Opinión


La investigación científica no tiene rostro de mujer

La investigación científica no tiene rostro de mujer  | La Crónica de Hoy

Necesitamos más investigadoras científicas. Urgen. Sólo un 30 por ciento de quienes se dedican a hacer investigación científica son mujeres, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

¿Qué significa? ¿Cómo repercute en la sociedad la poca representación de las mujeres en la investigación científica? La periodista Leila Guerriero reflexiona en su ar­tículo “Reproductoras”, publicado en El País,  acerca de si es muy descabellado pensar qué consecuencias muy concretas de esta desigualdad en la comunidad científica pueden desprenderse de una agenda generada, en su mayoría, por investigadores hombres.

Por ejemplo, el que 70 por ciento en la comunidad de investigación científica sean hombres ha hecho que el advenimiento del Viagra fuera recibido con bombo y platillo en todo el mundo. La prensa le dedicó artículos grandes a la famosa píldora azul e incluso el 27 de marzo es el Día Mundial del Viagra y ha sido calificado como uno de los grandes inventos del siglo XX.

Mientras que dos décadas después apenas está saliendo una medicación para tratar el trastorno del deseo sexual femenino hipoactivo (mujeres sin ganas de tener sexo) que afecta a un tercio de las adultas. Sin mucho éxito, ni aplausos, ni premios, ni grandes artículos y a un precio excesivo.

Apenas se aprobó el primer medicamento para tratar la depresión posparto que afecta a una de cada seis y puede durar meses o años. El medicamento es carísimo, aunque es una buena noticia para enfrentar el infierno que debe de ser para las mujeres que, después de parir, se hunden en una profunda tristeza, pensamientos suicidas y autoagresiones.

Cada vez que menstruo pienso, ¿en serio a nadie se le ha ocurrido inventar algo más potente para tratar cólicos menstruales intensos o la endometriosis, ignorada muchas veces por miles de ginecólogos? 

En el 2012 un estudio de la Universidad de Yale publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencia de Estados Unidos  y retomado en El País en el artículo “La ciencia es (aún) cosa de hombres” permitió entender mejor por qué para las mujeres es más complicado entrar al mundo de la investigación científica.

“Los investigadores enviaron a 127 profesores de seis universidades públicas y privadas de EU la candidatura para el puesto de jefe de laboratorio de un recién graduado. El objetivo era que lo evaluaran y dieran su opinión sobre sus competencias, sus posibilidades de empleo y el sueldo que, a su juicio merecía. En la mitad de los casos, los investigadores llamaron John al candidato, y en la otra mitad, Jennifer. Sólo cambiaba el nombre, el resto —cartas de recomendación, nota media, actividades extracurriculares o experiencia previa— de claves eran idénticas. Las calificaciones de los profesores-jueces, sin embargo, no lo fueron”.

“Las calificaciones que otorgaron a las competencias y habilidades de la candidata fueron mucho más bajas: en una escala del 1 al 7 John obtuvo una media de 4, mientras que Jennifer fue evaluada, de media, con un 3.3. Una pauta que se repitió con las opciones de empleo o las posibilidades de tutelar a la recién graduada en un futuro doctorado. Por no hablar del sueldo que profesores y profesoras propusieron para los candidatos: 30 328 dólares al año como salario base para John y 26 508 para Jennifer”.

La investigación nos permite prever algunas de las problemáticas a las que se enfrentan las mujeres en la investigación científica y podríamos agregar los estereotipos de género,  violencia sexual y acoso que muchas veces ocurren en las instituciones educativas, sobre todo en áreas tecnológicas o biológicas.

 

Twitter: @wendygarridog
wengarrido@gmail.com

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