contra y un 20 por ciento está indeciso. “Los primeros mencionan como razones “el respeto a la autonomía de los enfermos y la necesidad de evitar sufrimiento; mientras que las razones de los segundos son principalmente de tipo religioso”. 

No obstante, los mexicanos están más relacionados con la eutanasia de lo que se podría pensar, al menos con el concepto desde su definición “pasiva”, que se refiere a la suspensión de tratamientos ya iniciados y la abstención de medida terapéutica alguna, menciona Lisker, –a diferencia de la eutanasia “activa”, que refiere una intervención directa para la interrupción de la vida. 

Ruy Pérez Tamayo, médico y divulgador de la ciencia y la práctica médica, refiere que la diferencia entre las dos formas estriba en que en la “eutanasia activa el paciente terminal fallece como consecuencia directa de una acción intencionada del médico, mientras que en la eutanasia pasiva la muerte del enfermo se debe a la omisión o suspensión por el médico del uso de medidas que podrían prolongarle la vida (conferencia magistral “El médico y la muerte”, 2003). “Naturalmente, no es necesario ser médico para practicar eutanasia, pero con frecuencia está involucrado en situaciones en las que debe hacer una decisión al respecto”. 

Más allá de la división en su práxis, “desde el punto de vista ético hay quienes rechazan el procedimiento con diferentes augumentos”, escribe Lisker, “entre otros: ‘sólo Dios da la vida y puede quitarla; la responsabilidad del médico es prolongar la vida, no terminar con ella…’ Otros pensamos que hay circunstancias en las que la eutanasia es la mejor salida para el paciente, cuando la vida es ya peor que la muerte, y que morir. De hecho, la eutanasia pasiva se ha realizado en México y en muchos países desde hace tiempo, sin que se hable mucho de ello”. 

Desde la legislación, en México ha habido intentos infructíferos en la materia, como lo refiere el informe “La muerte tiene permiso. Eutanasia o el derecho a la muerte digna”, realizado por el Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública de la Cámara de Diputados, publicado en 2019. El documento refiere que una encuesta (2016) llevada a cabo por la asociación civil Por el Derecho a Morir con Dignidad señala que: siete de cada 10 encuestados consideran que un paciente en la fase final de su enfermedad deberían tener la opción de adelantar su muerte. 

“Los movimientos pro-eutanasia provienen de la sociedad civil, que se mueve mucho más rápido que la política y que los médicos que trabajan en los gobiernos”, dijo Kraus en El Aleph. “Así sucedió recientemente en España o en Canadá, donde cambian las normas continuamente debido a la presión de la sociedad civil. No obstante, en México no existen movimientos al respecto, estamos muy atrasados, casi en el medioevo, puesto que no se habla publicamente de la eutanasia: en el sector gubernamental nadie es capaz de hablar del tema. La sociedad es la que debe empujar para adueñarse de él”. 

Manifestaciones en España en 2020 (FOTO: Eduardo Parra/La voz de Galicia)

En nuestro país, enfatiza Kraus, esas puertas no están abiertas, por concepciones como las que describió Lisker, médico, hace más de una década o Piedad Bonett, literata, hace unos días: “por un lado son, en ocasiones, los médicos quienes trancan estos procesos, enmarcados en sociedades tan católicas como las nuestras, donde hay más ejemplos, como el aborto”.

Aún así, en sociedades tan católicas como la colombiana, añadió, hay colegios de educación básica donde se han leído “Lo que no tiene nombre”, sembrando inquietudes sobre las libertades de lo humano. Para la escritora, aquellos suicidas “no nos abandonaron, sino tomaron un camino a la liberación”. Ella refiere que sería deseable un mundo cada vez más cercano a un pensamiento laico y, sobre todo, “tolerante a las ideas de los demás”, donde entren perfectamente las que respeten la eutanasia y más allá: 

“La prevención del suicidio, claro que sí, es importante, pero hay un momento en que no se puede prevenir: atraer a una persona de su intento de muerte hacia la vida a toda costa puede causarle un mal mayor”.

Para la poeta y escritora, el suicidio es uno de los actos de libertad más importantes de un ser humano, y sus causas corresponden al tipo de sociedades que hemos construido. La autora cita constantemente al escritor Salman Rushdie: “La vida debe vivirse hasta que no pueda vivirse más”.

“Suicidio”, "sin apellidos"

Arnoldo Kraus informó en El Aleph que próximamente publicarán un nuevo libro llamado “Suicidio”, “sin apellidos”, el cual es coordinado por él y que cuenta con más de 20 autores, entre ellos especialistas en filosofía, ética, medicina, pintura, sociología y otras disciplinas, dijo durante su participación en El Aleph. Festival de Arte y Ciencia.

El médico y académico ha escrito raudales de artículos y es autor de obras como “La morada infinita. Entender la vida, pensar la muerte” o “Cuando la muerte se aproxima”, entre otros. En 1995, publicó el artículo “Eutanasia: reflexión obligada” (La Revista de Investigación Clínica), donde enfatiza la complejidad de escribir sobre el tema. 

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