Opinión


La innovación tecnológica y sus tropiezos

La innovación tecnológica y sus tropiezos | La Crónica de Hoy

Dr. Gabriel Torres Villaseñor

 

En la actualidad para los países más avanzados las altas tecnologías son vitales para su subsistencia. El mayor o menor grado de bienestar de sus habitantes está ligado al desarrollo tecnológico alcanzado.

Respecto a la tecnología podemos hablar de países a) avanzados, aquellos que producen y utilizan altas tecnologías; le siguen b) los países que no la producen pero sí la utilizan en su producción.  Otros c) países que mediante la maquila “producen” elementos de alta tecnología mas no la diseñan ni la usan. México se halla en una combinación de estas dos últimas categorías y en el intento de producir su propia tecnología.

Por el momento el esfuerzo realizado se ha reducido a reconocer el problema y a filosofar sobre por qué no la tenemos y cómo la deberíamos desarrollar. No han faltado los científicos-políticos que han usado el tema para escalar puestos políticos arengando a sus propios colegas para que produzcan tecnología, aunque ellos no sean capaces de desarrollarla.

Varios de ellos fueron en alguna época de su vida impulsores de una ciencia que se reflejaba sólo en artículos y citas internacionales aunque no sirvieran en nada, al impulso de la tecnología en México. La ineficacia de esta sarta de años de palabrerías estériles se refleja en los resultados, la Organización para la cooperación y el desarrollo Económico (OCDE), clasifica a México como el país que tiene el aparato científico más débil de los miembros de esta organización y recalca que el impacto de las investigaciones científicas no han influenciado en nada a la economía y al desarrollo tecnológico del país, de tal manera que de 46 países evaluados por el International Institute for Management Development, México queda ubicado en el 40.o lugar de un total de 46 evaluados, esto nos indica que no basta la existencia de profetas tecnológicos, también es necesaria la existencia de científicos que realicen investigaciones que repercutan en el desarrollo del país.

La innovación tecnológica, entendida como la introducción en el mercado de un nuevo proceso o producto, tiene dos modalidades, a) la invención y b) el descubrimiento. En ambos casos involucra un largo periodo de tiempo y esfuerzo durante el cual el innovador sólo cuenta con las críticas de quienes no creen en él.

La invención es un tipo de innovación básicamente desarrollada por la ingeniería y se puede dar tanto en centros de estudios como en fábricas. El descubrimiento está más frecuentemente ligado al trabajo científico y por lo tanto a laboratorios de investigación. Los casos del láser, materiales semiconductores, materiales superplásticos, etc., surgieron como descubrimientos salidos de laboratorios de investigación fundamental.

¿Cómo se origina la innovación? Una innovación tecnológica tiene varios aspectos: el primero es concebir la idea; segundo, llevarla a la práctica a nivel laboratorio; tercero, convencer que los resultados pueden ser aplicables; cuarto, escalar los resultados a nivel industrial, y quinto, lograr introducir el producto al mercado. Es claro que este camino no lo puede recorrer una sola persona, se requiere de una cadena de expertos que tomen en sus manos la parte de apoyo que les corresponde. La falta de un eslabón o su debilidad evita el éxito de la innovación.

 ¿En qué momento se concibe una idea innovadora?  No es realmente inspiración divina, es un producto de un constante trabajo sobre un tema de investigación que en un momento dado el investigador de cualquier rama de la ciencia ve como aplicable. Comienza a desviar sus investigaciones hacia ese fin, con una emoción interna que le hace olvidar lo peligroso que es dedicarse en México a este campo, en donde las publicaciones no van a salir con tanta fluidez, algunos experimentos pueden ser de muy largo plazo y puede perder su beca del SNI antes de haber tenido resultados convincentes. Mas esto no detiene a un verdadero innovador.

En la segunda etapa se inician con el diseño de los experimentos que le van a permitir probar su idea; aquí se enfrenta con el problema de conseguir financiamiento. Si el investigador pertenece a un centro de investigaciones ya formado su problema es menor en esta etapa ya que normalmente cuenta con los equipos caros y una infraestructura que le permite tener un pequeño financiamiento local. En esta etapa no puede presentar un proyecto formal a alguna de las instituciones clásicas que otorgan financiamiento ya que sólo cuenta con ideas no probadas. El innovador mexicano debe tener cuidado de no dedicarse en cuerpo y alma a este proyecto en esta etapa, sino seguir con otros que, aunque irrelevantes para México, le permiten mantener un nivel de publicaciones que mantengan satisfechos a sus evaluadores en su institución o en el SNI.

El conseguir fondos de la industria, tampoco es posible en esta etapa. No hay nada aún que convenza a un industrial y mucho menos tercer mundista, aplicando ese epíteto a aquel que quiere una receta que le produzca dinero en cortísimo plazo (de uno a dos meses), a que invierta dinero en el desarrollo de algo que solo esta en la calenturienta mente del investigador.

 Estos industriales abundan en nuestro país y son un producto de un sistema muy cerrado de comercio que se practicó en México hasta hace unos 40 años. En este sistema cualquier persona que lograra producir algo en el país podía solicitar que se cerraran las fronteras y tenía la preferencia en la venta de tal producto; así un seudoindustrial podía comprar una maquinaria en alguna feria industrial de Nueva York o Fráncfort, recibirla en un máximo de tres meses y empezar a producir su producto con material de importación para alimentar a la máquina y empaquetar el producto en cajitas que importaba. En esta forma en tres meses estaba vendiendo en México su producto al precio que le convenía y con calidad no siempre a nivel internacional, pero que el consumidor mexicano, no podía adquirir fuera del país ya que las fronteras cerradas impedían su importación. Con estas condiciones no se requería fomentar ninguna investigación industrial ni conexiones con instituciones de investigación. La investigación en los centros universitarios o tecnológicos creció bajo estas condiciones, totalmente apartada de la realidad nacional y la seudoindustria nacional producía dinero sin requerimientos tecnológicos de los centros de investigación, se oía decir la tecnología se compra no es necesario desarrollarla.

Cuando bruscamente se abrieron las fronteras a los productos de todo el mundo, los pseudo industriales mexicanos no pudieron dar la calidad ni los avances que tenían los productos internacionales ya que los extranjeros que vendieron recetas y maquinaria lo hicieron porque tenían una mejor, con mayor productividad y mejor calidad. El seudoindustrial no podía empezar a desarrollar tecnología en ese momento ni los centros de investigación tenían algo que ofrecer.

El innovador nacional no tiene por lo tanto esta opción de apoyo industrial y tiene que desarrollar su etapa de experimentación básica con magros recursos. Al finalizar esta etapa a la que no se le puede fijar tiempo, ya que depende del carácter de su invención o descubrimiento, el investigador tiene que evaluar si sus resultados pueden satisfacer las demandas del sector productivo y producir cambios económicos y sociales. En esta etapa requiere del asesoramiento de expertos en vinculación tecnológica, los cuales no abundan en México, pero ya se les puede encontrar. En países desarrollados esta actividad ya existe como negocio y sus miembros se dedican a buscar en las universidades y tecnológicos “embriones” de tecnologías que puedan transferir a un sector de la industria. Si con la ayuda de estos profesionales se puede ver que su desarrollo puede vincularse con alguna necesidad tecnológica de alguna organización del sector productivo se puede pasar a la siguiente etapa, habiendo realizado lo necesario para brindar protección al desarrollo (patentes, registro de marcas, etc.). En caso de que no exista la necesidad tecnológica queda la posibilidad de crearla complicando las cosas un poco más.

En la tercera etapa, el vinculador hará los arreglos convenientes para que la organización del sector productivo, interesada en el desarrollo inicie los procesos de escalamiento a nivel industrial, de los resultados obtenidos en el laboratorio. Esto implica que existe un laboratorio de investigación industrial en la organización interesada en la innovación en el cual sea posible implantar el “embrión” tecnológico y hacerlo crecer hasta su madurez bajo la tutela del investigador. En México las industrias que cuentan con esta interfaz entre el laboratorio de investigación fundamental y la industria son menos de 10. Un laboratorio industrial cuesta mucho mantenerlo y sólo empresas muy grandes pueden tenerlo. En México, las empresas grandes son en su mayoría extranjeras, cuentan con laboratorios en su casa matriz en el extranjero y por tanto no les interesa fundar uno en México, pero sí, de acuerdo al TLC, todavía vigente, pueden brindar asilo a innovadores brillantes en sus laboratorios foráneos (¿fuga de cerebros?).  Aquí se rompe la cadena que podría llevar a una innovación tecnológica al éxito. La existencia de laboratorios industriales daría más fuentes de trabajo a científicos e impulsaría desarrollos tecnológicos nacionales.

La inexistencia de este eslabón estratégico en la industria nacional obliga a seguir un proceso lento y desgastante para escalar la innovación a nivel industrial. El proceso alterno consiste en buscar quien tiene algunas de las maquinarias requeridas y pagar por hacer uso de ellas a nivel industrial. Este gasto va por cuenta de quien adquirió la innovación. El seguimiento de los resultados se deberá hacer con el mismo método científico utilizado en el laboratorio.

La última etapa, en el supuesto de haber tenido éxito en las anteriores, es la introducción del producto al mercado. La principal labor la tiene el departamento de mercadotecnia de la industria, que debe contar con la asesoría del investigador para resolver los problemas técnicos que resulten al aplicar su innovación; en algunos casos el problema regresará al laboratorio de investigación fundamental en ausencia del laboratorio industrial. En este caso la innovación es progresiva y puede originar nuevas patentes o registros conjuntos con la industria.

Como se podrá notar la innovación no es una acción simple, es un conjunto de procesos interrelacionados en los cuales el innovador deberá estar presente en mayor o menor grado. Su labor en el laboratorio de investigación fundamental representa tan sólo un 15% del proceso total, en el cual intervienen una cadena de especialistas e instalaciones que deben existir en el país para lograr la meta del cambio tecnológico, el cual repercute en el crecimiento independiente de la empresa brindándole ganancias de hasta 500 veces el dinero invertido en su desarrollo y la seguridad de tener una tecnología propia que puede competir a nivel mundial tal como lo hacen las industrias de los países avanzados.

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