Opinión


La lenta marcha del Sínodo

La lenta marcha del Sínodo | La Crónica de Hoy

Concluyó la primera semana de trabajos del Sínodo del Amazonas. Ha sido, como se anticipó desde que el papa Francisco lo convocó, una de las semanas más agitadas en la historia reciente de la Iglesia católica. Si la expectativa acerca de la posible ordenación de sacerdotes casados había dominado los días previos al inicio del encuentro, la decisión del cardenal Cláudio Hummes de inaugurar el Sínodo con una breve reflexión acerca de las condiciones tan difíciles que viven las diócesis católicas de la Amazonia detonó reacciones airadas del ala más reaccionaria de la Iglesia.

Hummes, quien funge como relator general del Sínodo y arzobispo de San Pablo, Brasil, hizo ver los efectos de la lacerante falta de sacerdotes en esa región, que en sí misma es un poco más grande que el territorio de Estados Unidos, y las pocas posibilidades reales que hay de replicar ahí los modelos que, con dificultades, han sostenido a la Iglesia católica en otras regiones del mundo.

Las reacciones negativas a la reflexión de Hummes siguen el patrón ya conocido al atacar al papa Francisco, aunque ahora contaron con el respaldo del gobierno de Brasil, que ataca al Papa por hacerle el juego—según Jair Bolsonaro—a quienes tratan de frenar el desarrollo de Brasil. Al decir eso, Bolsonaro trata de maquillar la doble tragedia del Amazonas: por una parte, el demencial desmontado de lo que antes fue una selva, a pesar de los efectos devastadores que ese tipo de actividad tiene sobre el clima a escala global; y el genocidio sistemático de los pueblos que durante siglos han vivido ahí.

En abril de este año, la directora de Survival International, la británica Fiona Watson, advertía acerca de los efectos devastadores de los primeros 100 días de gobierno de Bolsonaro y, en la antesala del Sínodo, Watson reiteró los señalamientos. Lo dicho por ella fue confirmado, además, en el Sínodo, por el científico brasileño y Premio Nobel de la Paz 2007, Carlos Alfonso Nobre, quien habló de la inminencia de un colapso ecológico en el Amazonas.

Pero lo más lamentable y preocupante han sido las reacciones de algunos cardenales. Por una parte, el exprefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller, dijo que se “había expulsado a Jesús” del Sínodo. Por otra, el cardenal Robert Sarah, actual prefecto de la Congregación para la Liturgia y los Sacramentos, lanzó una crítica tan devastadora como absurda contra la posibilidad de ordenar a varones casados como sacerdotes.

Y es que en la Iglesia católica ya hay sacerdotes casados.  Desde tiempos inmemoriales existen en las poco más de 20 Iglesias orientales en comunión con Roma, como los maronitas, que también viven en México, donde los sacerdotes y diáconos se casan y sólo los obispos deben ser célibes.

Además, desde 2009, a los ministros anglicanos que se convierten al catolicismo se les permite conservar su matrimonio y seguir siendo sacerdotes. Esa práctica fue instituida por Benedicto XVI al crear el Ordinariato Anglicano, que está integrado por los anglicanos conversos al catolicismo. La reacción de Sarah de despotricar contra la eventual ordenación de varones casados es absurda y desconoce el legado de Benedicto XVI, cuya sustancia implica aceptar que se deben dar respuestas distintas a las diferentes realidades en las que la Iglesia actúa.

El Sínodo continuará durante dos semanas más. Los conflictos seguirán haciéndose evidentes; habrá que ver si prevalece la sensatez y la cordura o si se impone el rigorismo de los fariseos de nuestros días, frente al que el papa Francisco ha pedido que los católicos recen por él y por la Iglesia.

 

manuelggranados@gmail.com

 

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