Opinión


La felicidad

La felicidad | La Crónica de Hoy

El ser humano siempre anda corriendo detrás de la felicidad que cree que le aportará la fama, el dinero y el poder. Sin embargo, esa felicidad es efímera, ya que cuando obtiene eso, sigue desesperado en su loca carrera por obtener más, sin darse cuenta que la verdadera felicidad sólo puede provenir de dentro de sí mismo, no de afuera. Nada externo se la brindará, es decir, debe autoconstruirla diariamente.

Perseguir un ideal para el logro de la felicidad es la mejor manera de encontrarla. Debemos estudiarnos a nosotros mismos para descubrir qué nos hace felices y qué, infelices.

La verdadera felicidad proviene del descubrimiento de nuestro propio espíritu. Por supuesto, la felicidad no tiene nada que ver con la acumulación de bienes, que son finitos, sino con las riquezas espirituales que son eternas.

Todos contamos con las facultades idóneas para lograr nuestro bienestar y felicidad, si no las utilizamos adecuadamente es nuestra entera responsabilidad. Debemos vivir con alegría y siempre seguir ascendiendo, reconociendo la capacidad que tenemos para lograr nuestras metas.

Muchas personas estamos enfocadas en ser mejores en todos los órdenes de nuestra vida. Hay que tener confianza. El bien siempre brillará más, aunque el mal trate de opacarlo. Una llama alumbra un cuarto oscuro. Somos más los buenos que los malos, en el mundo, aunque los últimos hagan mucho ruido. Se encuentran muchos más países en paz que países en guerra.

Pero también hay que ser cautos y no exponer nuestro principal y verdadero tesoro a los oídos sordos y a las mentes cerradas que no quieren escuchar el llamado del espíritu. Ya que el desarrollo de nuestra alma está fundamentado en el esfuerzo, atención y constancia que hemos puesto en ella, y quienes nos envidian, pueden mancillarlo y tratar de destruirlo con ignorancia y estupideces. No nos expongamos y no lo permitamos.

Lograr nuestra felicidad interior nos ha costado mucho trabajo y nos pertenece por derecho, nadie debe mermar esa felicidad.

Nuestro cuerpo, espíritu y mente nos pertenecen. Pero cada uno de ellos requieren de una atención equilibrada para poder fluir en la vida.

El cuerpo: salud y belleza.

La mente: información y aprendizaje.

El espíritu: conocimiento y sabiduría.

Cuando una sola de estas partes falla, llega la desarmonía.

Normalmente las personas que crecen rodeadas de amor y seguridad, desarrollan de manera natural el respeto por la vida y por los valores más altos que de ella emanan, siendo más proclives a la felicidad, porque ya la conocen. Pero quien no ha tenido circunstancias tan favorables, puede a través del autodescubrimiento descorrer el velo de sus propias razones, que son las que le están impidiendo su desarrollo y felicidad.

Reflexionar en todas las bendiciones que sí tenemos en lugar de enfocarnos en qué adolecemos, hará nuestra vida más plena y feliz.

 

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