Opinión


La glosa entre corchetes, paréntesis y una nota al pie

La glosa entre corchetes, paréntesis y una nota al pie | La Crónica de Hoy

¿Cuántas formas de glosa hay? Si con el mismo género en sustratos materiales podríamos derivar miles, con sistemas informáticos no centralizados, el número más grande que se le ocurra en términos cualitativos, querido lector, he aquí su carácter protéico, como se refería Hugo Hiriart al dotar de un acento peculiar al ensayo que, aunque polisémico, sus vientos más creativos provienen de los molinos de Montaigne. 

De hecho, la glosa puede ser ensayo, novela y desde luego cuento. En ella lo gráfico juega un papel básico. Antes de juguetear con este género, vuelvo a traer a estos terrenos la recomendación de un cuento-glosa-ensayo de Vicente Leñero titulado “A pie de página”. Da en varios blancos. [Un acercamiento hipertextual lo puede seguir el lector buscando el siguiente campo semántico: Libros para sobrellevar pandemias.]

Lo más bonito de la glosa es que requiere contexto, un mecanisista o un lector amable [aunque los hay coléricos y también charlatanes] podrían decirme: “Eso ya lo dijo, Fulano, Sutano y Perengana… y chance, pero a mí se me acaba de ocurrir acaso influido por lecturas paratextuales, porque debo agregar que las glosas que elabora el inconsciente, provienen de textos efectivamente leídos pero de los que no “fichamos” [simpática palabra] nada en el plano consciente. [Agreguemos, sin albur, que hay esclavos de la ficha.]

 

La glosa del inconsciente

La más bonita glosa que elabora el inconsciente es la que se “materializa” en el sueño. [Aunque la pulsión sexual como único mecanismo de explicación del estado onírico, tiene lo suyo y arquetipos que en sí mismos son glosa].

 

Un posible escenario neolítico de la glosa

Un planteamiento metafórico de la glosa en estado protoeditorial me lo imagino con la siguiente escena estereotípica: Orador, oradora o de otro género [¿además de la castración o la ablación, existirían otro tipo de jarochxs neolíticas?, podría preguntarse desde el campo de la cirugía plástica un harbanus (y al autor de este texto se le ocurre recomendarle a los harbanus plásticos que después de la pandemia podrían recuperar sus ingresos operando las orejas de duende triste que el excesivo uso de cubrebocas ha provocado pandémicamente en cartílagos alicaídos)] sube al montículo a preservar los saberes de la tribu. Acto seguido en casas, en actividades de caza y recolección u en otro tipo de escenarios de socialización, el rollo desde luego se glosa: “¿Hoy si se manchó la oradora, no te parece: ¿cómo que vamos a grafitear tigres dientes de sable?” [podría decirnos desde el pasado remoto uno de nuestros ancestros (a lo que agregamos que hay estudios que relacionan al grafiti con esa mal llamada “noche de los tiempos.”]

 

Los subrayados: Un género con varios subgéneros de la glosa

Un libro subrayado es el acercamiento más inmediato de la glosa en términos formales. [De hecho Antonio Alatorre en (Sus) 1001 años de la lengua española data al género en el siglo XII]

Mi relación con los libros subrayados ya la he referido en varios contextos. A mí no me distrae leer libros subrayados por otros porque he tenido la fortuna de tener acceso a ellos, tampoco me intriga, salvo en casos muy específicos, saber qué llevó a un autor a subrayar un libro. Yo mismo soy un glosador de libros con objetos y prácticas que aterrarían a muchos. [Desde luego debo advertir que cuando me topo con un glosador multiherramientas como yo y no soy yo, de plano no puedo leer el libro.]

Por fortuna los libros subrayados que compro, me regalan o prestan tienen marcas que siguen patrones armónicos y sus lectores se valieron de herramientas homogéneas para poner en práctica este género polisémico.

Aunque hay glosadores que siguen patrones rigurosos. Un amigo librero [véase las letras al pie] me comentaba que en su librería de barrio [que la pandemia lo obligó a cerrar] un militar le donó un lote de libros. Lo interesante es que las glosas lineales del donante estaban hechas con regla y siguiendo un patrón de colores que para él significaban algo. Es posible que ese tipo de glosa pudiera ser del interés de los nuevos lectores. [Preciso que yo no podría leer un libro así, el exceso de armonía me llevaría a preguntarme: ¿por qué el rojo, aquí? ¿y este que viene en azul, no corresponde a la categoría del verde?]

Los subrayados que más me intrigan son los que provienen de libros de más de cincuenta años de antigüedad y los que más me gustan o disgustan [asegún] son los que me revelan rasgos de carácter de una persona que creía intuir pero que en sus glosas confirmo.

 

Notas al pie

Este texto en realidad es la glosa de una muy amena y casual plática de café que tuve con un librero a quien me encontré ayer. Platicamos de todo y de nada como la buenas charlas de café. Más tarde me compartió un video de El País en el que Carlos Martínez Assad comenta un hecho que desconocía: La dimisión de Ibargüengoitia a la Revista de la Universidad Nacional obedeció a sus críticas al teatro Alfonso Reyes, pero en su carta de renuncia dice que abandonaba la publicación no porque lo hubieran despedido, sino porque se negaba a leer las obras completas de Alfonso Reyes.

[En los cafés se dan cita glosadores de todo género.]

El Titivillus que ilustra esta página es cortesía de su autora, la artista plástica Karla Paola Florido.

 

 

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